Preparándonos para hacer el bien

 
Por Josué I. Hernández

 
Cerca del final de su epístola a los corintios, el apóstol Pablo les dio instrucciones acerca de cómo debían reunir fondos para hacer su trabajo como iglesia, “Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas” (1 Cor. 16:2). Estas instrucciones no eran exclusivas para la iglesia en Corinto. Pablo entregó las mismas instrucciones a las iglesias que enseñaba (cf. 1 Cor. 4:17; 16:1).
 
Uno de los principios que vemos aquí es el de preparación. El apóstol no quería llegar a Corinto y que los hermanos improvisaran alguna ayuda para los santos necesitados de Jerusalén. Pablo les dijo que estuvieran atesorando cada primer día de la semana, para que su donativo estuviera listo cuando él llegara.
 
Por lo tanto, hay diferencia entre sentir y hacer, hablar y actuar. Una cosa es tener el deseo de hacer el bien, otra cosa es ayudar a los que están en necesidad. Una cosa es hablar de lo bueno que es ayudar a los necesitados, otra cosa es prepararnos para hacerlo cuando se presente la ocasión.
 
Cuando nos disponemos a hacer algo, debemos prepararnos para hacerlo. Ya sea que estemos hablando de la acción de la iglesia local (acción colectiva), o de lo que debemos hacer nosotros los individuos (Gal. 6:10; Ef. 4:28; 1 Tim. 5:16), siempre debemos trabajar para estar en posición de ayudar cuando surja la oportunidad.
 
¿Está usted preparado para hacer el bien? Necesitamos trabajar duro y ahorrar para estar en condiciones de hacer el mayor bien posible.