El retorno de Jesucristo


 
Por Josué I. Hernández

 
Después de que el Señor Jesús ascendió al cielo, un ángel apareció a los apóstoles para recordarles que el Señor volverá: “Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo” (Hech. 1:9-11). Los primeros cristianos necesitaban recordar las palabras del Señor: “vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Jn. 14:3). El apóstol Pablo instruyó a la iglesia de Corinto respecto a la cena del Señor, la cual nos recuerda su muerte mientras esperamos su regreso (1 Cor. 11:26). Al recordar a Jesucristo (2 Tim. 2:8), debemos recordar su regreso.
 
Estamos rodeados de una decadencia moral que parece aumentar cada día. En el trabajo, en los centros de estudio, en el vecindario, y en las redes sociales, el reino de las tinieblas se manifiesta en las vidas de los siervos de Satanás. Ahora, más que nunca, los cristianos necesitamos recordar el regreso del Señor Jesucristo. Los acontecimientos y las consecuencias eternas que rodearán su regreso nos motivan a resistir la decadencia moral y nos alientan a permanecer sobrios y velando (cf. Mat. 24:42,44; 2 Ped. 3:10).
 
No son pocos los líderes religiosos que enfatizan un solo aspecto del regreso del Señor: El arrebatamiento de los justos al cielo. Hablan poco del juicio final y el castigo eterno. Es más, algunos no creen que semejante castigo pudiese ocurrir. Sin embargo, cuando el Espíritu Santo habló del regreso de Cristo reveló varios acontecimientos o procesos que acompañarán su segunda venida. Es decir, el regreso del Señor abrirá más que un simple camino a la vida eterna en el cielo (cf. 1 Tes. 5:2-3; 2 Tes. 1:8-9).
 
El regreso del Señor será anunciado con voz de poder y trompeta de Dios: “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo” (1 Tes. 4:16). “en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles” (1 Cor. 15:52). Entonces, la resurrección será general, tanto de justos como de impíos, tal como lo declaró el Señor: “No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación” (Jn. 5:28-29). 
 
Cuando Cristo venga habrá destrucción repentina (1 Tes. 5:3), los “elementos” y las “cosas” que percibimos dejarán de existir (2 Ped. 3:10-12). Entonces, el juicio final seguirá a la resurrección general. La muerte y el hades entregarán a los muertos para que cada uno sea juzgado según sus obras (Apoc. 20:13). Este evento resultará en una separación definitiva (cf. Mat. 25:31,32). Como dijo el apóstol Pablo en Atenas: “Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos” (Hech. 17:30-31).
 
El regreso del Señor traerá consigo nuestra responsabilidad ante sus palabras: “El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero. Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar” (Jn. 12:48-49). Es necesario que cada uno permanezca en obediencia observando todo lo que Jesucristo mandó (cf. Mat. 28:20; Heb. 5:9).
 
El regreso del Señor será como “ladrón en la noche”, es decir, no hay manera de saber cuándo ocurrirá (cf. 1 Tes. 5:2). Por lo tanto, “Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor… estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis” (Mat. 24:42,44).
 
Las ilustraciones y parábolas del “Discurso de los olivos” (Mat. 24-25) contienen aspectos importantísimos que no debemos desatender: La responsabilidad personal, la oportunidad de obedecer, la rendición de cuentas, y la recompensa o el castigo.
 
Si somos fieles siervos, preparados y listos para el regreso de nuestro Señor, usando nuestros talentos y sirviendo a los demás, escucharemos: “Bien, buen siervo y fiel” (Mat. 25:21,23). Si somos infieles, el Señor nos dirá: “Siervo malo y negligente” (Mat. 25:26).
 
¿Estamos listos para el regreso del Señor? ¿Hemos obedecido su evangelio? ¿Somos fieles? ¿Qué sería de nosotros si Cristo vuelve hoy?