La gula

 
Por Josué I. Hernández

 
Una de las amenazas más grandes para la salud en el presente siglo es la gula, la glotonería, es decir, aquel apetito desmedido por comer, apetito que resulta en ingerir desmesuradamente, lo cual produce un hábito morboso, y también es síntoma de un problema más profundo.
 
El propósito de Dios para el cuerpo
 
Todos necesitamos comer, y a todos nos gusta hacerlo. Así Dios nos diseñó: “Los alimentos son para el estómago y el estómago para los alimentos” (1 Cor. 6:13, LBLA). Dios ha creado tanto el estómago como los alimentos, y el hombre debe trabajar para comer (Gen. 2:15; 3:19). Sin embargo, lo que muchos están ignorando es el propósito espiritual que Dios le ha dado al cuerpo humano. 
 
El apóstol Pablo dijo a los corintios “¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” (1 Cor. 6:19, LBLA), semejante pregunta demandaba una respuesta positiva. El propósito del cuerpo es espiritual. Dios quiere que todo hombre use sus miembros físicos para servir a Cristo (1 Cor. 6:15), y los cristianos han de ser ejemplo de esto al presentar su cuerpo “en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios” (Rom. 12:1,2).
 
Cristo dijo, “Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre” (Jn. 6:27). El Señor enfatizó que el propósito de la vida es espiritual.
 
El dominio propio
 
La inconsecuencia evidente entre algunos santos de Dios es la falta de dominio propio a la hora de comer, lo cual les impide servir mejor a Cristo siendo ejemplos de dominio propio en una sociedad impía.
 
El principio más básico del dominio propio consiste en que el hombre tome solamente lo suficiente, lo que realmente necesite de las cosas que tiene por delante: “¿Hallaste miel? Come lo que te basta, no sea que hastiado de ella la vomites” (Prov. 25:16).  En esta parábola la “miel” puede significar cualquier cosa que el hombre desee tener o desee hacer, ya sea comida u otras cosas materiales.  Luego leemos: “Comer mucha miel no es bueno, ni el buscar la propia gloria es gloria” (Prov. 25:27). En el exceso no hay verdadera satisfacción ni sabiduría, y el principio de la sabiduría es el temor de Jehová (Prov. 1:7).
 
El dominio propio es una protección sin la cual el hombre queda sin defensa: “Como ciudad derribada y sin muro es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda” (Prov. 25:28).  En los tiempos antiguos los muros de una ciudad se erigían para su seguridad, por lo tanto, el hombre que no ejerce dominio propio queda derribado y sin protección en cuanto a su carácter: “Mejor es el lento para la ira que el poderoso, y el que domina su espíritu que el que toma una ciudad” (Prov. 16:32, LBLA).
 
El dominio debe ser aplicado a toda área de la vida, ya sea al sueño (Prov. 20:13), como a la ira (Prov. 14:17; 14:29; 29:11), y también al apetito por comida. No necesitamos más que “el pan necesario” para sobrevivir (Prov. 30:8).
 
Conclusión
 
Muchos no aceptan que la vida es un regalo precioso del Todopoderoso, y actúan sin temor de Dios maltratando sus cuerpos con exceso de comida. Nuestra sociedad está llena de glotones (cf. Tito 1:12).
 
Que los cristianos recordemos lo que dijo Pablo a los romanos: “Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo, y ninguno muere para sí mismo; pues si vivimos, para el Señor vivimos, y si morimos, para el Señor morimos; por tanto, ya sea que vivamos o que muramos, del Señor somos. Porque para esto Cristo murió y resucitó, para ser Señor tanto de los muertos como de los vivos” (Rom. 14:7-9, LBLA).
 
Cristo es Señor. Los que reconocen esto cuidan la salud de su cuerpo al ejercer el dominio propio (Hech. 24:25). Los que no reconocen esto, violan el propósito divino para su cuerpo y su vida, y sufrirán las consecuencias por su falta de temor de Dios.