El calvinismo y la obra del Espíritu Santo



Por Josué I. Hernández

 
Se ha dicho que “no es necesario saber quién era Juan Calvino para difundir sus doctrinas”. Hay razón en esto porque el calvinismo, o teología reformada, ha leudado la mentalidad de tantos, que las expresiones calvinistas son frecuentes. Tanto así que, si no estamos bien educados con las sanas palabras del Señor Jesucristo, podemos usar expresiones calvinistas sin percatarnos de ello.
 
Cada vez que alguno afirma: “siento que Dios me está guiando en esto”, o declara: “creo que el Espíritu Santo me mueve a predicar esto”, estamos oyendo expresiones calvinistas. Lo mismo sucede cuando alguno ora por el predicador: “que tu Santo Espíritu esté con él”, o “que le sean dadas las palabras adecuadas”. En casos como estos, podemos observar a quienes han sido afectados por las ideas calvinistas sobre la obra del Espíritu Santo en nuestra salvación y servicio a Dios.
 
Muchos de los estudiantes de la Biblia que afirman creer en la suficiencia de las sagradas Escrituras también buscan alguna revelación directa y personal del Espíritu Santo en sus corazones, alguna ayuda directa para interpretar y predicar el mensaje de la Biblia, o alguna emoción que les convenza de que están haciendo lo correcto. Luego, en lugar de vivir por fe, convicción, y confianza, en la revelación de Dios en su palabra (cf. Rom. 10:17; 2 Cor. 5:7; Heb. 11:1,6), viven por ideas y sensaciones que distraen sus mentes del mensaje de la Biblia (2 Tim. 3:16,17); entonces, la convicción es desplazada por las emociones y sensaciones. En semejante escenario, el mensaje de Dios revelado objetivamente, y por escrito, es rechazado por diversas apelaciones subjetivas, y dejamos el necesario “escrito está” (cf. Mat. 4:4,7,10).
 
La Biblia nos enseña que debemos ser guiados por el Espíritu Santo (Rom. 8:14), y también revela que hay una “ley del Espíritu” que obedecer (Rom. 8:2). En otras palabras, somos responsables de ser llenos del Espíritu Santo (Ef. 5:18) y de andar en el Espíritu (Gal. 5:16,25), siguiendo su guía (Gal. 5:18). Pero, esta guía no es subjetiva y milagrosa, sino objetiva y general, puesta por escrito para todos nosotros.
 
El Espíritu Santo y los apóstoles
 
El Espíritu Santo enseñaría todas las cosas, y recordaría todo lo que Cristo dijo, a los apóstoles (Jn. 14:25,26). Así, pues, los apóstoles de Cristo fueron guiados a “toda la verdad” (Jn. 16:13). Esta obra del Espíritu en los apóstoles fue realizada desde el día de Pentecostés (cf. Hech. 1:5-8). Esta promesa de Cristo no fue dada a todos los discípulos, el Señor mismo la limitó a sus apóstoles.
 
Debido a lo anterior, el apóstol Pablo atribuyó la fuente de la verdad que predicaba al Espíritu Santo (cf. 1 Cor. 2:6-13), y escribiendo a los corintios declaró: “Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado… Si alguno se cree profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor” (1 Cor. 11:23; 14:37). A los gálatas escribió: “Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo” (Gal. 1:11,12).
 
Los apóstoles recibieron las palabras que debían predicar, y la forma en que debían expresarlas (cf. Mat. 10:19,20; Mar. 13:11; Luc. 21:14,15; Ef. 6:18-20). En cambio, nosotros debemos estudiar y aprender el mensaje de Dios en la Biblia para obedecerlo y luego predicarlo, “leyendo lo cual podéis entender” (Ef. 3:4).
 
Mientras los apóstoles no debían preocuparse por cómo o qué hablarían, porque el Espíritu Santo hablaba en ellos (Mat. 10:19,20), nosotros debemos prepararnos por cómo y qué hablaremos al momento de predicar (2 Tim. 2:15; 1 Ped. 4:11). Mientras los apóstoles hablarían lo que les fuere dado en aquella hora (Mar. 13:11), nosotros debemos preparar nuestro sermón apegados a la revelación escrita en la Biblia. Esto requiere estudio y preparación diligente. A nosotros nos toca pensar antes, porque no nos será dada palabra directa y milagrosamente como a los apóstoles (cf. Luc. 21:14,15). Es bueno orar para que los predicadores prediquen con sabiduría y denuedo, pero ningún predicador de la actualidad recibirá alguna revelación directa al abrir su boca (cf. Ef. 6:19).
 
Los apóstoles fueron capacitados como testigos eficientes (cf. Mar. 16:20; Hech. 1:8; 2 Cor. 12:12), y el cumplimiento de esta promesa maravillaba a los auditores (cf. Hech. 4:13; 1 Cor. 2:12,13). Luego, otros hombres, sobre los cuales los apóstoles impusieron sus manos, fueron capacitados con dones del Espíritu Santo (cf. Hech. 8:18; 19:6; 2 Tim. 1:6), entre estos dones estaba la profecía (cf. 1 Cor. 12:8-11; 14:5; Ef. 4:11). De esta manera, la iglesia de Cristo fue edificada, “sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo” (Ef. 2:20).
 
El Espíritu Santo y nosotros
 
El Espíritu Santo no produce en nosotros alguna sensación estimulante, alguna pista, algún empujón sensacional, alguna emoción iluminadora. El Espíritu Santo no nos guía por corazonadas, ni por alguna voz en nuestro corazón. El Espíritu Santo nos guía por medio de su palabra, “la palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1 Ped. 1:23), “la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios” (Ef. 6:17), “ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús” (Rom. 8:2).
 
Nos corresponde hablar conforme a las palabras de Dios (1 Ped. 4:11), sin pensar más allá de lo que está escrito (1 Cor. 4:6). Debemos tener libro, capítulo y versículo, para todo lo que creemos, hablamos y hacemos, es decir, un “escrito está” que fundamente nuestras convicciones, palabras y acciones: “Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él” (Col. 3:17).
 
Así como un cirujano interviene en el corazón con un bisturí, el Espíritu Santo obra en el corazón espiritual con su espada, “la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios” (Ef. 6:17; Heb. 4:12), esta es “la ley del Espíritu” (Rom. 8:2), la palabra del evangelio (1 Cor. 2:6-13; 1 Ped. 1:12,23,25).