La alegría y el privilegio de ser miembro de una iglesia local fiel


Por Josué I. Hernández 



La iglesia del Señor fue concebida, diseñada, propuesta y ordenada por Dios desde la eternidad (Ef. 3:10,11). Es una institución espiritual que, en el sentido universal, está formada por todos los que van siendo salvos (Hech. 2:47).
El Señor no le asignó alguna organización, u obra colectiva, a la iglesia universal. Sin embargo, el Señor, en su sabiduría, sí le dio organización y obra a la iglesia local.

La iglesia en Filipos es un buen ejemplo de santos que adoran y trabajan con obispos y diáconos (Fil. 1:1). Cuando Pablo llegó a Jerusalén, buscó identificarse con semejante iglesia local. Pero, algunos le tenían miedo, debido a su pasado, y Bernabé tuvo que intervenir y asegurarles a los discípulos que Pablo era verdaderamente uno más de sus hermanos (Hech. 9:26-28). Tenemos varios ejemplos de iglesias locales de Cristo de las que leemos en el Nuevo Testamento, entre ellas están Antioquía, Corinto, Tesalónica, las siete iglesias de Asia, y otras muchas (Rom. 16:16).

Es una dicha, y un enorme privilegio, el ser miembro de una iglesia local. Una familia y un cuerpo, que cuando un miembro sufre, todos los miembros sufren con él, o si un miembro es honrado, todos los miembros se regocijan con él (1 Cor. 12:26). Toda congregación local es un conjunto de individuos organizados como miembros los unos de los otros (cf. Rom. 12:5).

¿Cuáles son algunos de los deberes que tenemos para con la congregación local de la cual somos miembros? Consideremos algunos de estos deberes a la luz de las sagradas Escrituras.

1. Apoyo completo. Cada miembro debe involucrarse de todo corazón en todas las obras bíblicas y espirituales que realiza la iglesia local. Cada uno debe hacer todo lo posible para mantener y potenciar el trabajo de la congregación local de la cual es miembro.

2. Plena participación. Cada uno de los miembros depende de la iglesia local para obtener aquel beneficioso espacio de adoración y edificación. Incluso, si surgen circunstancias que nos lleven a necesitar ayuda física podríamos buscar apoyo en la iglesia local. (cf. Hech. 2:44,45; 4:32-37; 6:1-7). Entonces, ¿sería justo depender de la iglesia para todo lo que se acaba de mencionar, pero al mismo tiempo, tener la actitud de "no cuenten conmigo"? Seguramente la iglesia local es un cuerpo que depende de cada uno de sus miembros para lograr todas las buenas obras bíblicas designadas por Cristo.

3. Asistencia fiel. El escritor a los hebreos nos dice que como miembros fieles de la iglesia local, nos consideremos los unos a los otros para estimularnos al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos, como es la costumbre de algunos faltos de entendimiento, sino exhortándonos los unos a los otros cada día (Heb. 10:24,25). Ciertamemte, debemos adorar a Dios cada primer día de la semana (Hech. 20:7; 1 Cor. 10:16,17; 11:17-34; 14:16; 16:1,2; Ef. 5:19; Col. 3:16; Apoc. 1:10). Sin embargo, deberíamos regocijarnos en todas las maravillosas reuniones cuando convenientemente nos congregamos en iglesia para estudios bíblicos y adoración, donde cada miembro hace su parte (Ef. 4:16), alegrándonos en el magnífico encuentro en la presencia de Dios (cf. Sal. 122: 1).

4. Apoyo financiero. Si somos miembros activos de algún club, asistimos a todas las reuniones, pagamos nuestras cuotas, etc. Cada uno hace su parte. Obviamente, la membresía en un club no es comparable a ser un miembro activo y fiel de una iglesia del Señor, que es la casa de Dios (1 Tim. 3:15). 
No es correcto esperar que la iglesia local nos brinde todo alimento y toda edificación espiritual sin nuestra total disposición a brindar nuestro apoyo financiero para el trabajo que la iglesia local debe hacer. El apóstol Pablo declaró:  "Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre" (2 Cor. 9:7). El Nuevo Testamento nos enseña a dar como hemos prosperado cada primer día de la semana (1 Cor. 16:1,2).

Por favor, use de una seria consideración a los puntos anteriores. ¿Deberíamos sentir una fuerte obligación para con la congregación local de la cual somos miembros? ¡La respuesta es obvia! Es un honor y un gran privilegio ser miembros de una iglesia local fiel. 

Que Dios nos bendiga mientras todos buscamos cumplir con nuestras obligaciones para con la causa del Señor en la congregación local. 
Tenemos deberes para con la iglesia local, porque primeramente tenemos el deber de ser fieles al Señor Jesucristo.

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