¿Qué debo hacer?


Por Josué I. Hernández

 
Saulo iba camino a Damasco para perseguir a los cristianos cuando Jesús se le apareció. La visión lo convenció de que Jesús era el Cristo. Sin duda alguna, el corazón de Saulo se inundó instantáneamente de culpa, y humildemente preguntó, “Señor, ¿qué quieres que yo haga?” (Hech. 9:6) y el Señor le respondió, “Levántate, y vé a Damasco, y allí se te dirá todo lo que está ordenado que hagas” (Hech. 22:10).
 
Tres días después, Ananías vino a Saulo con la respuesta a su pregunta. Esa respuesta está registrada en Hechos 22:16, “Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre”.
 
Levántate. Abrumado por la culpa, Saulo había estado ayunando y orando durante tres días (Hech. 9:9,11). Su arrepentimiento es admirable, y ahora había llegado el momento del alivio. Pero, la oración no fue la respuesta. En el libro Hechos ningún pecador del mundo recitó la oración del pecador para llegar a ser un hijo de Dios. Ananías le dijo a Saulo que había llegado el momento de obedecer, no de orar.
 
“Saulo era un hombre muy religioso, celoso, tenía conciencia limpia, tenía una fe no fingida, se había arrepentido, y oraba a Dios, pero todas estas cosas no le podían salvar” (B. H. Reeves).
 
Bautízate. Sumérgete. Esto es lo que significa el verbo. Si el bautismo es por aspersión o por derramamiento, Saulo habría tenido que levantarse para ser bautizado. El bautismo es una sepultura en Cristo, en su muerte, una semejanza de lo que él sufrió para proveer nuestra salvación (Rom. 6:3,4).
 
Lava tus pecados. En la mente de Saulo, su persecución de la iglesia lo convirtió en el principal de los pecadores (1 Tim. 1:15). Pero, no importaba lo que hubiera hecho, todos sus pecados podían ser perdonados en Cristo. Esto es cierto para todos nosotros (Rom. 3:24-26; 2 Cor. 5:17).
 
Algunos afirman que Saulo ya había sido perdonado antes de bautizarse. Pero, ¿esto no es lo que dijo Ananías? ¿Puede ser salvo quien no ha lavado sus pecados? Las expresiones “bautízate” y “lava tus pecados” son paralelas, en el mismo tiempo verbal. Dicho de otra manera, si Saulo ya había lavado sus pecados también ya se había bautizado, pero, no podemos interpretar el texto de tal forma. El bautismo es para el perdón de los pecados (Hech. 2:38). El agua en sí no tiene poder. No es el agua, sino el bautismo en agua (1 Ped. 3:21). El pecador tiene contacto con la sangre de Jesús (Rom. 5:9) cuando es bautizado en Cristo (cf. Rom. 6:3; Gal. 3:26,27; Col. 2:12).
 
Invocando su nombre.
El bautismo es en el nombre de Jesús (Hech. 2:38), es decir, en consideración de la persona de Jesucristo, bajo su autoridad. Es el ruego por una buena conciencia (1 Ped. 3:21). Invocar su nombre no es algo que decimos, sino algo que hacemos (cf. Mat. 7:21). Cuando leemos Hechos 2:21 y 2:38 vemos que la invocación se produce en el momento del bautismo.