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La creación y el pecado

  Por Josué I. Hernández   Hay mucha confusión sobre lo que la Biblia es en sí misma, y muchos solamente están repitiendo lo que otros afirman acerca de la Biblia. Pocos están estudiando la Biblia por sí mismos.   Hay una gran tragedia que está ocurriendo en el mundo, la cual es peor que cualquier guerra o pandemia, esta es la incomprensión de la Biblia. La incomprensión bíblica es “analfabetismo bíblico”.   Según cierta encuesta en los Estados Unidos: Menos del 50% puede nombrar los cuatro relatos del evangelio. 60% no puede nombrar 5 de los 10 mandamientos. 80% cree que la frase “ayúdate que yo te ayudaré” es un pasaje de la Biblia. 12% cree que Juana de Arco fue esposa de Noé. 50% cree que Sodoma y Gomorra eran marido y mujer. Un número considerable de encuestados afirmó que “el sermón del monte” lo predicó Billy Graham.   El analfabetismo bíblico es veneno de Satanás, que está causando estragos en las vidas de individuos, familias, y comunidades; y sólo hay un antídoto para semeja

Quisiéramos ver a Jesús

Juan 12:20,21 Por Josué I. Hernández   El gran problema que afecta nuestra comprensión bíblica es que vamos a la Biblia con muchos propósitos, menos el más importante, buscar a Jesús en ella . Algunos buscan en la Biblia la confirmación de sus prejuicios, otros buscan satisfacer alguna curiosidad. Es más, algunos van a la Biblia con afanes políticos o económicos. Cada uno de nosotros debe preguntarse, ¿por qué estudio la Biblia?   “Había ciertos griegos entre los que habían subido a adorar en la fiesta. Estos, pues, se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaron, diciendo: Señor, quisiéramos ver a Jesús. Felipe fue y se lo dijo a Andrés; entonces Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús” (Jn. 12:20-22).   Durante la última semana de la vida de Jesús, antes de su muerte en la cruz y posterior resurrección, algunos griegos se encontraban entre los que habían venido a la Pascua. Estos griegos dijeron a Felipe: “queremos ver a Jesús” (Jn. 12:21). Ellos no querían ver a l

La gula

  Por Josué I. Hernández   Una de las amenazas más grandes para la salud en el presente siglo es la gula, la glotonería, es decir, aquel apetito desmedido por comer, apetito que resulta en ingerir desmesuradamente, lo cual produce un hábito morboso, y también es síntoma de un problema más profundo.   El propósito de Dios para el cuerpo   Todos necesitamos comer, y a todos nos gusta hacerlo. Así Dios nos diseñó:  “Los alimentos son para el estómago y el estómago para los alimentos”  (1 Cor. 6:13, LBLA). Dios ha creado tanto el estómago como los alimentos, y el hombre debe trabajar para comer (Gen. 2:15; 3:19). Sin embargo, lo que muchos están ignorando es el propósito espiritual que Dios le ha dado al cuerpo humano.    El apóstol Pablo dijo a los corintios  “¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?”  (1 Cor. 6:19, LBLA), semejante pregunta demandaba una respuesta positiva. El propósito del cuerpo

La jubilación del cristiano

  Por Josué I. Hernández   Una de las cosas que me impresiona en la lectura de las epístolas “2 Juan” y “3 Juan” es que el apóstol Juan, ya anciano (2 Jn. 1:1; 3 Jn. 1:1), no se había retirado, es decir, no se había jubilado de ser cristiano (cf. Jn. 1:12; 3 Jn. 1:13,14). Poniéndolo en perspectiva, podemos entender que el apóstol había hecho mucho por la causa de Cristo, al punto de sufrir por su fe (cf. Mat. 20:22,23; Apoc. 1:9). Sin embargo, el anciano no estaba dispuesto a renunciar a pesar de su avanzada edad.   No podemos siquiera imaginar a Juan descansando en un sofá, refunfuñando por los jóvenes, y quejándose de su ancianidad. En lugar de esto, Juan procuraba dar lo mejor de su tiempo y capacidad para servir a Dios; y antes de morir, había escrito cinco de los libros del Nuevo Testamento.   Deténgase a pensar en la mentalidad de este anciano de Dios, “Tengo muchas cosas que escribiros, pero no he querido hacerlo por medio de papel y tinta, pues espero ir a vosotros y hablar ca

La verdad

  Por Josué I. Hernández   La palabra de Dios, la Biblia, es la verdad. Esta afirmación es hecha tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. El salmista escribió: “La suma de tu palabra es verdad” (Sal. 119:160). Él no dijo que algo de la palabra de Dios es verdad. Sino que ella es totalmente verdad. Jesús oró al Padre: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Jn. 17:17). No podemos encontrar la verdad en las cavernas profundas de nuestro corazón. La verdad no es subjetiva. La verdad está fuera de nosotros, y nos ha sido revelada por Dios.   Una cosa que está implícita en la oración de Jesús es que la verdad es única e invariable. Él oró, “tu palabra es la verdad”. Él no dijo que la palabra de Dios era una verdad más, entre muchas otras. Sino que ella es la verdad. Por lo tanto, todo lo que es contrario a ella es falso. Jesús le dijo a Pilato: “para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad” (Jn. 18:37). Cristo vino a dar testimonio “a la verdad”, no “a un

Buenas y malas noticias en el evangelio de Cristo

Por Josué I. Hernández  Cuando Cristo predicaba el evangelio del reino de los cielos, llamó al pueblo al arrepentimiento (Mat. 4:17,23) advirtiendo sobre el castigo para los impenitentes (cf. Mat. 11:20-24; 12:41,42; Luc. 13:1-5). Si vamos a proclamar el evangelio del reino de Dios fielmente (Hech. 8:12), no sólo debemos hablar de las buenas nuevas del reino, sino también de las malas noticias para los que rechazan el amor de la verdad de Cristo (cf. 2 Tes. 1:8,9; 2:10-12).

La actitud hacia la Biblia

  Josué I. Hernández   Se ha dicho que hay más gente que elogia la Biblia de la que lee la Biblia, y más gente que lee la Biblia de la que cree en la Biblia, y más gente que cree en la Biblia de la que entiende la Biblia, y más gente que entiende la Biblia de la que obedece a la Biblia. Desafortunadamente, esto describe adecuadamente lo que está pasando a muchos en cuanto a su actitud hacia la Biblia.   Vivimos en un momento en el cual la palabra de Dios, la Biblia, está más accesible que nunca para la mayoría de la población en el mundo. Sin embargo, mucha gente no lee la Biblia, y entre quienes la leen pocos creen en ella, y entre quienes creen en ella pocos la entienden, y entre quienes la entienden pocos la obedecen. ¿En qué lugar estamos nosotros?   Una de las razones principales por las cuales esto es tan lamentable es el hecho de que Dios nos ha dado su palabra para salvarnos, y aquellos que no obedecen la palabra de Dios no podrán ser salvos, “Por lo cual, desechando toda inmun

El poder del evangelio

“para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados” (Hech. 26:18). Por Josué I. Hernández El poder que salva a los pecadores es el evangelio de Jesucristo (Rom. 1:16; Hech. 11:4; 1 Cor. 1:21). Este poder no reside en el maestro o predicador, aunque éste sea el más educado o persuasivo. El poder del evangelio tampoco deriva de apelaciones a los sentimientos y emociones. Sin embargo, las iglesias de la actualidad se presentan como entretenidas, y muy divertidas. Tienen todo tipo de actividades a las que llaman “comunión”. Por supuesto, la comunión de ellos no es con Dios, sino solamente una comunión terrenal en base a cosas terrenales (cf. Jn. 17:21; 1 Jn. 1:3).   El trabajo de Pablo como apóstol a los gentiles estaba enfocado en la predicación del evangelio. Debido a esto, el apóstol escribió, “Así que, hermanos, cuando fui a vosotro

Los fieles predicadores no se predican a sí mismos

  Por Josué I. Hernández   Hermanos y congregaciones extienden invitaciones a diferentes predicadores para que estos les enseñen la palabra. Todo esto es bueno. No hay nada de malo en ello. Sin embargo, la decisión de aceptar o rechazar esas invitaciones debe basarse en lo que es mejor para la causa de Cristo, y no en lo que es mejor para la reputación del predicador.   El fiel predicador no procura promoverse a sí mismo, ni permitirá que los hermanos lo eleven por sobre otros predicadores en la hermandad. El fiel predicador no quiere hacer vana la cruz de Cristo procurando hacerse un nombre (1 Cor. 1:17). Pablo reprendió a los corintios cuando ellos dividían por exaltar a los de su preferencia (1 Cor. 1:12,13).   Los fieles predicadores del evangelio no se predican a sí mismos, sino a Cristo. Su énfasis es el mensaje de la cruz, no su propia persona. El apóstol Pablo escribió, “Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros sierv

La importancia del rol que Dios ha dado a la mujer casada

    “Pero se salvará engendrando hijos, si permaneciere en fe, amor y santificación, con modestia” (1 Tim. 2:15).   “Con todo, se salvará por su maternidad mientras persevere con modestia en la fe, en la caridad y en la santidad” (Biblia de Jerusalén).   “pero llegará a salvarse por la maternidad, con tal que persevere con fe, amor y una vida santa y modesta” (Nueva Biblia Española). Por Josué I. Hernández   En el artículo “¿Qué hace una mujer tan inteligente como tú metida en casa?”, la autora narra todas las peripecias que tuvo que hacer buscando una mujer idónea que cuidara a su hijo recién nacido, y así, regresar a su trabajo secular. Luego, la autora comenta que quedó embaraza otra vez.    Así, pues, la búsqueda de la “niñera ideal” se hizo más intensa, y con esta búsqueda la autora descubrió algunas cosas interesantes. Ella escribió: “Algunas mujeres eran tan preparadas que su salario representaba una buena parte del que yo misma ganaría; muchas otras no estaban capacitadas para

La última palabra de Santiago

  Por Josué I. Hernández   “Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados” (Sant. 5:19,20).   En su breve párrafo final, Santiago presenta un problema trágico y una solución bendita. Veamos ambas cosas.   El problema es un cristiano que se desvía de la verdad. Puede desviarse hacia algún tipo de error doctrinal, o aventurarse en algún pecado personal. Por supuesto, lo primero conduce inevitablemente a lo segundo. Obviamente, no solo es posible que un cristiano lo haga, sino que el hacerlo será desastroso. Santiago se refiere a este hombre como un “pecador” que se dirige a la muerte eterna.   El Nuevo Testamento nos advierte constantemente sobre este problema. Es vital estar alerta, siendo cuidadosos con lo que aprendemos y siempre conscientes de qué influencias están afectando nuestras vidas, velando a los primeros sig

Dios merece lo mejor de nosotros

  Por Josué I. Hernández   “No me trajiste a mí los animales de tus holocaustos, ni a mí me honraste con tus sacrificios; no te hice servir con ofrenda, ni te hice fatigar con incienso. No compraste para mí caña aromática por dinero, ni me saciaste con la grosura de tus sacrificios, sino pusiste sobre mí la carga de tus pecados, me fatigaste con tus maldades” (Is. 43:23,24).   “No me has traído tus corderos para holocausto, y no me has honrado con tus sacrificios” (VM). El pueblo de Dios cometió hipocresía en sus sacrificios. No se habían detenido totalmente de ofrecer sacrificios, pero lo que trajeron era para su propio agrado en lugar de procurar agradar al Señor (cf. Is. 1:10-16).   Ellos no hicieron nada especial para el Señor, como comprar “caña aromática” para hacer incienso, ni tampoco ofrecieron lo mejor de sus rebaños. En lugar de esto, agobiaron el corazón del Señor con su rebelión y, por lo tanto, Jehová Dios se cansó de soportar sus pecados (cf. Mal. 2:17, “Habéis hecho c

Enseñando por compasión

  “Pero muchos los vieron ir, y le reconocieron; y muchos fueron allá a pie desde las ciudades, y llegaron antes que ellos, y se juntaron a él. Y salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas” (Mar. 6:33,34). Por Josué I. Hernández   Mientras la multitud acudía a su encuentro, Jesús y sus apóstoles no hallaban tiempo suficiente para descansar, o incluso comer (Mar. 6:31,32). Sin embargo, en lugar de reaccionar con frustración y enojo contra la multitud que interrumpía el descanso, Jesús reaccionó con compasión al ver el estado espiritual de ellos, “como ovejas que no tenían pastor”. Entonces, la compasión del Señor se expresó en la enseñanza necesaria. Sencillamente, Jesucristo sabía que la solución al problema del hombre comienza con oír la palabra de Dios. No hay esperanza sin oír y recibir la palabra de Jesucristo (cf. Luc. 6:46; 8:15,18).   Aprender y obedecer la palabra verdadera d

La autonomía de la iglesia local

  Por Josué I. Hernández   La palabra “iglesia” se usa en el Nuevo Testamento en solo dos sentidos. Primero, se refiere a la asamblea convocada por Cristo en todo el mundo, este es el sentido universal. Cuando Jesús dijo “sobre esta roca edificaré mi iglesia” (Mat. 16:18), estaba incluyendo a todos los creyentes en esta asamblea de convocados en torno a él. Por lo tanto, él estaba hablando de la iglesia universal. Segundo, la palabra “iglesia” también se usa en el sentido local. Por ejemplo, cuando Pablo escribió a los Corintios, él especificó: “la iglesia de Dios que está en Corinto”. Aquí, el apóstol, estaba hablando a un grupo de cristianos en Corinto que se reunían para adorar y servir a Dios (1 Cor. 1:2).   La evidencia bíblica nos indica que los cristianos se organizaron en iglesias en las diferentes localidades donde se encontraban, y que todas estas iglesias eran autónomas de las demás. En otro momento, Pablo escribió acerca de iglesias que saludaban (Rom. 16:16), éstas eran d

Justificados por la fe

  Por Josué I. Hernández   Pablo dijo por el Espíritu, “Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Rom. 5:1, LBLA). Evidentemente, la paz con Dios es la consecuencia de la justificación por la fe. Pero, ¿qué es justificar?   Justificar a una persona es declararla libre de toda culpa o censura. Por lo tanto, cuando alguno es justificado “por la fe” es liberado de la culpa y condenación del pecado. Su obediencia a Dios da lugar a la paz con Dios, es decir, una relación de armonía en la ausencia de enemistad y rebelión.   No debemos ignorar el argumento de Pablo en los primeros capítulos de su epístola a los romanos, argumento por el cual él llegó a decir: “pues” (gr. “oún”; Rom. 5:1), es decir, “Luego, por lo tanto, en consecuencia, de acuerdo con lo anterior, siendo estas cosas así” (Thayer).   El apóstol había estado argumentando que somos hechos justos por la fe en Cristo en lugar de las obras de la ley. Lo cual s

Terminar bien

  Por Josué I. Hernández   En más de una ocasión el director técnico ha insistido en la importancia de terminar bien el juego. El equipo podría comenzar bien el partido, pero terminar perdiendo. El entusiasmo del comienzo podría terminar en decepción. Sencillamente, de nada sirve comenzar bien si termina mal.   Varios personajes de la Biblia ilustran la aplicación espiritual de este principio. El rey Uzías es alguien que viene a la mente. Podemos leer sobre su vida en 2 Reyes 15:1-7, y con más detalle en 2 Crónicas 26.   El rey Uzías, también llamado Azarías, vivió en el siglo VIII A.C., durante el reino dividido. Uzías comenzó a reinar siendo muy joven, y reino durante cincuenta y dos años. Ciertamente, él comenzó bien, y siendo un hombre justo disfrutó de mucho éxito en el favor de Dios. Sus proezas militares fueron tremendas, y sus construcciones magníficas.   Obviamente, el éxito de Uzías lo hizo famoso. Desafortunadamente, el rey de enorgulleció por el éxito, la fama, y la gloria

La Biblia y la pena capital

  Por Josué I. Hernández   En Latinoamérica la pena capital es un tabú. Es más, sabemos que la mayoría de los países de América Latina abolieron la pena de muerte. En semejante escenario social, algunos opinan que la pena capital es un método de castigo bárbaro, discriminatorio e ineficaz. Incluso, algunos apelan a la Biblia para afirmar que la pena capital es contraria a la voluntad de Dios.   Es una lástima que una mayoría de religiosos que enfocan a Dios como la máxima autoridad, y a la Biblia como la expresión autoritativa de su voluntad, permitan que un discurso sensacionalista moldee sus actitudes sobre una base emocional. Sin embargo, la razón de todo esto es evidente, muchos se conducen fundamentados sobre lo que sienten, en lugar de moverse por convicciones.   En el presente artículo enfocaremos algunos pasajes de las sagradas Escrituras con la esperanza de que hombres y mujeres que afirman que su primera lealtad está dirigida hacia Dios permitan que la sabiduría de Dios, en

Revisando objeciones a la pena capital

  Por Josué I. Hernández   El gobierno ha recibido de Dios la autorización para aplicar la pena de muerte (Gen. 9:6; cf. Mat. 26:52; Hech. 25:11), Sin embargo, la moralidad de la pena de muerte suele ser cuestionada, y queremos revisar algunos argumentos opuestos a la pena de muerte en el presente artículo.   Personas inocentes podrían ser ejecutadas. Por lo tanto, ante la posibilidad de ejecutar a un inocente, la pena capital debe ser abolida por completo. Según este razonamiento, tendríamos que eliminar las cárceles porque una persona inocente podría ser encarcelada, y eliminar los martillos porque alguno podría martillarse un dedo.   Un sistema de justicia que distingue entre casos de homicidio premeditado e involuntario, como lo hacía la ley mosaica, enfoca las circunstancias atenuantes, si es que las hay, e identifica cuando debe aplicarse la pena capital. Dicho de otro modo, si hay certeza moral sobre el crimen digno de muerte, será obligatorio aplicar la justicia capital.   La p