Reuniones regionales, nacionales e internacionales de la iglesia de Cristo


Por Josué I. Hernández


Introducción

La iglesia de Cristo, en su sentido universal está compuesta de individuos salvos (Hech. 2:47) unidos por una relación espiritual (Ef. 2:19-22), pero sin organización a nivel de hermandad, porque no tienen alguna obra colectiva que realizar. Cristo no organizó a la iglesia universal, por lo tanto no tiene alguna obra que realizar como organización mundial.
Las “iglesias de Cristo” (cf. Rom. 16:16) no tienen una jefatura terrenal con alguna sede de gobierno como las denominaciones, pues no tienen alguna obra centralizada en común. En cambio, la iglesia en su sentido local, es una congregación de Cristo de determinada localidad o región, un grupo de individuos organizados para una obra común, como institución de Cristo para llevar adelante la obra, como vemos en el caso de la iglesia en Antioquía (Hech. 11:26-30; 13:1-3; 14:26-28; 15:30,31; 18:22,23).
A diferencia de la iglesia en su sentido universal, la iglesia local si tiene una organización dada por Cristo (cf. Hech. 14:23; Fil. 1:1), y se reúnen comúnmente (cf. Hech. 20:7; 1 Cor. 14:23; Heb. 10:25). Los ancianos apacientan la grey que está entre ellos, no a otras congregaciones (1 Ped. 5:2). La obra de la iglesia local, de acuerdo a la capacidad de ella, involucra según el patrón bíblico, la predicación a los perdidos (1 Tes. 1:8), la edificación de los santos locales (Ef. 4:12), la disciplina de sus miembros (1 Tes. 5:14; 2 Tes. 3:6,14), la adoración (1 Cor. 14:26; Hech. 20:7) y la benevolencia limitada (“para los santos”, 1 Cor. 16:1,2). Y todo esto ha de ser dirigido por los ancianos (Hech. 20:28; Fil. 1:1), y si no los hay, la iglesia ha de ser representada por los varones (cf. Hech. 13:1; 1 Tim. 2:11-15).


¿Quiénes son bautizados, individuos o congregaciones?

Todos sabemos que son bautizados “en Cristo” individuos y no congregaciones. De ahí aprendemos que todo aquel que es bautizado “en Cristo” (Gal. 3:27) y tiene lavados sus pecados (Hech. 22:16) en su sangre (Apoc. 1:5) es miembro de la iglesia juntamente con los demás salvos (1 Cor. 12:13). Por lo tanto, al pensar en la hermandad, no hemos de pensar en un cuerpo compuesto de congregaciones, sino en un cuerpo compuesto de individuos (Ef. 1:23; 5:23), porque la iglesia universal está compuesta de individuos salvos, no de congregaciones bautizadas (Ef. 1:7; 2:8). Sin embargo, si alguno insiste en que el cuerpo de Cristo está compuesto de congregaciones tendrá que bautizar a congregaciones y no a individuos, y luego organizar a las congregaciones como un cuerpo.


Las reuniones regionales, nacionales o internacionales de la iglesia de Cristo carecen de autorización bíblica

No hay autorización bíblica para que hermanos o hermanas organicen reuniones regionales, nacionales o internacionales a nivel de hermandad, porque el cuerpo de Cristo no está organizado por región o nación, ni tiene alguna obra colectiva común. Por ejemplo, la obra de la iglesia local no incluye alguna “Conferencia Nacional de Damas de la iglesia de Cristo”, “Reunión de Jóvenes de la iglesia de Cristo”, o “Reunión de Varones de la iglesia de Cristo”. No hay autorización bíblica para que la iglesia local haga esto, o para que otorgue a las hermanas, jóvenes, o varones cristianos, la posibilidad de organizar algo así, usando el nombre o los recursos de alguna congregación local, y/o simplemente usando terminología bíblica fuera de contexto.
Como ya mencionamos, a diferencia de la hermandad (1 Ped. 2:17), la iglesia local está organizada y tiene una labor (misión) que llevar adelante de acuerdo a su capacidad y oportunidad como lo vemos en el caso de los corintios (1 Cor. 16:1-4), los filipenses (Fil. 2:25; 4:18) y los tesalonicenses (1 Tes. 1:6-10). Ahora bien, una determinada iglesia local sí puede organizar alguna serie de predicaciones e invitar a hermanos de varias congregaciones a que asistan y aprovechen la oportunidad de ser edificados. Pero, la iglesia local no puede centralizar actividades regionales, nacionales o internacionales (para jóvenes, damas, varones, etc.) como parte de su obra. La iglesia local no actúa organizando distritos o regiones como segmentos del cuerpo de Cristo.
Siempre es bueno que los individuos cristianos oren, canten y lean las Escrituras (ej. Hech. 16:25) cuando tengan la oportunidad para hacerlo (Heb. 13:15), pero esta oportunidad no es una obra de “la iglesia de Cristo” a nivel de hermandad. Una cosa es que individuos se organicen y se reúnan según su oportunidad y capacidad. Otra cosa muy diferente es que determinados individuos sean organizados y congregados por distrito, región, nación y sexo, por algunos líderes o congregaciones influyentes. Todo buen estudiante de la Biblia sabe que no hay mandamiento o ejemplo bíblico aprobado, ni implicación divina, en el Nuevo Testamento, para realizar reuniones regionales, nacionales o internacionales de “las iglesias de Cristo” (cf. Rom. 16:16).
Los miembros del cuerpo de Cristo no tienen alguna obra que reportar, porque no tienen alguna sede de gobierno al cual hacerlo, ni alguna jefatura de líderes ante la cual presentar sus informes. Cada cristiano debe velar por ser fiel en la iglesia local, respondiendo directamente delante de Cristo (cf. Apoc. 2-3).


Las dos tesorerías

Así como hay diferencia entre las finanzas del individuo y las finanzas de la iglesia local, hay diferencia entre lo que la iglesia local debe hacer con sus recursos (lo cual ha sido designado por Dios) y lo que el individuo cristiano puede realizar con su capacidad y oportunidad.
Hay dos tesorerías que jamás se han de confundir, a saber, la tesorería del individuo cristiano y la tesorería de la iglesia local. El dinero de la tesorería del individuo cristiano es obtenido por medio del trabajo (Ef. 4:28), pero la iglesia local obtiene para su tesorería de la colecta hecha voluntariamente por los miembros que la componen (1 Cor. 16:1,2; 2 Cor. 9:6,7). El que supervisa y administra la tesorería del individuo cristiano es él mismo (Hech. 5:4), pero quien administra y supervisa la tesorería de la iglesia local son los ancianos locales (Tito 1:7; Hech. 11:30). El individuo cristiano con el dinero de su tesorería paga impuestos (Rom. 13:7) y hace buenas obras generales según su capacidad y oportunidad (Gal. 6:10; Ef. 4:28; Sant. 1:27), pero la iglesia local con el dinero de su tesorería financia la predicación eficaz del evangelio (Fil. 4:15,16; 2 Cor. 11:8) y socorre a los santos necesitados (Hech. 4:32,34; 1 Cor. 16:1,2).
La iglesia local no puede usar su dinero fuera del patrón de Cristo, aun cuando pretenda la llamada “buena obra” de organizar a varios hermanos para alguna actividad a nivel de hermandad. A su vez, el individuo cristiano no puede permanecer aprobado por Dios usando su dinero en una actividad ilícita a nivel de hermandad que es desconocida en el Nuevo Testamento, como lo son las reuniones y encuentros “regionales” y “nacionales” de “la iglesia de Cristo”


¿Una expresión de comunión?

El organizar a la hermandad no es una “expresión de comunión y unidad cristianas”, sino una violación del patrón de Cristo para la iglesia local, en el desconocimiento e incomprensión de su autonomía. Es un esfuerzo por activar a la iglesia universal. Es pensar de modo denominacional. Es pensar más de lo que está escrito (1 Cor. 4:6). Es tener un concepto muy pobre de la iglesia del Señor.
La noche en que fue entregado, el Señor Jesucristo oró por la unidad de su iglesia (Jn. 17:20,21) y mencionó claramente la base de la verdadera unidad, “tu palabra” (Jn. 17:6), “las palabras que me diste” (17:8), “tu palabra” (17:14), “tu verdad”, “tu palabra es verdad” (17:17).
Pero, el Señor no sólo oró por la unidad, sino que también describió la naturaleza de la unidad a la cual se refería, unidad que no está basada solamente en el compañerismo entre cristianos, sino en la participación con la deidad mediante la obediencia a la verdad del evangelio. Cristo dijo, “para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste” (Jn. 17:21, énfasis mío). Lo que aprendemos por la lectura de este pasaje en consideración del presente estudio, es que la verdadera unidad en Cristo no se logra por reuniones regionales o nacionales, ni siquiera por reuniones internacionales. La real unidad por la cual Cristo oró, consiste en que los creyentes sean “uno” en el Padre y en el Hijo en plena obediencia a la verdad. Cristo dijo, “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor” (Jn. 15:10).


Impresionantes reuniones

Sin duda alguna, las reuniones regionales, nacionales o internacionales, son arreglos de mayor asistencia, en los cuales hay gloria e impresión humanas. Pero, esto no impresiona a Dios. Dos siervos de Dios, cantando himnos, encadenados injustamente, y en “el calabozo de más adentro”, sí le impresionaron (Hech. 16:24). El hombre carnal es impresionado fácilmente por la apariencia exterior, “Saliendo Jesús del templo, le dijo uno de sus discípulos: Maestro, mira qué piedras, y qué edificios” (Mar. 13:1). Los enemigos de Pablo decían, “las cartas son duras y fuertes; mas la presencia corporal débil, y la palabra menospreciable” (2 Cor. 10:10). No obstante, recordemos la lección que aprendió Samuel, “No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 Sam. 16:7).  


Conclusión

Las actividades de individuos de diferentes congregaciones de Cristo no dependen de la obra de alguna iglesia local, porque no hay autorización bíblica para que la iglesia local organice a individuos del cuerpo de Cristo según región, nación o sexo. La obra de individuos y el dinero de individuos no es la obra de la iglesia local con su tesorería.
Si determinados individuos cristianos se juntan en un parque y además quieren cantar alabanzas, hacer oraciones y leer las Escrituras, esto será loable. Siempre será bueno hacer tales cosas con el propósito correcto y la forma correcta. Lo malo es pretender organizar y activar al cuerpo de Cristo usando de actividades espirituales como palanca para ello.

La comunión de la hermandad no depende de reuniones y encuentros regionales o nacionales de individuos del cuerpo de Cristo, sino de la fidelidad a la palabra de verdad (Jn. 17:21; 15:10). Cristo dijo, “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos” (Jn. 8:31).

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