Esta noche vienen a pedirte tu alma

 
Por Josué I. Hernández

 
Advirtiendo severamente contra la avaricia, Jesucristo dijo: “La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?” (Luc. 12:16-20).
 
El materialismo aparta el corazón de la devoción a Dios (cf. Mar. 4:19; Luc. 8:14). Los hermanos en disputa por la herencia no se daban cuenta de ello (Luc. 12:13,14). Ciertamente, esta parábola es una advertencia contra la codicia (Luc. 12:15), y la aplicación es patente: “Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios” (Luc. 12:21).
 
“Él pensaba que “tenía” bienes, pero en esto estaba bien equivocado. Él dice, “Alma, tienes graneros llenos”, pero su alma no tenía interés alguno en sus graneros. El alma no se alimenta con lo que se guarda en graneros” (W. Partain, Notas sobre Lucas).
 
Es interesante notar que la parábola del buen samaritano es coronada con la exhortación, “Vé, y haz tú lo mismo” (Luc. 10:37). En cambio, la parábola que estamos estudiando implica la exhortación, “no vayas por el mismo camino”.
 
La vida es incierta. Hay demasiadas cosas que no podemos controlar. La mayoría de las personas mueren después de un declive gradual, ya sea temprano o más tarde. Pero, no todos mueren así. Algunos, como el hombre rico de la parábola, mueren en circunstancias insólitas, totalmente inesperadas. En un instante la muerte los toma por sorpresa y todos los planes de jubilación fracasan, y las cuentas son cerradas.
 
Para el avaro de la parábola el tiempo de preparación para el encuentro con Dios había finalizado. ¿Qué de nosotros? ¿Estamos preparados?