Una iglesia ausente por vacaciones


Por Josué Hernández

Se cuenta de cierta congregación que cerraba las puertas del local de reuniones en la época de vacaciones. Usted podía llegar al local y ver el letrero: “Cerrado por vacaciones”. Ellos habían acordado que en determinada temporada no se congregarían para así salir cada cual a recrearse en el entretenimiento y diversión. Con esto, obviamente, no señalamos el entretenimiento como algo malo en sí, sino que decimos que es malo que una iglesia local deje de hacer lo más básico que la distingue, es decir, congregarse, por la temporada de vacaciones.

Hace unos días me preguntaron sobre un caso similar. Acerca de una iglesia local, compuesta por individuos de una misma familia quienes dejaron la localidad donde trabajan como congregación local por salir de paseo a otra región distante. Ciertamente, la pregunta demanda una respuesta bíblica, a saber, conforme al patrón de las sanas palabras (2 Tim. 1:13), procurando examinarlo todo (1 Tes. 5:21) y no pensar más de lo que está escrito (1 Cor. 4:6) hablando conforme a las palabras de Dios (1 Ped. 4:11).

La iglesia local es un grupo de cristianos adheridos en un acuerdo. Saulo “trataba de juntarse” con los discípulos de Jerusalén (Hech. 9:26), es decir, trataba de “adherirse”, es decir, “pegarse” a esta iglesia local poniendo su membresía allí. El verbo “juntarse” (gr. “kolao”) usado por Lucas para describir el esfuerzo de Saulo, indica “unir fuertemente, encolar, cementar. Se usa primariamente de metales y de otros materiales” (VINE). Por lo tanto, no es extraño saber que la unión de los miembros de una congregación es tan fuerte, que la iglesia sigue existiendo aun cuando no está congregada en el local (Hech. 14:27), es decir, los demás días de la semana.
De la acción descrita por Lucas respecto a Saulo en Hechos 9:26 aprendemos que los santos de una congregación son un conjunto de miembros adheridos (cf. 1 Cor. 12:27; Rom. 12:3-8), un cuerpo unido en una misma mente y parecer (1 Cor. 1:10) como familia espiritual (cf. Gal. 6:1,2; 1 Tes. 5:14,15). Ellos, como iglesia local, se reúnen habitualmente (1 Cor. 11:18) en un solo lugar (1 Cor. 14:23). Nunca leemos en las páginas del Nuevo Testamento que una congregación de Cristo se ausentara de su localidad para congregarse en diferentes lugares motivados por las vacaciones.

No podemos negar que individuos cristianos fieles hacen viajes eventualmente. Tenemos el caso de Epafrodito quien aún cuando estaba en Roma era un siervo de la iglesia en Filipos (Fil. 2:25; 4:18). También podemos leer del caso de Febe quien a pesar de viajar a Roma seguía distinguiéndose como una sierva de la iglesia en Cencrea (Rom. 16:1). Lo que no podemos aprender de la Biblia es que toda una congregación salga de vacaciones abandonando la localidad donde hace la obra. Podemos leer de cristianos que eventualmente viajaron, como Epafrodito o Febe, pero no podemos leer de congregaciones completas que viajaban a vacacionar abandonando la localidad. Epafrodito y Febe no viajaron con toda la congregación a visitar a los santos en Roma y pasear por la ciudad.

Todos necesitamos descansar (cf. Mar. 6:31). Pero no podemos justificar una irresponsabilidad por el descanso.
Alguien dirá, “pero la iglesia es pequeña, compuesta de miembros de una misma familia, y como familia podemos vacacionar”. Sin embargo, las responsabilidades del individuo cristiano en la iglesia local superan los anhelos familiares de los individuos.
En toda iglesia local habitualmente hay parientes, pero la iglesia no está compuesta por familias, sino por individuos fieles a Cristo. Todos estos individuos son casa de Dios, es decir, familia de Dios (cf. 1 Tim. 3:15) y ese parentesco es más alto y sublime que el parentesco terrenal. Obviamente, toda familia puede vacacionar, lo cual no significa que toda iglesia local lo pueda hacer.

¿Puede una iglesia pequeña ausentarse de su obra local por el hecho de ser pequeña? ¿Qué tan pequeña debe ser para salir de vacaciones? ¿Por qué una iglesia pequeña puede cerrar las puertas por vacaciones y no lo puede hacer una iglesia grande? Según podemos ver, un criterio subjetivo no permite la obediencia a Cristo.

Para el fiel cristiano el Señor Jesús debe ser primero que la familia y la propia comodidad (Mat. 10:37-39; Luc. 9:57-62).
Cristo dijo, “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo… Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo” (Luc. 14:26,27,33).

Si todos los cristianos en mi familia, o incluso todos los miembros de la congregación, quieren cerrar las puertas del local para facilitar las vacaciones, yo me opongo. No quiero servir al ídolo de la entretención y el esparcimiento. Yo y mi casa serviremos al Señor (cf. Jos. 24:15).

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