Por Josué I. Hernández
Cuando enfrentamos situaciones difíciles
podemos sentirnos completamente solos, sin algún apoyo o refugio, entre la
espada y la pared, sin opciones. Tal vez, podemos sentir que nos ahogaremos por
la falta de trabajo, por la inseguridad social y por la enfermedad. Cuando
suceden estas cosas, ¿a quién acudiremos? ¿En quién pondremos nuestra
esperanza? ¿Pondremos nuestra esperanza en el gobierno o pondremos nuestra
esperanza en Dios? ¿Quién proveerá lo necesario?
