¿Podría mi forma de adorar impedirme alcanzar
la vida eterna? ¿Es tan importante la adoración que ofrezco como para hacerme
convicto de castigo eterno? No son pocos los que dirán que no, que “no es tan
importante cómo adoremos con tal de que seamos sinceros y honestos”. No
obstante, por más que procuremos restarle importancia a este tema, la Biblia
enseña que tenemos el deber de adorar a Dios de forma aceptable, sin importar
los gustos o preferencias personales. Por lo tanto, dejando las opiniones y
tradiciones de lado, el factor decisivo es: “¿Qué enseña la Biblia?”.
Éxodo 20
Es muy interesante notar que cuando Dios
entregó los diez mandamientos a Israel a través de Moisés, ocupó espacio
suficiente para que los judíos observaran que su actitud y conducta en la
adoración era asunto grave: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo
que esté arriba en el cielo… No te inclinarás a ellas, ni las honrarás… No
tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano…” (Ex. 20:3-7). Debían entender
que no hay opciones de adoración, sino una forma aceptable de adoración. Dios
esperaba que su pueblo siguiera sus mandamientos al pie de la letra, sin
variación. Entonces, ¿por qué pensamos que Dios ha cambiado de parecer respecto
a la adoración que él merece? Sí, la ley mosaica ha sido anulada en la cruz (Col.
2:14; Ef. 2:15) y vivimos bajo un nuevo pacto (Heb. 8:6; Gal. 3:22-29), pero no
ha cambiado el hecho de obedecer a Dios al pie de la letra.
Jeremías 10
Dios no quería que su pueblo aprendiera el
camino de las naciones, y exhibió la necedad de los paganos al tributar
adoración a los ídolos (v.1-5). Entonces, Jeremías dijo algo que debemos
recordar de por vida: “Conozco, oh Jehová, que el hombre no es señor de su
camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos” (v.23). Mientras
las diversas culturas adoraban según su elección, y procuraban ordenar sus
propios pasos, se infatuaban y entontecían (v.8). “Mas Jehová es el Dios
verdadero; él es Dios vivo y Rey eterno” (v.10).
Malaquías
El último libro del Antiguo Testamento está
dedicado por completo al rechazo de Israel a la ley de Dios. Sencillamente, se
negaban a adorar a Dios como él lo había prescrito. El capítulo 1 evidencia
esto: “ofrecéis sobre mi altar pan inmundo… Y cuando ofrecéis el animal
ciego para el sacrificio, ¿no es malo? Asimismo cuando ofrecéis el cojo o el
enfermo, ¿no es malo? Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿acaso se agradará de
ti, o le serás acepto?” (v.7,8). Si a Dios no le importa cómo lo adoren,
¿por qué se molestaría en ocuparse de este asunto? Dios quería que se
arrepintieran de su mal camino, “Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros” (3:7).
Juan 4
La mujer samaritana argumentó a favor de la
tradición y las opciones para adorar, cuando dijo: “Nuestros padres adoraron
en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe
adorar” (v.20). Da la impresión de que no le parecía tan importante cómo
Dios fuese adorado. Sin embargo, el Señor Jesús le enseñó que la manera de
adorar sí importa y que pronto habría un cambio: “Vosotros adoráis lo que no
sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los
judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores
adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales
adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en
espíritu y en verdad es necesario que adoren” (v.22-24). Es asombroso contemplar cómo las excusas que
oímos a diario sobre la adoración ya existían cuando Jesús predicaba en Israel.
El argumento de la samaritana sigue vivo: “Nosotros siempre hemos adorado así”,
“Adoren donde quieran, yo adorare donde quiera”. Piénselo detenidamente. ¿Por
qué Jesucristo se molestaría en enseñar sobre la adoración si cualquier manera
es aceptable?
1 Corintios
Los corintios fueron reprendidos porque no
adoraban como es debido. No eran fieles cuando se reunían, y se congregaban
para lo peor (11:17,18), eran infieles durante la cena del Señor, comiendo y
bebiendo indignamente (11:20-34), no hablaban por turno, ni con intérpretes (14:27-31),
las mujeres hablaban en la asamblea (14:34,35), no se edificaban (14:3,5,12,26)
y su culto carecía de decencia y orden (14:40). Sin embargo, si podemos adorar
según nuestra predilección, ¿por qué los corintios debían corregirse?
Conclusión
Nuestra adoración debe agradar a Dios, de lo
contrario no alcanzaremos la vida eterna (cf. Mat. 15:9). Somos responsables de ofrecer la adoración conformada
al modelo del Nuevo Testamento.