¿Se requiere la imposición de manos, como
registrada en Hechos 13:3, para que la iglesia envíe a los predicadores?
La imposición de manos fue un acto simbólico
que indicaba la concesión de un don, un encargo, o una bendición (cf. Ex.
29:10; Lev. 1:4; 3:8; Num. 8:9-11; 27:15-23; Deut. 34:9). Durante el primer
siglo, por el ministerio de los apóstoles de Cristo se impusieron las manos para
impartir el Espíritu Santo (Hech. 6:6,8; 8:17,18; 19:6; 2 Tim. 1:6), al
efectuar sanidades (Hech. 9:12; 28:8), y al encomendar a personas para un
servicio, función, u obra especial (Hech. 13:1-4; 1 Tim. 4:14; 5:22). No
obstante, ya no hay apóstoles obrando entre nosotros, el evangelio ya ha sido
confirmado, y la imposición de manos para impartir dones del Espíritu Santo y
efectuar sanidades ha cesado (cf. Mar. 16:20; Hech. 14:3; Heb. 2:4; 6:2). Hechos 13:1-4 registra la comisión a un
servicio especial. Es necesario reconocer que no se impuso las manos sobre
Bernabé y Saulo para nombrarlos ministros de la iglesia, ni para
constituirlos apóstoles, ni para darles algún don especial. El texto indica que
Bernabé y Saulo fueron “separados” o “apartados” (gr. “aforizo”) para una labor
que Dios les encomendaba, lo cual indica que ellos fueron seleccionados para
este propósito. Luego, leemos, “De allí navegaron a Antioquía, desde donde
habían sido encomendados a la gracia de Dios para la obra que habían cumplido”
(Hech. 14:26). Entonces, fueron seleccionados por el Espíritu Santo, separados
por los hermanos, y cumplieron su obra. Debemos prestar atención a un detalle que suele
pasar desapercibido. El Espíritu Santo no dijo “Ayunen, oren e impongan las
manos a Bernabé y Saulo”. El Espíritu Santo dijo. “Apartadme a Bernabé y a
Saulo para la obra a que los he llamado” (Hech. 13:2). Bernabé y Saulo
fueron seleccionados por Dios para una obra de predicación. Debido a esto
último, Lucas los llama “apóstoles”, es decir, “enviados” (Hech. 14:14). Es importante reconocer que la imposición de
manos no confirió a Pablo el apostolado. Pablo ya era apóstol de Cristo cuando
le impusieron las manos en Antioquía (cf. Gal. 1:1,11-17), y no necesitaba algo
más (cf. 2 Cor. 11:5; 12:12; Rom. 15:19). Los hermanos de Antioquía no podían
impartir dones espirituales, y mucho menos, apostolados. Solamente los
apóstoles de Cristo podían impartir algún don espiritual (cf. Hech. 8:14-18;
19:6; Rom. 1:11). Sin embargo, Bernabé y Pablo eran apóstoles de la iglesia de Antioquía,
de la misma manera en que Epafrodito era un “mensajero” (gr. “apostolos”) de la
iglesia de Filipos (Fil. 2:25). Así como Epafrodito fue enviado por la iglesia
en Filipos, Bernabé y Saulo fueron enviados por la iglesia de Antioquía. La imposición de manos era una práctica común
en aquellos días. Debido a que los apóstoles imponían sus manos para impartir
dones del Espíritu Santo, y efectuar sanidades, los cristianos adoptaron el
mismo acto para ocasiones formales de apartar y encomendar. La costumbre era
comprensible entre todos ellos, pero no era necesaria en sí misma para toda
cultura y lugar. Podríamos usar el mismo procedimiento hoy para
nombrar (cf. 1 Tim. 4:14; 5:22). Sin embargo, siempre entendemos que hoy no se
realiza selección, separación, llamado, ni envío, como se hizo en el primer
siglo por una revelación específica del Espíritu Santo. Es interesante que el Nuevo Testamento no
ofrece detalles, ni ilustraciones, y mucho menos, demostraciones, de cómo
imponer las manos. Esto es significativo. Las iglesias asignan deberes a
hombres, y un apretón de manos, o una mano sobre el hombro, equivaldría a lo
que leemos en el Nuevo Testamento sobre la imposición de manos en casos de
nombramiento formal. Así como el ósculo santo (cf. Rom. 16:16; 1
Cor. 16:20) equivale al saludo nuestro, la imposición de manos equivale a
nuestra práctica formal de nombramiento. Entonces, ¿podemos imponer las manos para
nombrar formalmente? Sí, podemos hacerlo, pero no es necesario.