Después de que el Señor Jesús ascendió al
cielo, un ángel apareció a los apóstoles para recordarles que el Señor volverá:
“Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como
le habéis visto ir al cielo” (Hech. 1:9-11). Los primeros cristianos
necesitaban recordar las palabras del Señor: “vendré otra vez, y os tomaré a
mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Jn. 14:3). El
apóstol Pablo instruyó a la iglesia de Corinto respecto a la cena del Señor, la
cual nos recuerda su muerte mientras esperamos su regreso (1 Cor. 11:26). Al
recordar a Jesucristo (2 Tim. 2:8), debemos recordar su regreso. Estamos rodeados de una decadencia moral que
parece aumentar cada día. En el trabajo, en los centros de estudio, en el
vecindario, y en las redes sociales, el reino de las tinieblas se manifiesta en
las vidas de los siervos de Satanás. Ahora, más que nunca, los cristianos
necesitamos recordar el regreso del Señor Jesucristo. Los acontecimientos y las
consecuencias eternas que rodearán su regreso nos motivan a resistir la
decadencia moral y nos alientan a permanecer sobrios y velando (cf. Mat.
24:42,44; 2 Ped. 3:10). No son pocos los líderes religiosos que
enfatizan un solo aspecto del regreso del Señor: El arrebatamiento de los
justos al cielo. Hablan poco del juicio final y el castigo eterno. Es más,
algunos no creen que semejante castigo pudiese ocurrir. Sin embargo, cuando el
Espíritu Santo habló del regreso de Cristo reveló varios acontecimientos o
procesos que acompañarán su segunda venida. Es decir, el regreso del Señor
abrirá más que un simple camino a la vida eterna en el cielo (cf. 1 Tes. 5:2-3;
2 Tes. 1:8-9). El regreso del Señor será anunciado con voz de
poder y trompeta de Dios: “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz
de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo” (1 Tes. 4:16). “en
un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará
la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles” (1 Cor.
15:52). Entonces, la resurrección será general, tanto de justos como de impíos,
tal como lo declaró el Señor: “No os maravilléis de esto; porque vendrá hora
cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo
bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a
resurrección de condenación” (Jn. 5:28-29). Cuando Cristo venga habrá destrucción repentina
(1 Tes. 5:3), los “elementos” y las “cosas” que percibimos dejarán de existir (2
Ped. 3:10-12). Entonces, el juicio final seguirá a la resurrección general. La
muerte y el hades entregarán a los muertos para que cada uno sea juzgado según
sus obras (Apoc. 20:13). Este evento resultará en una separación definitiva
(cf. Mat. 25:31,32). Como dijo el apóstol Pablo en Atenas: “Pero Dios,
habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos
los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día
en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó,
dando fe a todos con haberle levantado de los muertos” (Hech. 17:30-31). El regreso del Señor traerá consigo nuestra
responsabilidad ante sus palabras: “El que me rechaza, y no recibe mis
palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en
el día postrero. Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me
envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar”
(Jn. 12:48-49). Es necesario que cada uno permanezca en obediencia observando
todo lo que Jesucristo mandó (cf. Mat. 28:20; Heb. 5:9). El regreso del Señor será como “ladrón en la
noche”, es decir, no hay manera de saber cuándo ocurrirá (cf. 1 Tes. 5:2). Por
lo tanto, “Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro
Señor… estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no
pensáis” (Mat. 24:42,44). Las ilustraciones y parábolas del “Discurso de
los olivos” (Mat. 24-25) contienen aspectos importantísimos que no debemos
desatender: La responsabilidad personal, la oportunidad de obedecer, la
rendición de cuentas, y la recompensa o el castigo. Si somos fieles siervos, preparados y listos
para el regreso de nuestro Señor, usando nuestros talentos y sirviendo a los
demás, escucharemos: “Bien, buen siervo y fiel” (Mat. 25:21,23). Si
somos infieles, el Señor nos dirá: “Siervo malo y negligente” (Mat.
25:26). ¿Estamos listos para el regreso del Señor?
¿Hemos obedecido su evangelio? ¿Somos fieles? ¿Qué sería de nosotros si Cristo
vuelve hoy?