Bíblico


Por Josué Hernández

 

Mucho se escribe y se predica sobre lo que es, o no, “bíblico”. Se habla mucho de aquello que parece “bíblico” en contraste con aquello que no lo es. Entonces, preguntamos, ¿qué significa que algo sea bíblico?

Obviamente, entendemos que “bíblico” es aquello que está en conformidad con la revelación de Dios en su palabra, la Biblia, pero hay más que podemos aprender y decir.

Para que algo sea bíblico no requiere que esté expresado explícitamente en las sagradas Escrituras, si está autorizado por implicación, es decir, genéricamente, en ella. El local de reuniones, la pila bautismal, la serie de predicación, la bandeja para recibir la ofrenda, el púlpito, la bandeja de las copitas de la cena, etc., son todas cosas “bíblicas” porque están autorizadas como recursos de ejecución que facilitan el cumplimiento de mandamientos específicos, sin suplantarlos, sino agilizando la obediencia a la instrucción de Dios en su palabra.

Bíblico es todo aquello basado en la correcta comprensión y aplicación de la Escritura en obediencia reverente. Los corintios cambiaron la cena del Señor por su propia cena, una fiesta para satisfacer el hambre (1 Cor. 11:20,21). Aunque le llamasen “cena del Señor” tal comida no lo era. No era “bíblico” lo que hacían.

Toda modificación del “quién”, el “qué”, el “cuándo”, el “dónde”, el “por qué” y el “cómo”, de la instrucción bíblica hace de la práctica en sí, una práctica no bíblica, aun cuando conserve algunas marcas de similitud con el patrón de las sanas palabras (2 Tim. 1:13).


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