La Biblia y los libros apócrifos


 
Por Josué I. Hernández

 
La Biblia católica contiene 73 libros, 7 de los cuales son “apócrifos” o “deuterocanónicos”. Estos libros son Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, 1 Macabeos y 2 Macabeos; los cuales se encuentran en el Antiguo Testamento de las Biblias católicas.
 
Llamamos “apócrifos” a esos libros que tienen ciertas semejanzas con los libros inspirados, pero que nunca fueron recibidos como palabra de Dios, aunque pretendían ser escritos por algún autor reconocido para legitimar su mensaje. Las estimaciones más conservadoras ubican la fecha de redacción de los apócrifos del Antiguo Testamento entre el siglo II y el I, antes de Cristo, en el período intertestamentario.
 
En pocas palabras, cuando se dice que un libro es “apócrifo”, sencillamente se indica que es “falso”; y cuando se dice que es “deuterocanónico”, se indica que no pertenece al canon.
 
Mientras creo que los apócrifos no son la palabra inspirada de Dios y, por lo tanto, no tienen lugar en la Biblia, también creo sinceramente que, las diferencias doctrinales entre los católicos y evangélicos no se deben fundamentalmente a los libros apócrifos en sí. En otras palabras, las Biblias de los católicos y de los no católicos no son la diferencia fundamental. Debido a lo anterior, uno puede usar la Biblia católica para enseñar la verdad de Cristo a pesar de los apócrifos en ella.
 
Nuestra confianza en la Biblia, tal como la tenemos, no se basa en la evidencia acumulativa provista por cada libro, sino en Dios quien prometió preservar su palabra (cf. 1 Ped. 1:23-25). No son pocos los académicos, y los estudios realizados por ellos, que nos permiten saber qué libros pertenecen al canon; pero estos hombres solo son instrumentos que Dios ha usado en el cumplimiento de su promesa de preservar su palabra.
 
Podemos estar seguros de que el Antiguo Testamento se conservó correctamente, porque Jesús y sus apóstoles lo usaron exactamente como lo aceptaban los judíos en aquel entonces, y jamás criticaron la decisión de los judíos sobre qué libros incluir. Esto demuestra fehacientemente que Dios cumplió su promesa y preservó su palabra. Dado que el Nuevo Testamento se preservó de la misma manera, podemos confiar en que su contenido corresponde fielmente a la verdad revelada en el primer manuscrito que se publicó.
 
En cuanto a qué libros pertenecen al Antiguo Testamento, es bien sabido que los judíos de la época de Jesús no aceptaban los libros apócrifos como inspirados. Sabían qué libros eran canónicos y cuáles no. Incluso la Biblia católica estándar suele incluir alguna nota donde se admite que los judíos no aceptaban libros, tales como, 1 Macabeos, etc.
 
Un argumento poderoso contra los libros apócrifos es que no son citados en el Nuevo Testamento. Piénselo detenidamente. Si Jesús y sus apóstoles hubiesen considerado el mensaje de los libros apócrifos como palabra de Dios, habrían pronunciado alguna defensa en su favor para citarlos como mensaje del cielo. Sin embargo, no lo hicieron.
 
Por último, debemos recordar que todos los libros del Antiguo Testamento contienen una legislación que no se aplica a nosotros como ley divina. Estamos de acuerdo en qué libros pertenecen al Nuevo Testamento, el cual contiene la ley divina vigente para nosotros hoy.