Interpretaciones subjetivas de sentimientos y experiencias


Por Josué I. Hernández


¿Escuchaste alguna vez la historia de un granjero que decidió dejar la agricultura y convertirse en un predicador? Cuando se le preguntó por qué tomó tal decisión, el granjero dijo: "Dios me llamó a predicar". Y cuando se le preguntó cómo lo llamó Dios a predicar, dijo que un día vio nubes en el cielo que se parecían a las letras "V", "P" y "C", e interpretó que las nubes significaban "Vayan a predicar a Cristo". Entonces, cuando se le preguntó cómo sabía que esas letras no representaban "Vayan a Plantar Calabazas", el granjero se quedó sin palabras, no sabía qué responder.
Esto ilustra el problema de basar las creencias religiosas en interpretaciones subjetivas de sentimientos y experiencias. En tal caso, siempre quedas con el problema de asumir por qué tal sentimiento signifique una cosa y no otra.
  
Un anciano mormón me dijo una vez que orara y preguntara en oración si el Libro de Mormón era de Dios. Cuando le preguntamos cómo debíamos esperar que Dios nos respondiera, dijo: "yo le pregunté a Dios si el Libro de Mormón era verdadero y experimenté un sentimiento cálido en mi pecho". Sin embargo, él no tuvo respuesta cuando le pregunté cómo sabía que un sentimiento cálido significaba "Sí, lo es", en lugar de "No, no lo es".
   
Con respecto a la religión y la salvación de nuestras almas, necesitamos algo más definido que interpretaciones subjetivas de vagos sentimientos de nubes en el cielo o sentimientos en el pecho. Gracias a Dios, tenemos todo lo necesario en las sagradas Escrituras (2 Tim. 3:16,17). Cuando leemos las Escrituras, podemos entender y saber precisamente lo que Dios nos está diciendo que hagamos. 
Entonces, amigo mío, no busques sentimientos vagos o experiencias misteriosamente interpretadas para conocer la voluntad de Dios. ¡Mira las Escrituras! 

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