El mundo y el mundano

 
Por Josué I. Hernández

 
Se afirma que alguno es un “mundano” cuando fornica, se emborracha o, simplemente, peca mucho, y que no es un mundano si llegó a ser bautizado y se congrega en alguna iglesia de Cristo.   
 
Esta idea es radicalmente errónea y, por lo tanto, totalmente equivocada. La Biblia no habla en tales términos. La definición de “mundo” y “mundano” tiene que ajustarse a la manera en que Cristo y sus apóstoles usaron el concepto.
 
El sustantivo “mundo” (gr. “kosmos”) es usado de tres maneras diferentes en el Nuevo Testamento. En primer lugar, “mundo” es el universo material que Dios llamó “bueno” (Hech. 17:24; Rom. 1:20; Gen. 1:31). En segundo lugar, “mundo” es la humanidad a quienes Dios ama (Jn. 3:16). En tercer lugar, “mundo” es el reino de Satanás que el cristiano debe aborrecer (cf. Sant. 1:27; 1 Jn. 2:15-17; 5:19). Este reino de Satanás, o “mundo”, es el presente estado de cosas (cf. Rom. 12:2), la potestad de Satanás (Hech. 26:18), el presente siglo malo (Gal. 1:4), la potestad de las tinieblas (Col. 1:13).
 
El mundo está compuesto de los “deseos de la carne”, es decir, la vida mundana del hombre corrupto (cf. Mat. 15:19,20; Gal. 5:19-21), los “deseos de los ojos”, es decir, el anhelo ilegal de cosas que podemos ver, por lo tanto, el codiciar y anhelar (cf. Col. 3:5-7), y la vanagloria de la vida, es decir, la ostentación y arrogancia (cf. 1 Cor. 1:26-31).
 
El apóstol Juan no considera cristiano al desobediente (cf. 1 Jn. 2:1-6) que aborrece a su hermano (cf. 1 Jn. 2:7-11). En fin, uno que fue bautizado puede llegar a ser un mundano, aunque siga congregándose, tomando la cena del Señor, cantando sin instrumentos, etc. Cristiano no es uno que se bautizó, sino uno que habiendo sido bautizado en Cristo es un discípulo de él (Hech. 11:26), persuadido de la verdad (Hech. 26:28) y que sufre por su fe (1 Ped. 4:16).
 
Diótrefes se congregaba, pero no estaba en el reino de los cielos, y, por lo tanto, él era un mundano (cf. 3 Jn. 9,10; Mat. 20:25-28). Los corintios tenían en plena comunión a un fornicario, y aunque este se congregaba, era un mundano (cf. 1 Cor. 5:1-13; Rom. 14:17; Ef. 5:8-12). Los hijos de Dios podrían caer de la gracia (cf. Rom. 6:1; Gal. 5:4; 1 Jn. 1:6,7) y pasarse al reino de las tinieblas (cf. 2 Tim. 4:10; 2 Ped. 21,22).
 
Solo hay dos ámbitos en los cuales una persona podría estar, no hay una tercera opción. Solo hay dos reinos, el reino de las tinieblas y el reino de Cristo (Col. 1:13). Si alguno no se ha entregado a Cristo voluntariamente (cf. Sal. 110:3; Hech. 9:6), si no se somete a la autoridad del rey (Mat. 28:18; Hech. 2:36; 4:12), y si no está luchando contra las fuerzas del mal (cf. Ef. 5:11; 6:12), no es un cristiano, y si no es un cristiano, es un mundano, es decir, uno que pertenece al mundo.
 
 
“El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama” (Mat. 12:30).