La creación y el pecado

 
Por Josué I. Hernández

 
Hay mucha confusión sobre lo que la Biblia es en sí misma, y muchos solamente están repitiendo lo que otros afirman acerca de la Biblia. Pocos están estudiando la Biblia por sí mismos.
 
Hay una gran tragedia que está ocurriendo en el mundo, la cual es peor que cualquier guerra o pandemia, esta es la incomprensión de la Biblia. La incomprensión bíblica es “analfabetismo bíblico”.
 
Según cierta encuesta en los Estados Unidos:
  • Menos del 50% puede nombrar los cuatro relatos del evangelio.
  • 60% no puede nombrar 5 de los 10 mandamientos.
  • 80% cree que la frase “ayúdate que yo te ayudaré” es un pasaje de la Biblia.
  • 12% cree que Juana de Arco fue esposa de Noé.
  • 50% cree que Sodoma y Gomorra eran marido y mujer.
  • Un número considerable de encuestados afirmó que “el sermón del monte” lo predicó Billy Graham.
 
El analfabetismo bíblico es veneno de Satanás, que está causando estragos en las vidas de individuos, familias, y comunidades; y sólo hay un antídoto para semejante veneno: Estudiar la Biblia.
 
“y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden dar la sabiduría que lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús. Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra” (LBLA).
 
“Ahora os encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia, que es poderosa para edificaros y daros la herencia entre todos los santificados” (LBLA).
 
Lo que es la Biblia
 
La Biblia es la revelación de un hermoso y eterno plan que Dios ha hecho para la redención de la humanidad:
 
“según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él” (Ef. 1:4).
 
“conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor” (Ef. 3:11).
 
“quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio” (2 Tim. 1:9,10).
 
Todas las historias de la Biblia concuerdan unas con otras para formar un todo armonioso, y Cristo es el centro de la historia bíblica (cf. Gen. 3:15; 12:3; Deut. 18:18; 2 Sam. 7:12-17; Jn. 1:18).
 
No podemos entender plenamente el mensaje de la Biblia si la estudiamos desordenadamente, sin hallar ni respetar la conexión. El profesor de historia no enseña hechos históricos sueltos e inconexos (Cristóbal Colón y el motor de combustión interna, la conquista de América y el hombre en la luna, la filosofía griega y la pólvora). De la misma manera no podemos enseñar acerca del rey David y la iglesia en Corinto, Melquisedec y la conversión de Saulo, Jonás y la iglesia en Éfeso, Apocalipsis y los diezmos. La verdadera enseñanza bíblica enfoca el plan de redención de Dios para salvarnos en el orden en que éste fue desplegado. La Biblia enseña el desarrollo de este plan de Dios para la redención del hombre.
 
La creación y el pecado (Gen. 1-3).
 
Dios es el centro de la narración, y el hombre, es decir, el ser humano, es el interés principal de Dios.
  • El sustantivo “Dios” se repite 31 veces en Génesis 1. Todo lo que sucede en la narración es por Dios, “Y fue así”.
  • Dios (heb. “elohim”, sustantivo plural; Gen. 1:1; cf. 1:26; 11:7); “dijo” (singular), cuando Dios habla, algo pasa (Sal. 33:6-9; 148:5; Is. 55:11; Heb. 4:12). Dios “dijo, vio, llamó, creó, bendijo” (Gen. 1; verbos en singular).
  • Los verbos crear, formar, hacer, son términos intercambiables (cf. Ex. 20:11; Sal. 8:3; 33:6; 90:2; Prov. 3:19; 8:22-29; Is. 43:7; 45:7,18; Heb. 11:3). 
  • Los ángeles no ayudaron a Dios en la creación (cf. Is. 44:24).
 
La creación. Los primeros tres días, la esfera; los tres días siguientes, los habitantes. La creación tuvo un principio, Dios no.
  • Dios es eterno, “Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios” (Sal. 90:2).
  • La creación no un fin en sí, sino un medio para predicar un sermón (cf. Sal. 19:1; Luc. 12:24,27,28; Hech. 14:15-17; 17:24-28; Rom. 1:20).
  • La creación apunta a la grandeza de Dios (cf. Is. 43:7; Apoc. 4:11; Prov. 8:22).
 
El ser humano (Gen. 1:26-28), la “imagen y semejanza”, es decir, la imagen espiritual y personal de Dios.
  • El hombre es como Dios, porque el hombre puede razonar.
  • Tiene un espíritu que nunca dejará de existir.
 
La tentación y el pecado. Dios puso a Adán y Eva en un huerto perfecto (Gen. 2:9).
  • Toda planta deseable estaba allí. No había espinas o cardos; no había dolor ni pesar; no había ansiedad o temor.
  • Adán y Eva tenían acceso al árbol de la vida para que no tuvieran que morir. Lo mejor de todo, tenían pleno compañerismo con Dios mismo (Gen. 3:8).

LIBRE ALBEDRÍO: Si Dios hubiese creado un mundo en el cual no fuésemos libres de pensar, decidir y actuar, no podríamos elegir libremente amarle y servirle, y “lo correcto” siempre sería una acción ejecutada por seres autómatas que no pueden decidir, ni pensar, ni discernir. Cada cosa “buena” no sería apreciada ni agradecida, pues no habría contraste que hacer, porque “lo malo” no existiría.
  • En semejante escenario no haríamos realmente algo por nosotros mismos, y a la vez, no seríamos responsables de nuestras acciones. Y, debido a que el mal y la maldad no existirían, tampoco existiría el bien y la bondad. Sólo habría intenciones, pensamientos y acciones hechas por inercia, sin conciencia, sin libertad.
  • Para crearnos realmente libres, Dios puso en el ser humano la capacidad de discernir entre el bien y el mal, elegir entre los dos, y proceder conforme a esta elección (cf. Gen. 2:16,17; Jos. 24:15).

LA ELECCIÓN: Adán y Eva recibieron un mandamiento que les permitía ejercer su libre albedrío, “Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Gen. 2:16,17).

LAS CIRCUNSTANCIAS: Había comida en abundancia en el Edén; así que el hambre no provocó el comer del fruto prohibido. El huerto del Edén era tan grande que cuatro ríos lo cruzaban (Gen. 2:9-14), así que no hubo razón para que la tentación estuviera constantemente ante sus ojos.

EL PECADO: Cuando la serpiente tentó a Eva, ella fue seducida y comió del fruto prohibido. Ella lo dio a Adán y él comió también (Gen. 3:1-6). Desde entonces la humanidad se ha caracterizado por elegir pecar.
  • El pecado no es algo que se herede, sino algo que se comete, “Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley” (1 Jn. 3:4).
  • Todos han elegido pecar, “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Rom. 3:23). 

LAS CONSECUENCIAS: Adán y Eva llegaron a conocer la vergüenza, la culpa y el miedo (Gen. 3:7-13). Dios impuso sobre cada culpable una maldición. El dolor, la tristeza, problemas, espinas, muerte, separación del árbol de la vida, y lo peor de todo, la separación del compañerismo con Dios (Gen. 3:14-24).
  
Conclusión
 
Dios no fue sorprendido. Él sabía antes de la creación que el hombre sería débil, y había planeado cómo el hombre podía ser salvado (cf. Ef. 3:1011).
 
Entonces, cuando Adá
n y Eva renunciaron a la oportunidad de comunión plena con Dios, Dios mismo comenzó a desarrollar su plan de cómo el hombre podría vivir para siempre con él, con tal que el hombre aceptara sus términos.