“Me he portado como un necio”

 


Por Josué I. Hernández

 
El título del presente artículo es tomado de la admisión de un rey de Israel, Saúl. Ciertamente esta es una admisión asombrosa. ¿Por qué Saúl dijo esto? ¿Qué le impulsó a decirlo? Estudiemos el caso, y procuremos hacer algunas aplicaciones.
 
Saúl estuvo persiguiendo a David para matarlo, como si David fuese una amenaza. Descuidando a toda la nación, el rey de Israel buscaba la vida de un solo hombre. Una noche, cuando Saúl y sus soldados dormían, David entró sigilosamente en el campamento, y tomó la lanza y el cántaro del rey. Luego, desde una distancia segura David despertó a Saúl y sus hombres. Ciertamente, David no era una amenaza, ¿sería sabio continuar persiguiéndole? Entonces, “Respondió Saúl: He pecado. Vuelve, hijo mío, David, no te haré ya ningún mal, ya que mi vida ha sido hoy preciosa a tus ojos. Me he portado como un necio y estaba totalmente equivocado” (1 Sam. 26:21, JER).
 
Saúl obró “como un insensato” (NC), actuando “neciamente” (LBLA), cuando dejó volar su imaginación. ¿Cómo llegó a suceder algo así? Cuando las multitudes aclamaron a David por sus éxitos en batalla, David llegó a convertirse en una amenaza, “Y desde aquel día Saúl no miró con buenos ojos a David” (1 Sam. 18:9). La sospecha se convirtió en temor, “Y viendo Saúl que se portaba tan prudentemente, tenía temor de él” (1 Sam. 18:15), y luego, el temor se convirtió en miedo, “tuvo más temor de David; y fue Saúl enemigo de David todos los días” (1 Sam. 18:29).
 
Saúl obró “como un insensato” (NC), actuando “neciamente” (LBLA), al obsesionarse con su preocupación. Varias veces trató de matar a David, involucrando a sus hijos en sus complots. Su odio tensó las relaciones con su hijo Jonatán, quien amaba a David. Incluso, cuando David huyó al desierto, Saúl no podía vivir en paz, “y lo buscaba Saúl todos los días” (1 Sam. 23:14).   
 
Saúl obró “como un insensato” (NC), actuando “neciamente” (LBLA), cuando se negaba a escuchar razones. Más de una vez, Jonatán intercedió por David, recordándole a Saúl que las acciones de David demostraban que era un buen hombre, un amigo confiable, no un enemigo (cf. 1 Sam. 19:4,5). Cualquier efecto positivo duró poco, mientras Saúl se dejaba influenciar por malos consejeros (cf. 1 Sam. 24:9; 26:19).
 
Saúl obró “como un insensato” (NC), actuando “neciamente” (LBLA), al negarse a aprender de la experiencia. David pudo matarle en más de una ocasión. Habiéndose ganado el corazón del pueblo, David podría haber arrebatado el reino a Saúl, pero no lo hizo. En 1 Samuel 24, leemos de una ocasión cuando David podría haber matado fácilmente a Saúl, sin embargo, le perdonó la vida, “Saúl dijo: ¿No es esta la voz tuya, hijo mío David? Y alzó Saúl su voz y lloró, y dijo a David: Más justo eres tú que yo, que me has pagado con bien, habiéndote yo pagado con mal. Tú has mostrado hoy que has hecho conmigo bien; pues no me has dado muerte, habiéndome entregado Jehová en tu mano. Porque ¿quién hallará a su enemigo, y lo dejará ir sano y salvo? Jehová te pague con bien por lo que en este día has hecho conmigo” (1 Sam. 24:16-19). A pesar de la admisión, y la reacción emocional, Saúl no cambió.
 
La insensatez de Saúl no trajo más que miseria a su vida, a su familia y a su reino. Todos los que le rodeaban fueron afectados por su necedad. Debemos aprender del error de Saúl (cf. Rom. 15:4). No dejemos que la especulación imaginaria se apodere de nosotros. No permitamos que ningún problema, imaginario o real, se vuelva una fuerza predominante en nuestra vida. Escuchemos el buen consejo de quienes intentan ayudarnos. Aprendamos de la experiencia, ya sea nuestra propia experiencia como la de otros. Comprometámonos con los cambios que necesitamos realizar para agradar a Dios.
 
Sin duda alguna, Saúl obró “como un insensato” (NC), actuando “neciamente” (LBLA), al desconfiar de Dios. Este fue su pecado fundamental, su máxima necedad. Como dice la Biblia, “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza” (Prov. 1:7).