El cristiano y su dinero



Por Josué I. Hernández

 
El dinero ocupa un espacio importante en nuestra vida. Lo usamos como medio de intercambio, como pago por bienes y servicios, y para saldar deudas. Cada primer día de la semana ofrendamos monetariamente a Dios según fuimos prosperados (1 Cor. 16:2).
  
El dinero y las cosas que se pueden comprar con él pueden utilizarse para la gloria de Dios o como raíz de toda suerte de males. La Biblia habla extensamente sobre los diversos peligros asociados al dinero, por ejemplo:
  • Deudas (Prov. 22:7; 22:26,27; 27:13).
  • Comprometer la reputación para obtenerlo (Prov. 22:1; Ecles. 7:1; 1 Tim. 3:3).
  • Hacer del dinero la prioridad de la vida (Mat. 6:24).
  • La codicia (Col. 3:5; Ecles. 5:10).
  • La avaricia (Prov. 1:19; 15:27; Is. 56:11; 1 Tim. 6:10).
  • El derroche (Luc. 15:13,14).
  • Tacañería (Sal. 37:21; Prov. 19:6; Hech. 2:46; 20:35; 1 Tim. 6:18).
  • Confiar en las riquezas (Sal. 49:6; Prov. 11:28).
 
Sin embargo, la palabra de Dios también nos enseña que la riqueza es una defensa contra diversos males (Prov. 10:15; 18:11), por lo cual, entendemos que el dinero no es inherentemente malo. Salomón elogió la riqueza obtenida legítimamente (Prov. 13:11), y enseñó que el hombre bueno deja herencia a sus hijos y nietos (Prov. 13:22).
 
La riqueza atrae amigos, aunque el tipo de amigos que genera no siempre sean los mejores (Prov. 19:4). Pero, la riqueza bien usada puede lograr mucho bien (ej. 3 Jn. 1:5-8).
 
“No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma se alegre en su trabajo. También he visto que esto es de la mano de Dios” (Ecles. 2:24).
 
“He aquí, pues, el bien que yo he visto: que lo bueno es comer y beber, y gozar uno del bien de todo su trabajo con que se fatiga debajo del sol, todos los días de su vida que Dios le ha dado; porque esta es su parte. Asimismo, a todo hombre a quien Dios da riquezas y bienes, y le da también facultad para que coma de ellas, y tome su parte, y goce de su trabajo, esto es don de Dios. Porque no se acordará mucho de los días de su vida; pues Dios le llenará de alegría el corazón” (Ecles. 5:18-20).
 
La palabra de Dios condena el atesorar dinero para vivir en deleites y avaricia. Y también registra casos de piadosos ricos y piadosos pobres (ej. Luc. 16:19-31). Debemos reconocer ese equilibrio. Es decir, no hay nada intrínsicamente justo o injusto en la riqueza o la pobreza. No es pecado ser rico o ser pobre.