Benevolencia limitada



Por Josué I. Hernández
 

La iglesia no tiene responsabilidad ilimitada en el ámbito de la benevolencia como muchos creen. La obra benéfica de la iglesia se limita a los santos. Si alguno no está de acuerdo con esto, puede tomar su Biblia y comenzar a estudiar el tema desde Hechos 2, justo cuando la iglesia comenzó a trabajar.
 
Si lee con cuidado el capítulo 2 del libro Hechos no podrá encontrar un ejemplo de benevolencia apoyada por la iglesia que no sea entre los santos. Si dedicamos algo más de tiempo, podemos observar que todos los casos de benevolencia, apoyada por la iglesia local, son para los santos:
  • “Todos los que habían creído estaban juntos… vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno” (Hech. 2:44,45).
  • “Y la multitud de los que habían creído… tenían todas las cosas en común… todos los que poseían heredades o casas, las vendían… y se repartía a cada uno según su necesidad” (Hech. 4:32-35).
  • “En aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquéllos eran desatendidas en la distribución diaria” (Hech. 6:1).
  • “…los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar socorro a los hermanos que habitaban en Judea…” (Hech. 11:27-30).
  • “En cuanto a la ofrenda para los santos…” (1 Cor. 16:1,2).
  • “…el privilegio de participar en este servicio para los santos…” (2 Cor. 8:1-4).
  • “Cuanto a la ministración para los santos…” (2 Cor. 9:1).
  • “Mas ahora voy a Jerusalén para ministrar a los santos… hacer una ofrenda para los pobres que hay entre los santos que están en Jerusalén” (Rom. 15:25,26).
  • “Si algún creyente o alguna creyente tiene viudas, que las mantenga, y no sea gravada la iglesia, a fin de que haya lo suficiente para las que en verdad son viudas” (1 Tim. 5:16). La iglesia no debe encargarse de las viudas que tienen hijos o nietos que pueden cuidarlas. Piénselo detenidamente. Si el apóstol Pablo prohíbe a la iglesia suplir las necesidades de una viuda cristiana porque ella tiene familiares que pueden ayudarla, ¿por qué la iglesia tendría que suplir las necesidades de los no-santos? Difícilmente puede ser casualidad que la obra benéfica de la iglesia siempre se refiera a los santos.
 
Algunos piensan que Gálatas 6:10 y Santiago 1:27 son excepciones a la regla que observamos en los pasajes anteriores. Sin embargo, Gálatas 6:10 y Santiago 1:27 tratan de la responsabilidad del cristiano, como individuo, y no de la iglesia local. Es decir, estos pasajes tratan de las responsabilidades de los individuos cristianos, no de alguna responsabilidad de la iglesia con su tesorería. 
 
En los primeros 8 versículos de Gálatas 6 leemos instrucciones para los individuos cristianos, no para iglesias: “si alguno fuere sorprendido… los unos las cargas de los otros… el que cree ser algo… cada uno… sí mismo, y no en otro… cada uno llevará su propia carga… el que es enseñado… el hombre sembrare… el que siembra…”. El enfoque de Pablo en este pasaje no son las iglesias con su tesorería, sino el individuo cristiano con su capacidad.
 
1 Timoteo 5:16 traza una diferencia entre la responsabilidad de la iglesia con su tesorería, y la del individuo con la suya. Claramente el apoyo bíblico por parte de la iglesia a las viudas se limita a las viudas santas que no tienen familia que las cuide. Santiago 1:27 no contradice esto. Santiago trata de la responsabilidad del cristiano, como individuo: “todo hombre sea” (Sant. 1:19), “la ira del hombre” (v.20), “hacedores… oidores” (v.22), “si alguno… semejante al hombre” (v.23), “se considera a sí mismo” (v.24), “el que mira… no siendo oidor olvidadizo… hacedor de la obra… bienaventurado” (v.25), “si alguno… la religión del tal” (v.26).
 
Por supuesto, la obligación hacia un santo necesitado incluye a quienes son dependientes legítimos de ese santo, y esto a menudo incluye a niños y a viudas. Sin embargo, no conocemos alguna autorización bíblica que autorice a la iglesia local a participar en una obra de benevolencia para los no-santos. Esto puede ser impactante para algunos. Pero, hasta que no encontremos la autorización bíblica para involucrar a la iglesia en la benevolencia general, los insultos y las burlas seguirán demostrando que falta lo esencial, la autorización del Señor Jesucristo.