Da palabras sabias



Por Josué Hernández


El presente artículo se basa en una promesa muy particular que Cristo hizo, y que creemos ha sido malinterpretada y mal aplicada por no pocos estudiantes de la Biblia, que aunque sinceros y bien intencionados, procuran hacer suya esta promesa del Señor:

“Pero cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué hablaréis; porque a esa hora se os dará lo que habréis de hablar. Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros” (Mat. 10:19,20, LBLA).

“Por tanto, proponed en vuestros corazones no preparar de antemano vuestra defensa; porque yo os daré palabras y sabiduría que ninguno de vuestros adversarios podrá resistir ni refutar” (Luc. 21:14,15, LBLA).

“Con toda oración y súplica orad en todo tiempo en el Espíritu, y así, velad con toda perseverancia y súplica por todos los santos; y orad por mí, para que me sea dada palabra al abrir mi boca, a fin de dar a conocer sin temor el misterio del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas; que al proclamar lo hable con denuedo, como debo hablar” (Ef. 6:18-20, LBLA).

La promesa consta de recibir el “como” y el “qué” hablar, sin preocuparse de antemano, según la cual no hay que proponer alguna exposición bíblica porque se recibirá al momento de la predicación la sabiduría necesaria para exponer, tanto así, que al abrir la boca, dicha palabra de Dios le será dada al expositor de la palabra.

Preguntamos, ¿debemos pedir que suceda exactamente lo mismo con nosotros o alguno de nosotros en el presente siglo XXI? ¿Debemos dejar de prepararnos de antemano para predicar la palabra? ¿Podrá la improvisación de alguno transformarse en un mensaje bien pensado y provechoso si solicitamos el cumplimiento de la promesa del Señor?

¿A quiénes fue hecha la promesa?

La promesa podría haber sido hecha sólo a uno de dos grupos, y será el contexto el que nos permitirá comprender esto:
  • A todos los creyentes: No importa el contexto. Podemos sacar la promesa de su entorno y aplicarla a todos los que prediquen hoy en día.
  • A los apóstoles: En el contexto inmediato aprendemos que Cristo hablaba a ellos. En el contexto remoto aprendemos que ellos fueron capacitados con poder de lo alto para ser testigos eficientes (cf. Jn. 16:13; Hech. 1:8; 2 Cor. 12:12). Por lo tanto, la promesa no es para todos los creyentes hasta el fin de los tiempos.


No olvidemos

  • Prepararnos de antemano para tener “el tema” y “la forma” de presentarlo bien definidos.
  • Orar pidiendo a Dios que bendiga el esfuerzo por comprender su voluntad, rogando que conceda lucidez mental y salud para que lo preparado resulte mejor de lo esperado.
  • Depender de Dios entendiendo que él obra en su providencia y bendice el esfuerzo de quien se esmera por usar bien su palabra y de quien está oyendo el mensaje.
  • Que si tenemos serias dudas acerca del hermano a quien concedimos el púlpito, nuestros temores no se solucionarán orando. Somos responsables de tener al hermano, o hermanos, más idóneos en el púlpito.
  • Tener cuidado de usar el nombre de Dios en vano, por peticiones, que aunque bien intencionadas, tuercen las Escrituras, y no nos quitan de nuestra responsabilidad en tener un púlpito fuerte.



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