El apóstol Pablo
escribió, “Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones,
peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por
todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en
toda piedad y honestidad” (1 Tim. 2:1,2). En este pasaje aprendemos tres
lecciones sobre la oración.
La oración es una
prioridad
Luego de un capítulo
introductorio adornado de maravillosas exhortaciones, Pablo instruyó acerca de
la oración. Esto no significa que la oración sea la parte más importante de la
adoración, pero sin duda indica su prioridad. La oración siempre es necesaria.
En todo tiempo y sin cesar (Ef. 6:18; 1 Tes. 5:17). Estamos naturalmente
motivados a orar en tiempos difíciles, pero la oración debe ser una prioridad
constante. Todos debemos examinarnos
sobre el tiempo que dedicamos a la oración, ¿es tiempo suficiente? ¿Es tiempo
de calidad? ¿Soy constante en la oración? ¿Qué tan constante?
La oración tiene
diferentes aspectos
Pablo usó cuatro
términos diferentes, “rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias”.
Las rogativas son “súplicas” o “plegarias”, lo cual sugiere una necesidad, y
luego, un pedido para suplir dicha necesidad. Las oraciones indican el aspecto
más amplio, o general, lo cual indica todo tipo de comunicación reverente con
Dios. Las peticiones son “plegarias de intercesión” o “súplicas a favor de
otros”. Y, las acciones de gracias son las “expresiones de gratitud” por lo
favores recibidos. El punto es que hay
diferentes tipos de oraciones, o dicho de otro modo, la oración tiene varios
fines o aspectos diferentes. Cada aspecto de la oración puede ser más o menos
específico, según las circunstancias. Si bien es probable que una sola oración
incluya todos estos elementos, no siempre es así. Algunas oraciones tiene un
solo propósito. Siendo así el caso, algunas oraciones serán más largas, otras
más breves. Por lo tanto, no hay límite para la oración, siempre podemos orar,
sea por necesidades, sea por bendiciones, a lo largo del día.
La oración no se
trata de uno mismo
Nuestro pasaje
enfatiza la oración a favor de los demás. Otros pasajes nos instruyen a orar
por nuestros hermanos. Es más, hay pasajes donde somos enseñados a orar por
nuestros enemigos (cf. Mat. 5:43-48). El interés en el bienestar presente y eterno
de los demás, es una característica distintiva del corazón del cristiano. Entonces, mientras nos
mantenemos orando por lo que sea que nos esté preocupando (Fil. 4:6), no nos
perdamos la gran enseñanza de Dios respecto a la oración. La Biblia dice que la
oración debe estar enfocada en fines espirituales y eternos. En nuestro texto,
la oración por los líderes civiles no involucra las preferencias políticas de
uno, sino la vida piadosa conforme al plan de Dios (1 Tim. 2:3,4). Recordemos que en el
mismo sermón en el cual el Señor Jesucristo dijo, “Pedid, y se os dará;
buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Mat. 7:7), también él dijo
que debemos buscar “el reino de Dios y su justicia” (Mat. 6:33). En fin,
nuestras oraciones deben reflejar corazones espiritualmente enfocados, “Hágase
tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Mat. 6:10).