Imposición de manos


 
Por Josué I. Hernández
 

¿Se requiere la imposición de manos, como registrada en Hechos 13:3, para que la iglesia envíe a los predicadores?
 

La imposición de manos fue un acto simbólico que indicaba la concesión de un don, un encargo, o una bendición (cf. Ex. 29:10; Lev. 1:4; 3:8; Num. 8:9-11; 27:15-23; Deut. 34:9). Durante el primer siglo, por el ministerio de los apóstoles de Cristo se impusieron las manos para impartir el Espíritu Santo (Hech. 6:6,8; 8:17,18; 19:6; 2 Tim. 1:6), al efectuar sanidades (Hech. 9:12; 28:8), y al encomendar a personas para un servicio, función, u obra especial (Hech. 13:1-4; 1 Tim. 4:14; 5:22). No obstante, ya no hay apóstoles obrando entre nosotros, el evangelio ya ha sido confirmado, y la imposición de manos para impartir dones del Espíritu Santo y efectuar sanidades ha cesado (cf. Mar. 16:20; Hech. 14:3; Heb. 2:4; 6:2).
 
Hechos 13:1-4 registra la comisión a un servicio especial. Es necesario reconocer que no se impuso las manos sobre Bernabé y Saulo para nombrarlos ministros de la iglesia, ni para constituirlos apóstoles, ni para darles algún don especial. El texto indica que Bernabé y Saulo fueron “separados” o “apartados” (gr. “aforizo”) para una labor que Dios les encomendaba, lo cual indica que ellos fueron seleccionados para este propósito. Luego, leemos, “De allí navegaron a Antioquía, desde donde habían sido encomendados a la gracia de Dios para la obra que habían cumplido” (Hech. 14:26). Entonces, fueron seleccionados por el Espíritu Santo, separados por los hermanos, y cumplieron su obra.
 
Debemos prestar atención a un detalle que suele pasar desapercibido. El Espíritu Santo no dijo “Ayunen, oren e impongan las manos a Bernabé y Saulo”. El Espíritu Santo dijo. “Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado” (Hech. 13:2). Bernabé y Saulo fueron seleccionados por Dios para una obra de predicación. Debido a esto último, Lucas los llama “apóstoles”, es decir, “enviados” (Hech. 14:14).
 
Es importante reconocer que la imposición de manos no confirió a Pablo el apostolado. Pablo ya era apóstol de Cristo cuando le impusieron las manos en Antioquía (cf. Gal. 1:1,11-17), y no necesitaba algo más (cf. 2 Cor. 11:5; 12:12; Rom. 15:19). Los hermanos de Antioquía no podían impartir dones espirituales, y mucho menos, apostolados. Solamente los apóstoles de Cristo podían impartir algún don espiritual (cf. Hech. 8:14-18; 19:6; Rom. 1:11). Sin embargo, Bernabé y Pablo eran apóstoles de la iglesia de Antioquía, de la misma manera en que Epafrodito era un “mensajero” (gr. “apostolos”) de la iglesia de Filipos (Fil. 2:25). Así como Epafrodito fue enviado por la iglesia en Filipos, Bernabé y Saulo fueron enviados por la iglesia de Antioquía.
 
La imposición de manos era una práctica común en aquellos días. Debido a que los apóstoles imponían sus manos para impartir dones del Espíritu Santo, y efectuar sanidades, los cristianos adoptaron el mismo acto para ocasiones formales de apartar y encomendar. La costumbre era comprensible entre todos ellos, pero no era necesaria en sí misma para toda cultura y lugar.
 
Podríamos usar el mismo procedimiento hoy para nombrar (cf. 1 Tim. 4:14; 5:22). Sin embargo, siempre entendemos que hoy no se realiza selección, separación, llamado, ni envío, como se hizo en el primer siglo por una revelación específica del Espíritu Santo.
 
Es interesante que el Nuevo Testamento no ofrece detalles, ni ilustraciones, y mucho menos, demostraciones, de cómo imponer las manos. Esto es significativo. Las iglesias asignan deberes a hombres, y un apretón de manos, o una mano sobre el hombro, equivaldría a lo que leemos en el Nuevo Testamento sobre la imposición de manos en casos de nombramiento formal.
 
Así como el ósculo santo (cf. Rom. 16:16; 1 Cor. 16:20) equivale al saludo nuestro, la imposición de manos equivale a nuestra práctica formal de nombramiento.
 
Entonces, ¿podemos imponer las manos para nombrar formalmente? Sí, podemos hacerlo, pero no es necesario.