¿Puede un pecador inconverso orar a Dios para ser oído y hallar respuesta de él?


Por Josué I. Hernández


A pesar de la creencia popular de que toda oración es oída y respondida por Dios (sin importar que dicha oración sea contraria a su voluntad o realizada por un pecador inconverso) la Biblia afirma algo totalmente distinto. El presente artículo trata de esto.

Las Sagradas Escrituras afirman preciosas y grandísimas promesas como respuesta a las oraciones de los cristianos, quienes tienen a Cristo como mediador (1 Tim. 2:5) y Sumo sacerdote en los cielos (Heb. 4:14-16).
Los cristianos son aquellos que siguen a Cristo (1 Ped. 2:21) andando en santidad. Éstos han sido santificados y lavados (1 Cor. 6:9; Hech. 22:16) y han nacido de nuevo (Jn. 3:3-5; 1 Ped. 1:22-25). Por lo tanto, pueden dirigirse a Dios como "Padre" (Mat. 6:9) y recibir respuesta de él (Mat. 7:7-12), ya que al igual que Dios, los cristianos andan en luz (1 Jn. 1:5-7).
Dios está consciente de todo, del pensamiento, la conducta y las palabras de los hombres (Mat. 12:36; Apoc. 20:12), porque no hay cosa creada que no sea hecha manifiesta en su presencia (Heb. 4:13). Dios todo lo oye y lo sabe. Pero este no es el punto en discusión.
Muchos, emplean la frase "Dios me oye" para implicar que Dios "responde" a sus oraciones sin importar lo pedido en la oración o que el pecador no está haciendo la voluntad de Dios (1 Jn. 5:14,15). Pero no hay prueba bíblica de que Dios responda las oraciones del pecador ajeno al pueblo de Dios. La evidencia escritural apunta al contrario, Dios responde solamente las oraciones de su pueblo santo para conceder las peticiones (1 Tim. 2:8; 1 Ped. 5:7; 2:9; Prov. 15:29; 1 Jn. 5:14,15).

En las Sagradas Escrituras, cuando Dios oye una oración, ésta oración ha sido considerada para ser respondida (Sal. 32:6). Entonces, bíblicamente hablando, decir que Dios oyó la oración, es decir que responderá dicha oración (Jer. 29:12). Tenemos varios ejemplos de esto, en el libro de los Salmos (Salmos 5:2; 17:1; 34:6; 34:17; 55:16; 102:1). A esta evidencia bíblica se refería, el que había sido ciego, cuando dijo: “Y sabemos que Dios no oye a los pecadores” (Jn. 9:31).
Cuando la Biblia dice que Dios no oirá la oración, afirma que no la responderá (Is. 1:15). Aunque Dios está consciente de todo y todo lo sabe (Heb. 4:13; Sal. 33:13-15) él no oye (responde) al pecador aparte de obediencia del pecador al evangelio.
En resumen, según el uso escritural de la atención de Dios a las oraciones, oír la oración es responder la oración. No hay semejante bendición para el inconverso sin Cristo.


La “oración del pecador”

La popular “oración del pecador” es una doctrina relativamente nueva, iniciada en 1930 por Billy Sunday y popularizada por Billy Graham. Esta oración es recitada para que el pecador sea justificado por la fe en Cristo y sea hecho un hijo de Dios simplemente orando. Es procurar la salvación por la fe sola, según la doctrina bautista. Pero, Cristo no mandó que los pecadores oren, sino que obedezcan el evangelio (Mar. 16:15-16) y esto es precisamente lo que él espera que los pecadores hagan. Nadie puede ser bendecido “en Cristo” sin obedecer el evangelio (Hech. 2:38, 41, 47; Gal. 3:26-27; 1 Cor. 1:30-31; Ef. 1:3). La oración a Dios como Padre, es una bendición que pertenece solamente a los cristianos (Mat. 7:7-12; 1Ped. 1:17).
En las campañas de predicación de los diversos grupos protestantes, comúnmente el llamado “ministro” hace pasar adelante a los considerados “pecadores inconversos” para que repitan una “oración” que él tiene preparada para ellos. Dicha recitación es la “oración del pecador” a través de la cual el pecador orando es, supuestamente, salvo por gracia. Esta “oración del pecador” también es promovida a través de la radio y la televisión, cuando el llamado “ministro” termina su predicación, él invita a los pecadores a que hagan esta oración y repitan lo que deben pronunciar con sus propios labios. También, incluso, dicha “oración del pecador” está escrita en varios materiales publicados, tanto así, que varias Biblias y Nuevos Testamentos de las Sociedades Bíblicas Unidas tienen la “oración del pecador” en una de las páginas iniciales o en las finales.
No obstante, Dios no oye la oración del pecador para salvarle solamente porque la persona sinceramente oró por la salvación, o por otra bendición que sea condicional en el plan de Dios de salvación. En cambio, Dios sí “oye” (toma nota de) las oraciones del pecador que busca la verdad y en su providencia Dios ve que la persona halle lo que busca, que es la salvación por medio del evangelio de Cristo (Mat. 7:7,8).


Argumentos a erróneos a la luz de las Escrituras

El Señor Jesús, durante su ministerio terrenal, pronunció una famosa parábola sobre dos pecadores judíos, uno fariseo y otro publicano, que vivían bajo la ley de Moisés (Luc. 18:10-14). Ambos eran del pueblo de Dios, pero ambos habían pecado contra Dios. Cuando llegó la hora, ambos subieron al templo a orar, pero la actitud manifestada por el publicano fue bendecida y la del fariseo no.
El publicano mostró la “pobreza de espíritu” (Mat. 5:3) y fue bendecido con la justificación, al ser perdonados sus pecados porque pidió misericordia, él humillándose había dicho “sé propicio a mí”.
Este texto es uno de los varios textos bíblicos usados, según la doctrina protestante, para enseñar que el pecador solamente tiene que orar humildemente a Dios pidiendo misericordia y perdón; pero, este publicano no es ejemplo para los pecadores de la actualidad que nunca han obedecido al evangelio de Cristo. El publicano de la parábola era judío, y desde su nacimiento, era hijo de Dios. Decir lo contrario, es sacar este pasaje de su contexto.
¿Por causa de quienes enseñó Cristo esta parábola? “A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola” (Luc. 18:9).

Varios textos bíblicos afirman que Dios no oye a los pecadores (Job 35:12; Sal. 18:41; 66:18; Prov. 15:29; 28:9; Isa. 1:15; 59:2; Jer. 11:11; 14:12; Ezeq. 8:18). Entonces, ¿podrán los pecadores inconversos orar y recibir respuesta divina a sus oraciones mientras siguen en su pecado? La Biblia no manda a que los inconversos oren, no hay promesa de respuesta a tales oraciones a través de Cristo como mediador.

Saulo de Tarso estaba orando, pero Ananías le dijo, "¿Por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre" (Hech. 22:16). Dios tomó nota de los actos de arrepentimiento de parte de Pablo, pero lo que le faltaba hacer fue obedecer las instrucciones de Ananías enviado por Dios. Pablo no estuvo dependiendo de sus oraciones para salvarse.

Cornelio estaba orando (Hech. 10:2), pero el ángel le dijo que debía enviar "hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro; él te hablará palabras por las cuales serás salvo tú, y toda tu casa" (Hech. 11:13, 14). 
No hay base escritural para afirmar que Cornelio oraba y Dios respondía sus oraciones para salvarle por medio de la oración sola. Si en oración Cornelio pedía que Dios le permitiera hallar la verdad que él buscaba, Dios ciertamente le otorgó la ocasión para conocer esa verdad (Mat. 7:7,8) por medio de la predicación de Pedro (1 Cor. 1:21). Cornelio era “temeroso” pero aun así necesitaba salvación (Hech. 11:14). La oración por sí sola no le ayudaría, él necesitaba obedecer el evangelio. Cornelio era “justo” (Hech. 10:22) relativamente hablando, pero no era justo absolutamente, porque “no hay justo, ni aun uno” (Rom. 3:10).
Hechos 10:1-4 no afirma que Cornelio era “escuchado en sus oraciones” sino que sus oraciones habían “subido para memoria delante de Dios”, es decir, sus oraciones fueron consideradas por Dios a tal punto que Dios le concedió la oportunidad de alcanzar la salvación por la predicación del evangelio a través de Pedro (Hech. 11:14; 1 Cor. 1:21).
Cornelio adoraba lo mejor que podía, con la poca luz que tenía, pero cuando tuvo la oportunidad de obedecer lo hizo. ¿Harán lo mismo todos los pecadores del presente que dicen orar a Dios?
Cuando un inconverso me dice que él está orando, yo siempre le digo que “es bueno su deseo de ser oído por Dios, pero necesita urgentemente el perdón de sus pecados para gozar de las bendiciones que Dios da, entre ellas la respuesta a cada una de las oraciones…”


Conclusión

Todos debemos entender la voluntad de Dios (Ef. 5:17) leyendo la Escritura (Ef. 4:3) respetando las afirmaciones de acuerdo a su contexto, para hablar conforme a las palabras de Dios (1 Ped. 4:11) sin ir más allá de lo que está escrito (1 Cor. 4:6). En base a esto sabemos que el pecador está muerto “en delitos y pecados” (Ef. 2:1) y por lo tanto está separado de Dios (Is. 59:2). La muerte es separación (Stgo. 2:26).

El pecador necesita obedecer el evangelio, recibiendo así el amor de la verdad (2 Tes. 1:8; 2:10) y esto es precisamente lo que el Señor quiere que el pecador haga (Mar. 16:16).


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