La adoración y la salvación


 
Por Josué I. Hernández

 
¿Podría mi forma de adorar impedirme alcanzar la vida eterna? ¿Es tan importante la adoración que ofrezco como para hacerme convicto de castigo eterno? No son pocos los que dirán que no, que “no es tan importante cómo adoremos con tal de que seamos sinceros y honestos”. No obstante, por más que procuremos restarle importancia a este tema, la Biblia enseña que tenemos el deber de adorar a Dios de forma aceptable, sin importar los gustos o preferencias personales. Por lo tanto, dejando las opiniones y tradiciones de lado, el factor decisivo es: “¿Qué enseña la Biblia?”.
 
Éxodo 20
 
Es muy interesante notar que cuando Dios entregó los diez mandamientos a Israel a través de Moisés, ocupó espacio suficiente para que los judíos observaran que su actitud y conducta en la adoración era asunto grave: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo… No te inclinarás a ellas, ni las honrarás… No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano…” (Ex. 20:3-7). Debían entender que no hay opciones de adoración, sino una forma aceptable de adoración. Dios esperaba que su pueblo siguiera sus mandamientos al pie de la letra, sin variación. Entonces, ¿por qué pensamos que Dios ha cambiado de parecer respecto a la adoración que él merece? Sí, la ley mosaica ha sido anulada en la cruz (Col. 2:14; Ef. 2:15) y vivimos bajo un nuevo pacto (Heb. 8:6; Gal. 3:22-29), pero no ha cambiado el hecho de obedecer a Dios al pie de la letra.
 
Jeremías 10
 
Dios no quería que su pueblo aprendiera el camino de las naciones, y exhibió la necedad de los paganos al tributar adoración a los ídolos (v.1-5). Entonces, Jeremías dijo algo que debemos recordar de por vida: “Conozco, oh Jehová, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos” (v.23). Mientras las diversas culturas adoraban según su elección, y procuraban ordenar sus propios pasos, se infatuaban y entontecían (v.8). “Mas Jehová es el Dios verdadero; él es Dios vivo y Rey eterno” (v.10).
 
Malaquías
 
El último libro del Antiguo Testamento está dedicado por completo al rechazo de Israel a la ley de Dios. Sencillamente, se negaban a adorar a Dios como él lo había prescrito. El capítulo 1 evidencia esto: “ofrecéis sobre mi altar pan inmundo… Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio, ¿no es malo? Asimismo cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿no es malo? Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto?” (v.7,8). Si a Dios no le importa cómo lo adoren, ¿por qué se molestaría en ocuparse de este asunto? Dios quería que se arrepintieran de su mal camino, “Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros” (3:7).
 
Juan 4
 
La mujer samaritana argumentó a favor de la tradición y las opciones para adorar, cuando dijo: “Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar” (v.20). Da la impresión de que no le parecía tan importante cómo Dios fuese adorado. Sin embargo, el Señor Jesús le enseñó que la manera de adorar sí importa y que pronto habría un cambio: “Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (v.22-24).
 
Es asombroso contemplar cómo las excusas que oímos a diario sobre la adoración ya existían cuando Jesús predicaba en Israel. El argumento de la samaritana sigue vivo: “Nosotros siempre hemos adorado así”, “Adoren donde quieran, yo adorare donde quiera”. Piénselo detenidamente. ¿Por qué Jesucristo se molestaría en enseñar sobre la adoración si cualquier manera es aceptable?
 
1 Corintios
 
Los corintios fueron reprendidos porque no adoraban como es debido. No eran fieles cuando se reunían, y se congregaban para lo peor (11:17,18), eran infieles durante la cena del Señor, comiendo y bebiendo indignamente (11:20-34), no hablaban por turno, ni con intérpretes (14:27-31), las mujeres hablaban en la asamblea (14:34,35), no se edificaban (14:3,5,12,26) y su culto carecía de decencia y orden (14:40). Sin embargo, si podemos adorar según nuestra predilección, ¿por qué los corintios debían corregirse?
 
Conclusión
 
Nuestra adoración debe agradar a Dios, de lo contrario no alcanzaremos la vida eterna (cf. Mat. 15:9).
Somos responsables de ofrecer la adoración conformada al modelo del Nuevo Testamento.