¿Lleno del Espíritu, o lleno de Satanás?


Por Josué I. Hernández


         Pedro y Juan fueron arrestados por predicar la resurrección (Hech. 4:1,2). Fueron amenazados para que no enseñasen acerca de Jesucristo (Hech. 4:18). Luego, se reunieron con los demás discípulos y elevaron una oración a Dios, buscando fuerza para continuar predicando la palabra con denuedo (Hech. 4:23-30). Lucas, nos informa que “Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios” (Hech. 4:31, énfasis mío).
         En ese mismo tiempo, leemos acerca del caso de Ananías y Safira, quienes mintieron al vender una heredad fingiendo que daban la totalidad del dinero recibido (Hech. 5:1,2). El apóstol Pedro, preguntó: “Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad?” (Hech. 5:3, énfasis mío).

         Detengámonos un momento para pensar en lo siguiente. Estar llenos del Espíritu Santo, ocasiona que la persona hable la verdad revelada por el Espíritu (Jn. 8:32; 17:17; Ef. 1:13). Por el contrario, estar lleno de Satanás hace que la persona hable mentiras.
         Una persona puede estar llena del Espíritu Santo, o llena de Satanás, pero no puede estar llena de ambos. Es decir, no podemos vivir en justicia y pecado al mismo tiempo. No podemos tener el corazón dividido, sirviendo a Dios y a las riquezas, por ejemplo (Mat. 6:24).
         El Espíritu Santo nos llena de la misma manera en que Satanás nos llena. Si el Espíritu Santo nos llena directamente, y guía nuestros pensamientos directamente, también lo hace de la misma forma, Satanás. Pero, si Satanás nos llena directamente, entonces, no somos responsables de nuestras acciones. Lo cual resulta incoherente, ya que Ananías y Safira sufrieron las consecuencias de un pecado personal, sobre el cual tenían control, y por el cual eran responsables (Hech. 5:3-11).
Toda persona es responsable de ser llena del Espíritu Santo (cf. Hech. 11:24; Ef. 5:18). Toda persona puede ser llena del Espíritu Santo cuando oye su palabra para ser guiado por ella (cf. Col. 3:16; Ef. 5:18). Así también, cuando alguno presta atención a las tentaciones de Satanás, él le llenará y le guiará. Es tan simple como eso.
         Tenemos la opción de seguir al Espíritu o a Satanás. Cuando nos sujetamos a la revelación del Espíritu no andaremos conforme a la carne (Rom. 8:1,2) sino que llevaremos el fruto del Espíritu (cf. Gal. 5:16-24). Todo aquel que se sujeta al Espíritu Santo, será un hijo justo de Dios (1 Jn. 3:7). Todo aquel que se sujeta a Satanás, será un hijo del diablo (1 Jn. 3:10).

         Satanás y el Espíritu Santo se esfuerzan por persuadirnos. Es nuestra responsabilidad la decisión de ser llenos por la influencia de uno de ellos.

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