Dios proveerá



Por Josué I. Hernández
 

Cuando enfrentamos situaciones difíciles podemos sentirnos completamente solos, sin algún apoyo o refugio, entre la espada y la pared, sin opciones. Tal vez, podemos sentir que nos ahogaremos por la falta de trabajo, por la inseguridad social y por la enfermedad. Cuando suceden estas cosas, ¿a quién acudiremos? ¿En quién pondremos nuestra esperanza? ¿Pondremos nuestra esperanza en el gobierno o pondremos nuestra esperanza en Dios? ¿Quién proveerá lo necesario?
 
“Jehová-jireh” es el nombre que Abraham dio al monte Moriah según Génesis 22:14. “Jehová-jireh” es traducido “Jehová proveerá”. El monte Moriah es el monte sobre el cual se construyó el templo de Salomón (cf. Gen. 22:2; 2 Cron. 3:1), y cerca de ahí, Jesucristo, el cordero provisto por Dios, fue sacrificado. Dios le había dicho a Abraham que fuera a ese monte y sacrificara a su hijo, a su unigénito, a quien Abraham amaba 
tanto. Entonces, Abraham debía tomar una decisión, ¿confiaría en Dios o intentaría encontrar una salida confiando en sí mismo? Camino al monte, mientras Isaac cargaba la leña, le preguntó a su padre Abraham acerca del cordero para el sacrificio (Gen. 22:6,7), entonces Abraham, con la intención de sacrificar a su hijo, respondió: “Dios proveerá para sí el cordero para el holocausto, hijo mío” (Gen. 22:8, LBLA; cf. Heb. 11:17-19). Cuando Abraham alzó la mano para degollar a su hijo, el ángel del Señor lo detuvo, y a sus espaldas halló un carnero provisto por Dios, el cual sustituyó a su hijo. Dios proveyó tal como Abraham lo había dicho (Gen. 22:9-14).
 
Jesucristo dijo, “No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mat. 6:31-33). Piénselo detenidamente, si Dios provee para las aves (Mat. 6:26; cf. Luc. 12:6), ¿no cuidará también de sus hijos (cf. Luc. 12:7; Fil. 4:13)?
 
“Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre”
(Heb. 13:5).