El gran problema del analfabetismo bíblico


Por Josué Hernández


“y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden dar la sabiduría que lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús. Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra” (2 Tim. 3:15-17; LBLA)

La inmensa mayoría ignora las sagradas Escrituras. No entiende su propósito. No comprende su mensaje. Pero, antes de continuar, comencemos definiendo dos términos pertinentes. ANALFABETO: “Persona que no sabe leer ni escribir. Un iletrado”. ANALFABETISMO: “Cualidad o estado de analfabeto. Conjunto de personas analfabetas”.
Todos sabemos que cuán importante es la alfabetización para el progreso de una sociedad. Sin embargo, la alfabetización bíblica parecemos ignorarla, a pesar de su consecuencia espiritual y social. El problema es grave. Nuestras naciones veneran la Biblia, pero no la estudian, no la conocen, y son analfabetos en cuanto a su contenido y propósito.

¿Qué tan malo podría ser el analfabetismo bíblico?
Permíteme ilustrarlo con la información que captó cierta encuesta en los Estados Unidos:
-- Menos del 50% puede nombrar los cuatro relatos del evangelio.
-- 60% no puede nombrar 5 de los 10 mandamientos.
-- 80% cree que la frase “ayúdate que yo te ayudaré” es un pasaje de la Biblia.
-- 12% cree que Juana de Arco fue esposa de Noé.
-- 50% cree que Sodoma y Gomorra eran marido y mujer.
-- Un número considerable de encuestados afirmó que “el sermón del monte” lo predicó Billy Graham.

Sin lugar a dudas, el analfabetismo bíblico es veneno de Satanás, que está causando estragos en las vidas de individuos, familias, iglesias y comunidades; y sólo hay un antídoto divino para semejante veneno.

Analfabetismo Bíblico: Veneno de Satanás
El efecto inmediato de este veneno en el individuo es un conjunto de síntomas, entre los cuales están, la destrucción (cf. Prov. 1:24-32; Os. 4:1,6), el desaliento (Mat. 14:27-31; Sal. 23:4), la desorientación (Sal. 119:105), la inseguridad, la incertidumbre, y la depresión (Sal. 19:7-10; 119:111,165). Satanás sabe que el individuo analfabeto en cuanto a la Biblia andará sin esperanza y sin Dios en el mundo, muerto en delitos y pecados (Ef. 2:1,12). Satanás no necesita siempre de la falsa doctrina, la inmoralidad o la persecución, la ignorancia es su principal arma.
La iglesia local afectada con el analfabetismo bíblico sufrirá por la inmadurez de sus miembros (Heb. 5:12-14; Ef. 4:15), que estarán susceptibles al engaño engaño (Ef. 4:14; 2 Ped. 2:1-3) y propensos a la apostasía (Mat. 28:20; Hech. 2:42; 2 Jn. 9).
La sociedad afectada por el analfabetismo bíblico manifestará serios síntomas de perversión (cf. Isa 5:20; Fil. 2:15), en la cual cada ciudadano hará lo que bien le parece (cf. Jue. 21:25; Prov. 14:12; cf. Ex. 23:2). No debemos ir muy lejos para contemplar todo esto.

Alfabetización Bíblica: El antídoto de Dios
El antídoto comienza por el individuo. La solución es llenarnos del sagrado mensaje (Sal. 1:1-3; 119:97,98; Col .3:16). Aprender bien el contenido y propósito de las sagradas Escrituras (cf. 2 Tim. 3:15; Ef. 5:17), y seguir la verdad (Ef. 4:15) y andar en ella (3 Jn. 4).
El cristiano fiel reconocerá el valor de la edificación mutua (cf. Heb. 3:12-14; 10:24,25), y apreciará toda clase bíblica, toda reunión de los santos, como una oportunidad preciosa para la alfabetización bíblica (cf. 1 Cor. 14:26).
Los padres piadosos, reconociendo el gran peligro, instruirán a sus pequeños aun desde la primera infancia (2 Tim. 3:15). Es su responsabilidad entrenar a sus hijos (cf. Deut. 6:2,6,7,20,21; Ef. 6:4). Ciertamente, la iglesia local proporciona asistencia con clases para niños, sin embargo, los padres son quienes deben alfabetizar bíblicamente a sus hijos. Obviamente, los padres sabios apoyarán las clases para niños que la iglesia brinda a sus pequeños.
Los predicadores deben dedicarse a la oración y al ministerio de la palabra (cf. Hech. 6:4) predicando “a tiempo y fuera de tiempo” (1 Tim. 4:16; 2 Tim. 2:2; 4:1-5). Y nosotros debemos exigir, y esperar, que los predicadores cumplan fielmente su obra de alfabetización bíblica.

Superando el analfabetismo bíblico
Las iglesias deben recuperar el sentido de urgencia por la enseñanza bíblica, y enfatizar el conocimiento bíblico como un objetivo central. Creyentes que no saben, que no entienden, que no comprenden, la Biblia, no serán fieles discípulos de Cristo porque no conocen al Maestro.
No creeremos más de lo que sabemos, y no viviremos más alto de lo que creemos. Nuestras creencias siempre serán la base de nuestra conducta (cf. Prov. 23:7).
El analfabetismo bíblico, ha sido ocasionado por la ausencia de enseñanza bíblica en los hogares y en las iglesias. Y la solución será que los hogares e iglesias cumplan su responsabilidad divinamente designada.
Debemos atacar con urgencia el problema del analfabetismo bíblico, o un número espantosamente grande de compatriotas, cristianos incluidos, seguirán pensando que Sodoma y Gomorra vivieron felices para siempre.

“Ahora os encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia, que es poderosa para edificaros  y daros la herencia entre todos los santificados” (Hech. 20:32; LBLA).

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