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Algunas cosas que Jesús no dijo

  Por Josué I. Hernández   Jesús vino al mundo para dar testimonio de la verdad, tal como él mismo lo dijo a Pilato, “Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz” (Jn. 18:37). Haríamos bien en prestar atención, tanto a lo que dijo como a lo que no dijo el Señor Jesucristo. En el presente artículo, veremos algunas cosas que Jesús no dijo.   Jesús no dijo que una religión es tan buena como cualquier otra. Él dijo, “Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada” (Mat. 15:13).   Jesús no dijo que tenemos el derecho de interpretar las Escrituras como queramos. Él dijo, “la Escritura no puede ser quebrantada” (Jn. 10:35). Es más, Jesús les dijo a los saduceos, “Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios” (Mat. 22:29).   Jesús no dijo que la ignorancia excusa al pecador. Él dijo, “Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestro

Mal marido, pero ¿buen cristiano?

  Por Josué I. Hernández   Un cristiano podría tener un mal matrimonio, a pesar de ser un buen esposo que ama a su mujer “como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Ef. 5:25). Sin embargo, ninguno podría ser “mal esposo” y “buen cristiano” al mismo tiempo.   Asimismo, una cristiana podría tener un mal matrimonio, a pesar de ser una buena esposa que ama a su marido y se sujeta a él (cf. Tito 2:4; 1 Ped. 3:5). Sin embargo, ninguna podría ser una “esposa mala” y “una buena cristiana” al mismo tiempo.   Lucas nos informa que “los discípulos” (gr. “mathetes”), es decir, los alumnos y aprendices del Señor, fueron llamados “cristianos” , es decir, “seguidores de Cristo” (Hech. 11:26). Ellos guardaban todas las cosas que Cristo había mandado, y el nombre sagrado lo llevaban sobre sí con gran honor. Pero, ¿cómo podría un llamado “seguidor de Cristo” ser malo en su matrimonio ?     Ciertamente, el cónyuge malo y negligente no es un seguidor de Cristo, no es un cristian

Ley, ¿moral y ceremonial?

  Por Josué I. Hernández   El Nuevo Testamento afirma que la ley mosaica, o Antiguo Pacto, fue quitado de en medio (Gal. 3:24,25; Heb. 10:9). Esta es una conclusión acorde a toda la evidencia bíblica (cf. Ef. 2:15; Col. 2:14). Sin embargo, algunos sugieren que había dos leyes en la era del Antiguo Testamento, una ley moral y otra ley ceremonial, y que solo se quitó la última.   Quienes hacen esta distinción dicen que la “ley moral”, que consistía en los diez mandamientos, y que se llaman “ley de Dios”, y que fue dada por Dios quien la escribió en tablas de piedra que fueron colocadas en el arca del pacto, con la intención que permanecieran para siempre. Luego, afirman que la ley ceremonial, que consiste en todas las demás ordenanzas, es lo que se llamó “ley de Moisés”. Nos dicen que esta última ley, fue dada por Moisés, quien la escribió en un libro, el cual no se guardó dentro del arca del pacto, sino a su lado. Concluyen que la ley de Moisés fue abolida por Cristo, por lo tanto, los

Los diez mandamientos

  Por Josué I. Hernández   Cuando la gente piensa en reglas divinas, por lo general citan los diez mandamientos. Sin embargo, ¿qué son los diez mandamientos? ¿Cuándo fueron entregados? ¿A quiénes fueron entregados? ¿Por qué fueron entregados? ¿Por cuánto tiempo estarían en vigencia? ¿Qué dice la Biblia acerca de todo esto?   ¿Qué son los diez mandamientos?   Dos pasajes que enumeran los diez mandamientos son especialmente importantes. Debemos leer con cuidado y atención: Éxodo 20:1-17 y Deuteronomio 5:6-21   ¿Cuándo fueron entregados los diez mandamientos?   Los diez mandamientos fueron dados en el Sinaí, en el 1450 A.C., aproximadamente. Según el libro Éxodo, Dios pronunció estos mandamientos en el Sinaí a la nación de Israel, a quienes había sacado de Egipto (Ex. 20:1-22). Luego, Moisés subió al monte y Jehová Dios le entregó los diez mandamientos en forma escrita en dos tablas de piedra (Ex. 24:18; 31:18; 32:15,16). Moisés rompió estas tablas (Ex. 32:19), luego consiguió otro juego

El rumbo de la iglesia local

  Por Josué I. Hernández   A medida que la iglesia local trabaja para edificarse, se encuentra en un estado de transición constante (cf. Ef. 4:12; 2 Tim. 2:2). Es decir, la iglesia no permanece estática, tiene un rumbo, y por lo tanto, se dirige a un futuro. Por ejemplo, veamos el caso de la iglesia en Éfeso, la cual pasó de la infancia (Hech. 19:1-7) a la madurez con ancianos (Hech. 20:17,28). Posteriormente, la iglesia en Éfeso pasó por alguna agitación y apostasía (Hech. 20:29-31; Apoc. 2:4).   Piénselo, ¿en qué estado se encontraba la iglesia local hace unos años? ¿En qué estado se encuentra ahora? ¿Hacia dónde se dirige? Podemos tener una idea general del rumbo en el que se encuentra la iglesia.    Enfocando el futuro   Cada miembro será, algún día, un “ex miembro”, porque morirá (2 Tim. 4:6), se mudará (Hech. 18:1,2; 1 Cor. 16:19) o se apartará de la fe (cf. 1 Cor. 10:12; 1 Tim. 1:20; 2 Tim. 4:10). Sabemos que circunstancias abrumadoras pueden esparcir a los miembros de una igl

Preparándonos para hacer el bien

  Por Josué I. Hernández   Cerca del final de su epístola a los corintios, el apóstol Pablo les dio instrucciones acerca de cómo debían reunir fondos para hacer su trabajo como iglesia, “Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas” (1 Cor. 16:2). Estas instrucciones no eran exclusivas para la iglesia en Corinto. Pablo entregó las mismas instrucciones a las iglesias que enseñaba (cf. 1 Cor. 4:17; 16:1).   Uno de los principios que vemos aquí es el de preparación. El apóstol no quería llegar a Corinto y que los hermanos improvisaran alguna ayuda para los santos necesitados de Jerusalén. Pablo les dijo que estuvieran atesorando cada primer día de la semana, para que su donativo estuviera listo cuando él llegara.   Por lo tanto, hay diferencia entre sentir y hacer, hablar y actuar. Una cosa es tener el deseo de hacer el bien, otra cosa es ayudar a los que están en necesi

Adoración "en espíritu y en verdad"

Por Josué I. Hernández    Nadab y Abiú, hijos de Aarón, ofrecieron una adoración que ofendió a Dios, y fueron castigados por su falta de respeto ante la santidad del Señor (Lev. 10:1-3). Lo sucedido a ellos quedó registrado para nuestro aprendizaje (1 Cor. 10:11).   Los cristianos debemos ser santos en toda nuestra manera de vivir (cf. 1 Ped. 1:14-16), y debemos tratar a Dios conforme a su santidad. Por lo tanto, debemos adorar a Dios conforme a las instrucciones que él ha especificado en su palabra. No podemos elegir la manera en que adoraremos, agradándonos a nosotros mismos, y a la vez, agradar Dios.   Hay diferentes tipos de adoración, y no todas son aceptables a Dios. Hay adoración verdadera (Jn. 4:20-24), adoración vana (Mat. 15:7-9), adoración ignorante (Hech. 17:22,23), y el culto voluntario (Col. 2:20-23). No obstante, solo la adoración verdadera es aceptable a Dios.   La adoración verdadera   Cristo dijo, “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorar

Quitaré tu candelero de su lugar

  Por Josué I. Hernández   A los ojos del Señor una iglesia local es como un candelero, o candelabro. Cristo advirtió a la iglesia en Éfeso que si no se arrepentían él vendría y removería su candelero del lugar en el cual estaba, es decir, ellos perderían su identidad y su testimonio se extinguiría, “Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido” (Apoc. 2:5).   “Una iglesia de Cristo puede dejar de serlo, a pesar del nombre puesto sobre la puerta de entrada de su edificio. Cristo advierte a toda iglesia suya de que puede perder su identidad como iglesia de Cristo. Una vez quitado el candelero, ya no es más iglesia de Cristo” (B. H. Reeves).   ¿Cuánto tiempo concederá Cristo para el arrepentimiento a una iglesia suya? ¿Cuánto podría desviarse una iglesia antes de que el Señor Jesucristo la remueva de su lugar? Solo el Señor lo sabe . Sin embargo, cuando

Pánico

  Por Josué I. Hernández   El pánico es el miedo, o el terror, repentino, abrumador e intenso, y que puede ser colectivo, pues fácilmente se contagia. Esta manifestación de miedo intenso a menudo resulta en una acción precipitada. El adjetivo “pánico” es una palabra derivada del dios griego “Pan”, el dios de los pastores, cazadores, etc. Se suponía que Pan tenía una apariencia sombría y peluda, y una voz terrible. Cuenta la leyenda que a Pan le gustaba hacer mucho ruido por lo que ocasionaba un miedo repentino y abrumador, es decir, pánico.   Israel entró en pánico frente al Mar Rojo al ver el ejército de Faraón detrás de ellos, y el enorme mar frente a sus ojos. Estaban atrapados. Todo parecía perdido. La Biblia dice que “los hijos de Israel tuvieron mucho miedo” (Ex. 14:10, LBLA), y reaccionaron clamando contra Dios y Moisés. Obviamente, este no fue un clamor de fe. La reacción de Moisés es muy instructiva: “Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Je

Andando en vida nueva

  “Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva” (Rom. 6:4). Por Josué I. Hernández   Algunos de los cristianos en Roma tenían la idea equivocada de que podían, de alguna manera, permanecer en el pecado, “¿Qué diremos, entonces? ¿Continuaremos en pecado para que la gracia abunde?” (Rom. 6:1, LBLA). Sin embargo, el apóstol Pablo refutó esta idea explicando que los cristianos hemos muerto al pecado y no podemos seguir viviendo en él. Pablo les dijo: “¡De ningún modo! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?” (Rom. 6:2, LBLA).   Entonces, el apóstol les recordó cómo habían seguido la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo cuando fueron bautizados con él para vida nueva, “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Por tanto, hemos sido se

¿Es la Biblia relevante para nosotros?

  Por Josué I. Hernández   La Biblia es sin duda alguna uno de los libros más influyentes en la historia de la humanidad. Bien recuerdo, para mi sorpresa de aquel momento, un reconocido académico ateo afirmó que la Biblia es “el libro de los libros”. Por supuesto, él no la elogiaba como palabra de Dios.   Indiscutiblemente, la Biblia es el libro más vendido de todos los tiempos. Es más, la Biblia está disponible de una manera que nunca lo estuvo. Pero, a pesar del acceso fácil a la Biblia una mayoría de la población desprecia su mensaje. Las estadísticas indican que un porcentaje muy pequeño cree que “la Biblia es la palabra de Dios ” .   Muchos se acercan a la Biblia por su importancia histórica, cultural, política, social, etc., sin embargo, los tales ven la Biblia como un libro obsoleto, un libro que no tiene algún propósito para nosotros. Algunos afirman que “un libro tan antiguo no podría tener alguna aplicación seria en la actualidad”. Para ellos el paso del tiempo demanda nueva

Falta de amor

  Por Josué I. Hernández   Algunos hermanos no aprecian la predicación de “todo el consejo de Dios” (Hech. 20:27), ni soportan “la sana doctrina” (2 Tim. 4:3). Los tales no están dispuestos a reprender “las obras infructuosas de las tinieblas” (cf. Ef. 5:11), y prefieren lecciones bonitas que no molesten a quienes tengan “comezón de oír” (2 Tim. 4:3). Estos hermanos demasiado complacientes, se esfuerzan por agradar a los hombres antes que a Dios (cf. 1 Cor. 10:33; 2 Cor. 5:9; Gal. 1:10).   Es un día triste cuando una llamada “iglesia de Cristo” se adapta a su ambiente, y ya no aborda los problemas, ni señala el error de sus miembros, y comulga con los infractores. Los corintios podrían jactarse de ser muy amorosos cuando convivían con el pecado, y Pablo les dijo por el Espíritu Santo, “Y vosotros estáis envanecidos… No es buena vuestra jactancia” (1 Cor. 5:2,6). Los corintios eran faltos de amor (cf. 1 Cor. 13:4-7).   El pueblo de Dios ha sido llamado a mantener y promover la un

En tierra seca y árida donde no hay aguas

  Por Josué I. Hernández   Hay lugares del mundo donde los veranos son muy calurosos y secos. Recuerdo los veranos en la zona norte de Chile, en contraste con la sensación térmica en la zona costera central. Lo mismo he percibido en Centroamérica. Siempre me asombran las diferencias entre el clima salvadoreño y el guatemalteco. Aunque hay lugares muy calurosos en Guatemala, siento que el calor en El Salvador es más intenso. Pero, cuando ingresamos a Texas en la ecuación, el calor salvadoreño palidece. A su vez, frente al desierto de Atacama, las ciudades más calurosas de Texas no son áridas en lo absoluto. Por supuesto, no hay lugar más árido en el mundo que el desierto de Atacama, en Chile, el cual se extiende por el llamado “norte grande” de mi patria.   Mientras escribo este artículo, un ventilador sopla con fuerza a dos metros de mi escritorio. Hace calor hoy. Pero, tengo agua fresca y tengo limones, y una mezcla refrescante se me ocurre. Mi mente, sin embargo, se desplaza hacia a

Matrimonio no registrado

  Por Josué I. Hernández   “Están casados pero no han registrado su matrimonio... Su documento de identificación personal señala que son solteros…”   En la Biblia Dios especifica claramente que para la existencia del matrimonio, el hombre ha de dejar a su padre y a su madre para luego tomar (de una determinada familia) a una mujer, para unirse a ella en matrimonio, y así, de esta manera, ambos serán una sola carne (Mat. 19:5,6). Aquí tenemos los requisitos básicos para que un hombre y una mujer ingresen al matrimonio: En primer lugar, hay un acuerdo para que suceda esto, hay un proceso que lleva a esto, y por lo tanto, hay consentimiento del cual varios están informados. En segundo lugar, se dan los pasos que mueven a pactar públicamente el acuerdo solemne de vivir como marido y mujer, lo cual es una confirmación al consentimiento anterior. En tercer lugar, se consuma el acuerdo, con lo cual comienza la convivencia del marido y su mujer. El consentimiento es reconocido como el noviazgo

Esta noche vienen a pedirte tu alma

  Por Josué I. Hernández   Advirtiendo severamente contra la avaricia, Jesucristo dijo: “La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?” (Luc. 12:16-20).   El materialismo aparta el corazón de la devoción a Dios (cf. Mar. 4:19; Luc. 8:14). Los hermanos en disputa por la herencia no se daban cuenta de ello (Luc. 12:13,14). Ciertamente, esta parábola es una advertencia contra la codicia (Luc. 12:15), y la aplicación es patente: “Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios” (Luc. 12:21).   “Él pensaba que “tenía” bienes, pero en esto estaba bien equivocado.

La madre en el hogar

  Por Josué I. Hernández   Dios le ha dado a la madre un lugar especial de responsabilidad en el hogar, “que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada” (Tito 2:4,5). Este pasaje especifica claramente el rol de la madre en el hogar.   El plan de Dios es que las mujeres jóvenes se casen, críen hijos y gobiernen su casa (cf. 1 Tim. 5:14; Prov. 31:10-31). Este es un buen plan que a todos conviene. Sin duda alguna, los mandamientos de Dios “no son gravosos” (1 Jn. 5:3).   Dios sabe que toda joven necesita ser instruida por otras mujeres de experiencia. Por supuesto, la capacitación de las mujeres debe comenzar temprano, en casa, por la propia madre. Sin embargo, la enseñanza debe continuar, porque hay lecciones importantes que deben implantarse profundamente en los jóvenes corazones.     Las ancianas pueden enseñar eficientemente a las jóven

¿Qué debo hacer?

Por Josué I. Hernández   Saulo iba camino a Damasco para perseguir a los cristianos cuando Jesús se le apareció. La visión lo convenció de que Jesús era el Cristo. Sin duda alguna, el corazón de Saulo se inundó instantáneamente de culpa, y humildemente preguntó, “Señor, ¿qué quieres que yo haga?” (Hech. 9:6) y el Señor le respondió, “Levántate, y vé a Damasco, y allí se te dirá todo lo que está ordenado que hagas” (Hech. 22:10).   Tres días después, Ananías vino a Saulo con la respuesta a su pregunta. Esa respuesta está registrada en Hechos 22:16, “Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre”.   Levántate. Abrumado por la culpa, Saulo había estado ayunando y orando durante tres días (Hech. 9:9,11). Su arrepentimiento es admirable, y ahora había llegado el momento del alivio. Pero, la oración no fue la respuesta. En el libro Hechos ningún pecador del mundo recitó la oración del pecador para llegar a ser un hijo de Dios. Ananías le

Amar no es consentir

  Por Josué I. Hernández   Tres verbos griegos señalan la acción de “consentir”. Básicamente, el significado de “consentir” es “dejar, permitir” (“afiemi”; Mat. 3:15; 19:14), “votar en favor, estar de acuerdo con” (“sunkatatithemi”; Luc. 23:51), “aprobar totalmente” (“suneudokeo”; Hech. 8:1; Rom. 1:32).   Por otra parte, el “amor” de Jesucristo no es “consentir”. Hay cuatro palabras griegas para indicar el amor, y estas son: “eros”, “storge”, “phileo” y “agapao”. EROS, es la palabra para la expresión sexual del amor. Esta palabra no se usa en las sagradas Escrituras, sin embargo, el deber de los cónyuges en este asunto se expresa mediante el eufemismo “cumpla… el deber conyugal” (1 Cor. 7:3-5). De “eros” tenemos nuestra palabra española “erótico”. STORGE, es la palabra para el amor tierno, afectuoso, que existe entre los miembros de la familia. Es el amor de los parientes. Sin embargo, solo se indica la tragedia de su ausencia en dos pasajes del Nuevo Testamento, “sin afecto natural

Discutir con el necio

  Por Josué I. Hernández   Además de hacer el contraste entre el sabio y el necio, en el libro Proverbios también hallamos la advertencia de no enredarnos en alguna discusión con un necio, “Cuando un sabio tiene controversia con un necio, éste se enoja o se ríe, y no hay sosiego” (Prov. 29:9, LBLA).   Los sabios pueden discutir y experimentar los beneficios de la controversia (cf. Hech. 19:8-10). Ellos pueden exponer el razonamiento erróneo, y los que están equivocados podrían volverse al buen camino (Hech. 18:4-8). Sin embargo, esta bendición ocurre solamente cuando ambas partes en la controversia tienen temor de Dios (Prov. 1:7; 8:13; 16:6) y aman la verdad (cf. Ef. 4:15; 2 Tes. 2:10).   La honestidad restringe al piadoso de lanzar ataques personales. Por el contrario, el necio se enfadará, lanzará ataques personales, e inclusive, considerará el asunto como una broma. Ciertamente, nada bueno se logra al discutir con un necio. El sabio comprende que cuando la discusión se ha distorsi

El mundo y el mundano

  Por Josué I. Hernández   Se afirma que alguno es un “mundano” cuando fornica, se emborracha o, simplemente, peca mucho, y que no es un mundano si llegó a ser bautizado y se congrega en alguna iglesia de Cristo.      Esta idea es radicalmente errónea y, por lo tanto, totalmente equivocada. La Biblia no habla en tales términos. La definición de “mundo” y “mundano” tiene que ajustarse a la manera en que Cristo y sus apóstoles usaron el concepto.   El sustantivo “mundo” (gr. “kosmos”) es usado de tres maneras diferentes en el Nuevo Testamento. En primer lugar, “mundo” es el universo material que Dios llamó “bueno” (Hech. 17:24; Rom. 1:20; Gen. 1:31). En segundo lugar, “mundo” es la humanidad a quienes Dios ama (Jn. 3:16). En tercer lugar, “mundo” es el reino de Satanás que el cristiano debe aborrecer (cf. Sant. 1:27; 1 Jn. 2:15-17; 5:19). Este reino de Satanás, o “mundo”, es el presente estado de cosas (cf. Rom. 12:2), la potestad de Satanás (Hech. 26:18), el presente siglo malo (Gal. 1