¿Por qué los católicos adoran a María?

 
Por Josué I. Hernández

 
Con el presente artículo no pretendemos citar a las autoridades católicas y su tradición, en lugar de ello queremos tratar este tópico de manera general, siempre basándonos en la autoridad de las sagradas Escrituras.
 
Debido a que María es tan especial en la historia bíblica, es fácil asumir para ella alguna posición especial y alguna reverencia asociada a su persona, sobre todo cuando alguno no estudia la Biblia diligentemente. Dicho de otro modo, podemos entender el por qué tanta gente ha llegado a reverenciar su imagen en servicio religioso. La razón, nuevamente, es el analfabetismo bíblico.
 
Todo comenzó hace varios siglos atrás, progresivamente. Los devotos de María acumularon una serie de elementos que se volvieron tradición, los cuales están basados tanto en la ficción de los supuestos, como en la realidad de algunos hechos históricos. De esta fusión derivaron poderes, prerrogativas y privilegios que la Biblia nunca reveló ni mucho menos permitió.
 
Dejando la tradición a un lado, la Biblia poco nos informa sobre los antecedentes de María. Es más, la sagrada Escritura quita a ella del enfoque de atención, para dejar a Cristo en el centro de la narración. No obstante, hay más leyenda en torno a María que alrededor de cualquier otro personaje bíblico. Entre las leyendas que rodean a María están las siguientes:
 
Madre de Dios. Esta es la base de los poderes y prerrogativas atribuidas por tradición a María. Si bien es cierto que Jesús nació físicamente de María, ninguna enseñanza bíblica respalda la noción de que María sea la madre de su divinidad. El Verbo tomó forma humana en el vientre de María (Jn. 1:1,14) por obra del Espíritu Santo (Luc. 1:35; Mat. 1:20). El Hijo de Dios siempre ha sido Dios (Mat. 1:23), pero Dios no tiene madre.
 
Virginidad perpetua. Mientras se usan algunas frases de la Biblia para respaldar esta noción, el Nuevo Testamento habla de la virginidad de María antes de la concepción de Jesús (Mat. 1:25; Luc. 1:34). Luego, el Nuevo Testamento indica que ella llegó a ser madre de varios hijos en su matrimonio con José (Mat. 1:25; 13:55,56).
 
Libre de pecados personales. María reconoció a Jesús como su Salvador, lo cual indica claramente que ella también necesitaba salvación (Luc. 1:47; cf. Rom. 3:23). Cristo murió por todos (2 Cor. 5:14,15; 1 Tim. 2:6).
 
Inmaculada concepción. Cuenta la leyenda que María fue concebida de manera única, sin la mancha del pecado original. Esta doctrina resultó de los falsos conceptos sobre el pecado original o depravación total hereditaria. En contraste con aquello, el apóstol Juan indica que el pecado es algo que personalmente se comete (1 Jn. 3:4; cf. Sant. 4:17). El apóstol Pablo señala que la muerte espiritual pasó a todos los hombres porque todos pecaron, no porque hayan heredado alguna naturaleza corrupta (Rom. 5:12).
 
Asunción corporal. Según la leyenda, Dios tomó milagrosamente el cuerpo de María. Nuevamente, esta enseñanza del catolicismo entra en conflicto con la Biblia, porque está establecido para los seres humanos que mueran y que sean juzgados (Heb. 9:27). Dicho de otro modo, nadie pondrá un pie en el cielo sin pasar primero por el juicio final (Jn. 5:28,29; 2 Cor. 5:10).
 
Adoración a María. Con mucha imaginación se pinta un cuadro en el cual María es objeto de adoración, a la vez que se adora a santos y ángeles. Pero, la Biblia prohíbe la adoración de las criaturas (cf. Jn. 4:24; 5:23; Hech. 10:25,26; Apoc. 22:8,9).
 
Oración a María. Se la considera “La segunda Eva” a través de la cual viene la vida y quien intercede a nuestro favor. Nuevamente, esta doctrina no es bíblica (cf. Hech. 10:26; Col. 3:17; Apoc. 19:10). Cristo es el mediador suficiente y eficaz (1 Tim. 2:5; Heb. 4:15,16).
 
Estas leyendas pueden entenderse con justicia como “doctrinas no reveladas por Dios” y, por lo tanto, como doctrinas “de los hombres” (cf. Mat. 21:25) que hacen vana la adoración (Mat. 15:9).