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Benevolencia, ¿quién es el responsable?

Por Josué Hernández

Vivimos en una sociedad relativista, donde no hay absolutos, donde la verdad moral no existe, y donde la vida en sociedad queda subordinada a una doctrina colectivista según la cual todos somos directa e igualmente responsables por la necesidad de otros.
Se habla de derechos, derechos, y más derechos, y nada se dice de los deberes y obligaciones individuales para con la familia y la sociedad en general. Y cuando surge alguna necesidad, la responsabilidad es rápidamente atribuida al gobierno, al municipio, a la iglesia, pero no a la familia.
La responsabilidad individual
Para los creyentes en la Biblia, como la inerrante y completa revelación escrita de Dios al mundo, la responsabilidad individual es intransferible a la colectividad general. La palabra de Cristo enseña que el individuo es responsable de velar por los suyos, es decir, su familia, y será un irresponsable el que deje de esforzarse por cumplir sus obligaciones para con sus padres necesitados.
La Biblia favo…

El ayuno

Tomado de “Notas sobre Mateo” por Wayne Partain

No se impone sobre la iglesia el ayuno formal
Jesús no requiere que ayunemos, ni tampoco lo prohíbe. Mat. 6:16-18 condena la hipocresía. El ayunar -- un acto que debe ser para agradar a Dios -- no debe practicarse para impresionar a los hombres. Mat. 9:15, el ayunar tiene que ser apropiado. "¿Acaso pueden los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces ayunarán". Hay tiempo apropiado para ayunar. Debe ser expresión natural de los sentimientos el alma. Es por esto que el Señor no lo manda. La persona que verdaderamente se siente afligida ayuna (la tristeza le obliga a ayunar), pero ¿cuántas personas podrían verdaderamente sentirse afligidas dos veces por semana como cosa obligatoria y rutina?
¿Pero no hay valor espiritual en el ayunar?
Sin duda alguna, el ayunar ha beneficiado (y sigue beneficiando) a muchas personas, pero no tiene valor en sí…

Todas las cosas son puras para los puros

Por Josué Hernández

Esta es una de las frases más citadas y repetidas por estudiantes de la Biblia en general. Se ha usado para condenar toda suerte de cosas, y a la vez aprobar muchas otras.
Queremos aprender a qué se refería Pablo cuando escribió a Tito, “Todas las cosas son puras para los puros” (Tito 1:15).
Sin embargo, no podremos entender este versículo si lo despojamos de su contexto. Será necesario leer el entorno de tal declaración, para comprender su real sentido y aplicación.
El problema en Creta
Era necesario corregir lo deficiente, estableciendo ancianos (Tito 1:5). Estos ancianos podrían “exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen” (v.9) y “tapar la boca” (v.11) incluso a “contumaces y habladores de vanidades” (v.10).
Serios problemas ocasionaban en Creta (Tito 1:5) hombres corruptos de entendimiento, incapaces de ser persuadidos, y fanatizados por cosas que no convienen (v.10,11). Había judíos entre ellos que compartían el mismo carácter, “mayormente los …

Amar la verdad

Por Josué Hernández

El apóstol Pablo escribió a los gálatas, “¿Me he vuelto, por tanto, vuestro enemigo al deciros la verdad?” (Gal. 4:16, LBLA).
Al leer este pasaje fácilmente nos enfocamos en la actitud de los gálatas para con la verdad del evangelio (Gal. 2:5), pero a veces, dejamos de aprender y enseñar sobre la actitud de Pablo hacia la verdad.
Pablo amaba la verdad, y la recomendaba como la solución de Dios al hombre. Y dijo la verdad en Jerusalén y en todo lugar (Gal. 2:1-10), y dijo la verdad a Pedro (2:11-21), y decía la verdad a los gálatas (1:6-11; 3:1). Y antes de todo, él mismo aceptó la verdad para nunca dejarla (Gal. 1:11-24), incluso resistiéndose a la oposición para que la verdad del evangelio permaneciese (2:5).
Pablo estaba crucificado con Cristo (2:20) y había muerto al mundo (6:14) llevando las marcas del Señor Jesús (6:17) y deseando las más ricas bendiciones para sus hermanos (1:3; 6:18).
¿Qué tanto amamos la verdad?
Sabemos del poder de la verdad para librarnos (J…

Da palabras sabias

Por Josué Hernández

El presente artículo se basa en una promesa muy particular que Cristo hizo, y que creemos ha sido malinterpretada y mal aplicada por no pocos estudiantes de la Biblia, que aunque sinceros y bien intencionados, procuran hacer suya esta promesa del Señor:
“Pero cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué hablaréis; porque a esa hora se os dará lo que habréis de hablar. Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros” (Mat. 10:19,20, LBLA).
“Por tanto, proponed en vuestros corazones no preparar de antemano vuestra defensa; porque yo os daré palabras y sabiduría que ninguno de vuestros adversarios podrá resistir ni refutar” (Luc. 21:14,15, LBLA).
“Con toda oración y súplica orad en todo tiempo en el Espíritu, y así, velad con toda perseverancia y súplica por todos los santos; y orad por mí, para que me sea dada palabra al abrir mi boca, a fin de dar a conocer sin temor el misterio del evangelio, por el cual soy emba…

Apresura sus pasos

Por Josué Hernández

No pocas veces he oído que, al comenzar un servicio de adoración, aunque sincero y bien intencionado, el hermano que dirige la oración pide por los que no están presentes diciendo: “…apresura los pasos de los que vienen en camino…”, agregando algo como lo siguiente, “…quita todo obstáculo…”
Preguntamos, ¿cómo podría suceder esto? ¿Podrán los pies de los hermanos ausentes moverse más rápido que de costumbre? ¿Serán movidos los obstáculos del camino de los hermanos que vienen atrasados a la reunión? ¿Por qué orar por una cosa que no se sabe ni se comprende?
El apóstol Juan nos instruye, “Y esta es la confianza que tenemos delante de El, que si pedimos cualquier cosa conforme a su voluntad, El nos oye” (LBLA). Es incorrecto asumir que toda oración será oída por Dios sin importar lo que se pida. Cada oración debe ser bien pensada, y sobre todo, ajustada a la revelación de Dios en su palabra. Repasemos algunos principios que recordar para dirigir una oración pública.
Respon…

¿Es el evangelio el semen de Dios?

Por Josué Hernández

Algunos afirman que el evangelio es el semen de Dios, por el cual alguno llegará a ser un “engendrado” de Dios cuando oiga y crea el evangelio, y luego, si se completa el proceso por el espermatozoide de Dios, llegará a “nacer de nuevo”. Se nos dice que el hombre engendra y la mujer concibe y da a luz, por lo tanto, tendría que existir diferencia entre “el engendramiento” y “el nuevo nacimiento” según esta doctrina.
Pero, debemos hablar “conforme a las palabras de Dios” (1 Ped. 4:11) y “no pensar más allá de lo que está escrito” (1 Cor. 4:6). No es del Nuevo Testamento de Cristo, el definir el evangelio salvador como “espermatozoide” del semen de Dios. No hay consecuencia entre el contexto bíblico de los pasajes empleados, y las definiciones y afirmaciones de esta doctrina. Ni Cristo, si sus apóstoles, se refirieron al evangelio como el espermatozoide de Dios. Por ejemplo, Pablo lo definió como “poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (Rom. 1:16), y Pedr…

El hombre de pecado

Por Josué Hernández

En su primera carta a los cristianos en Tesalónica, el apóstol Pablo señaló varias veces la segunda venida de Cristo (1 Tes. 1:10; 2:19; 3:13; 4:13-18; 5:1-11; 5:23). Sin embargo, debido a que algunos malinterpretaron el propósito de tal expectativa, o fueron influenciados por falsas enseñanzas, el apóstol escribió una segunda epístola corrigiendo las ideas que leudaban el entendimiento de estos cristianos amados.
Luego de presentar la segunda venida de Cristo como un estímulo para soportar el sufrimiento, y como un estímulo para realizar el propósito de Dios en sus vidas (2 Tes. 1:5-12), el apóstol afirmó que el regreso del Señor Jesucristo no sucedería sin que primero viniese la apostasía (2 Tes. 2:3). La idea errónea de que “el día del Señor” había llegado debía ser corregida:
“Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo y a nuestra reunión con El, os rogamos, hermanos, que no seáis sacudidos fácilmente en vuestro modo de pensar, ni os alarméis, ni …