La vida de Job



Por Josué I. Hernández

 
La Biblia registra la vida de Job para nuestra instrucción y aliento (Rom. 15:4). Lo primero que aprendemos de Job es cómo agradaba a Dios (Job 1:1). El Señor, cual padre complacido, estaba orgulloso de Job: “¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?” (1:8; 2:3). Pero, Satanás no estaba complacido con Job, y procuraba destruirlo para avergonzar a Dios (cf. Job 1:9-11; 2:4,5).
 
Lo que Job hizo bien
 
Job era irreprochable, piadoso, temeroso de Dios, apartado del mal (Job 1:1). Dios espera lo mismo de nosotros (cf. Ef. 1:4; 5:11).
 
Job era un líder espiritual en su hogar, consagrando a sus hijos, velando por ellos, y ofreciendo sacrificios a favor de ellos (Job 1:4,5). Dios espera que nos esforcemos en la crianza de nuestros hijos (Ef. 6:4).
 
A pesar de la avalancha de tribulaciones que lo aplastaba, Job no pecó contra Dios (Job 1:22; 2:10). Debemos reconocer que Dios prueba la fe (cf. Sal. 11:4,5; Prov. 17:3; 1 Cor. 10:13), pero que es pecado atribuirle a Dios las maliciosas intenciones de Satanás (cf. Sant. 1:17; 1 Ped. 5:8-10).
 
Lo que Job hizo mal
 
Job se dedicó demasiado a defenderse. Aunque no es malo presentar una defensa, debe hacerse con equilibrio y moderación (cf. Prov. 25:27; 27:2; 2 Cor. 10:12,18; 12:11,19). Luego, Job señaló a Dios por cosas que escapaban a su comprensión (Job 38:1-3; 40:6-9). Mientras mantenía su fe, planteaba preguntas que desafiaban a Dios, exigiendo saber las razones, pero siempre hablando de lo que no entendía ni podría comprender (42:3).
 
Lo que Job perdió
 
Job perdió su riqueza (Job 1:13-17), su familia (1:18,19; 2:9,10), y su salud (2:1-8). Y sus amigos, aunque comenzaron apoyándole con silenciosa compañía (2:11-13), luego le presionaban a que se arrepintiera de supuestos pecados que causaron su pérdida (4:1-11; 6:14-18) y no hablaron lo recto acerca de Dios al limitar su soberanía (42:7).
 
La Biblia nos informa sobre la paz y resignación inicial de Job (1:20-22), y luego nos informa cómo Job perdió la paciencia y expresó su frustración desmedidamente a sus amigos y a Dios.
 
Lo que Job ganó
 
Con un mayor y renovado espíritu de reverencia, Job se humilló en sincero arrepentimiento (Job 42:1-6). Aun no tenía las respuestas, pero había ganado un mayor conocimiento de Dios, “como viendo al Invisible” (Heb. 11:27). Job no se arrepentía de pecados que Satanás o sus amigos suponían. Sin embargo, había actuado con presunción alegando observar injusticia en el Señor. Entonces, el patriarca disfrutó de la finalidad misericordiosa del Señor (cf. Job 42:10-17; Sant. 5:11).
 
Conclusión
 
Hemos considerado lo que Job hizo bien, lo que hizo mal, lo que perdió y lo que ganó. ¿Qué de nosotros? ¿Qué estamos haciendo bien? ¿Qué estamos haciendo mal? ¿Qué estamos perdiendo? ¿Qué estamos ganando?