Mientras reconocemos que la idea de un rapto
secreto es popular, debemos reconocer que también es desconocida en las sagradas
Escrituras. Es decir, la Biblia no enseña algún rapto secreto de la iglesia. Raptar es un delito en el cual se sustrae o
retiene a una persona por medio de la fuerza, intimidación o fraude. Raptar es
propio del criminal que violentamente secuestra. Sin embargo, Cristo no viene a
secuestrar a su pueblo. El apóstol Pablo dice “arrebatados”, no dice
“raptados” (1 Tes. 4:17). Cuando Pablo dijo “arrebatados” usó el verbo griego
“jarpázo”. “Este verbo comunica que se ejerce una fuerza de una manera súbita”
(Vine; cf. Hech. 8:39). Tuercen las sagradas Escrituras los que
predican el rapto (2 Ped. 3:16), lo cual debe motivarnos a someter a prueba su doctrina, “escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran
así” (Hech. 17:11; cf. 1 Tes. 5:21). Debemos hablar como la Biblia habla (1 Ped.
4:11) sin ir más allá de lo que está escrito (cf. 1 Cor. 4:6; 2 Jn. 9). Si notamos
que alguna doctrina usa lenguaje desconocido en la Biblia, aquella doctrina ha
de tener un problema subyacente. La verdad del Señor se ha expresado en palabras
(Jn. 8:32; 1 Cor. 2:13), pero el falso maestro no podría usar la terminología
bíblica sin quedar expuesto en su error.