La Biblia católica contiene 73 libros, 7 de los
cuales son “apócrifos” o “deuterocanónicos”. Estos libros son Tobías, Judit,
Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, 1 Macabeos y 2 Macabeos; los cuales se
encuentran en el Antiguo Testamento de las Biblias católicas. Llamamos “apócrifos” a esos libros que tienen
ciertas semejanzas con los libros inspirados, pero que nunca fueron recibidos como
palabra de Dios, aunque pretendían ser escritos por algún autor reconocido para
legitimar su mensaje. Las estimaciones más conservadoras ubican la fecha de
redacción de los apócrifos del Antiguo Testamento entre el siglo II y el I,
antes de Cristo, en el período intertestamentario. En pocas palabras, cuando se dice que un libro
es “apócrifo”, sencillamente se indica que es “falso”; y cuando se dice que es
“deuterocanónico”, se indica que no pertenece al canon. Mientras creo que los apócrifos no son la
palabra inspirada de Dios y, por lo tanto, no tienen lugar en la Biblia,
también creo sinceramente que, las diferencias doctrinales entre los católicos
y evangélicos no se deben fundamentalmente a los libros apócrifos en sí. En
otras palabras, las Biblias de los católicos y de los no católicos no son la
diferencia fundamental. Debido a lo anterior, uno puede usar la Biblia católica
para enseñar la verdad de Cristo a pesar de los apócrifos en ella. Nuestra confianza en la Biblia, tal como la tenemos,
no se basa en la evidencia acumulativa provista por cada libro, sino en Dios quien
prometió preservar su palabra (cf. 1 Ped. 1:23-25). No son pocos los académicos,
y los estudios realizados por ellos, que nos permiten saber qué libros
pertenecen al canon; pero estos hombres solo son instrumentos que Dios ha usado
en el cumplimiento de su promesa de preservar su palabra. Podemos estar seguros de que el Antiguo
Testamento se conservó correctamente, porque Jesús y sus apóstoles lo usaron
exactamente como lo aceptaban los judíos en aquel entonces, y jamás criticaron
la decisión de los judíos sobre qué libros incluir. Esto demuestra fehacientemente
que Dios cumplió su promesa y preservó su palabra. Dado que el Nuevo Testamento
se preservó de la misma manera, podemos confiar en que su contenido corresponde
fielmente a la verdad revelada en el primer manuscrito que se publicó. En cuanto a qué libros pertenecen al Antiguo
Testamento, es bien sabido que los judíos de la época de Jesús no aceptaban los
libros apócrifos como inspirados. Sabían qué libros eran canónicos y cuáles no.
Incluso la Biblia católica estándar suele incluir alguna nota donde se admite
que los judíos no aceptaban libros, tales como, 1 Macabeos, etc. Un argumento poderoso contra los libros apócrifos
es que no son citados en el Nuevo Testamento. Piénselo detenidamente. Si Jesús
y sus apóstoles hubiesen considerado el mensaje de los libros apócrifos como
palabra de Dios, habrían pronunciado alguna defensa en su favor para citarlos
como mensaje del cielo. Sin embargo, no lo hicieron. Por último, debemos recordar que todos los
libros del Antiguo Testamento contienen una legislación que no se aplica a nosotros
como ley divina. Estamos de acuerdo en qué libros pertenecen al Nuevo Testamento,
el cual contiene la ley divina vigente para nosotros hoy.