Por Josué Hernández
"Recibid
al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones. Porque uno cree que
se ha de comer de todo; otro, que es débil, come legumbres. El que come, no
menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque
Dios le ha recibido" (Rom. 14:1,2).
Podemos aplicar la enseñanza de
Romanos 14 a las opiniones sobre las costumbres culturales e inocentes de la
época navideña, es decir, las costumbres inocentes que no implican la
observación religiosa de la Navidad.
Romanos 14 se aplica a los asuntos
de opinión, de libertad personal, a las cuestiones amorales e indiferentes en
sí mismas, y sobre las cuales no hay ley de Dios definida, ya que son asuntos
amorales.
Romanos 14 fue escrito en un
contexto de tensión entre judíos y gentiles. Se presentaron asuntos bien
definidos que ocasionaban roces, críticas y juicio de condenación, cuestiones que
no eran consideradas “inocentes” para los hermanos sensibles (Rom. 14:1-6,10). Estos
hermanos no podrían participar de tales cosas porque transgredían su conciencia
(v.23).
A su vez, estas cuestiones ocasionaban
el menosprecio de los hermanos que no eran afectados por la misma sensibilidad (Rom.
14:3,10); para ellos, la evidencia parecía bien fundamentada y consistente a la
luz de la libertad en Cristo (v.22).
Sin discutir sobre quien estaba en
lo correcto, y quien era el equivocado, Pablo presentó la doctrina de Cristo
como la solución al conflicto. Los hermanos en pugna debían enfocarse en sus
deberes delante del Señor a quien daremos cuenta (Rom. 14:10,12).
Aplicaciones
Hay cristianos sensibles en sus
convicciones a quienes debemos recibir sin contención (Rom. 14:1,2).
No debe existir menosprecio ni
condenación entre hermanos (v.3,4). Sencillamente, hay opiniones
diferentes (v.5,6) las cuales deben ser reguladas por la voluntad del Señor (v.7-9).
El tribunal de Cristo debe limitar
nuestra reacción (v.10-12).
Debemos dejar los juicios mutuos
y decidir no poner tropiezo a los hermanos (v.13).
Mientras que en cuanto a comidas
y días festivos “nada es inmundo en sí mismo”, algunos no confían que
esto sea así (v.14).
El amor exige renunciar a los derechos
y no menospreciar las sensibilidades (v.15).
Nos están observando y el
vituperio está a la puerta (v.16).
La vida en Cristo no consiste en
opiniones escrupulosas y juicios condenatorios, “porque el reino de Dios no
es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (v.17).
El siervo de Cristo agrada a Dios
y es aprobado por los hombres (v.18).
El egoísmo impide “la paz y a
la mutua edificación” (v.19).
No destruyamos la obra de Dios
por nuestras opiniones (v.20).
