Interpretando la morada del Espíritu Santo



Por Josué I. Hernández

 
La Biblia enseña claramente que el Espíritu Santo mora en los cristianos, no obstante, pocos se detienen a estudiar cuidadosamente las sagradas Escrituras para observar la manera en que esto sucede. Con el presente estudio no cuestionamos si realmente el Espíritu Santo mora en los cristianos, creemos que sí, y lo creemos porque la Biblia lo dice. Sin embargo, queremos enfocar la manera, o forma, en que esta morada sucede.
 
Expresiones retóricas
 
Una figura retórica de uso común es la metonimia. Esta figura consiste en designar algo con el nombre de otra cosa, tomando el efecto por la causa o viceversa, el autor por sus obras, el signo por la cosa significada, etc., por ejemplo, “la pluma es más poderosa que la espada”. Aquí vemos como “la pluma” representa a “la palabra escrita” y “la espada” representa a “la agresión militar”. Usando esta figura de lenguaje, Lucas escribió que el etíope leía al profeta Isaías (Hech. 8:30) y que Moisés tenía a quienes lo predicaban en las sinagogas (Hech. 15:21). Usando la metonimia, Abraham dijo: “A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos” (Luc. 16:29).
 
En la Biblia, el Espíritu Santo frecuentemente es mencionado cuando se habla de lo que él provee o hace; por ejemplo, cuando leemos que los apóstoles fueron bautizados con el Espíritu Santo (Hech. 1:5), no significa que fueran sumergidos en la persona del Espíritu Santo, sino que recibieron “poder” del Espíritu Santo (cf. Hech. 1:8; Luc. 24:49).
 
Lucas describe la recepción de dones milagrosos por parte de los samaritanos mediante la imposición de las manos de los apóstoles como si los samaritanos hubieran recibido al Espíritu Santo mismo (Hech. 8:15,17). Esta declaración es una metonimia. De la misma manera, cuando Pablo dice que el Espíritu Santo mora en los cristianos (Rom. 8:9,11) se refiere a la influencia y dirección del Espíritu Santo mediante su palabra (Rom, 8:2,14; Ef. 6:17).
 
La mentalidad espiritual busca las cosas del Espíritu Santo en el evangelio (cf. Rom. 8:4-8; 1 Cor. 2:9-16). Cuando el apóstol argumenta que los que andan conforme a la carne no pueden agradar a Dios, no se refiere al cuerpo de tales personas, sino a la actitud carnal que manifiestan (Rom. 8:8). Sin embargo, al tener seguridad de la plena relación con el Señor por la palabra del Espíritu, recibimos el espíritu de adopción en lugar de temor (Rom. 8:15,16).
 
Pablo también usa la metonimia en 1 Corintios 6:19, para argumentar sobre la obra del Espíritu Santo en nuestra santificación. Nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo cuando nuestro ser, cuya expresión visible es nuestro cuerpo (cf. 1 Tes. 5:23), está entregado a la voluntad del Señor.
 
Contexto
 
Al estudiar las sagradas Escrituras debemos evitar la lectura inconexa, que no toma en cuenta el contexto inmediato y remoto de la Biblia, los géneros literarios involucrados, y el mensaje integral del evangelio. Es crucial, por lo tanto, considerar objetivamente lo que dice texto: ¿Quién es el orador o escritor? ¿Cuál es el contexto cultural y bíblico del auditorio? ¿Cuál es el tema bajo consideración?
 
Jesucristo dijo a sus apóstoles que recibirían capacidad sobrenatural cuando viniese sobre ellos el Espíritu Santo (cf. Jn. 14:26; 16:7-14). Podemos entender que tal promesa no es para nosotros y, sobre todo, podemos apreciar que las sagradas Escrituras son completas y suficientes para guiarnos a toda la verdad porque la promesa de Cristo a sus apóstoles se cumplió (cf. Luc. 24:46-48; Jn. 16:13; Hech. 1:6-8; 2:1-4; Ef. 3:3-5).
 
Pablo escribió: “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria” (Ef. 1:13,14). El término “sellados” indica que los cristianos somos marcados con la impresión del carácter del Espíritu Santo cuando obedecemos al evangelio (cf. Jn. 7:38,39; Hech. 5:32). El Espíritu Santo nos identifica como auténticos hijos de Dios y nos asegura nuestra esperanza futura mediante sus promesas (cf. 2 Cor. 5:5; 2 Tim. 2:19), y esta esperanza fundamentada en la palabra del Espíritu (Rom. 8:2; Ef. 6:17) no será frustrada (Rom. 5:5).
 
El Espíritu Santo fortalece espiritualmente a los cristianos mediante la palabra de su gracia (cf. Hech. 20:32; Ef. 3:16; 4:11-16). Además, Cristo mora en los corazones de los cristianos mediante la fe (Ef. 3:17), la cual viene por el oír la palabra de Dios (cf. Rom. 10:17). La morada del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo en nosotros, indica dirección, influencia, comunión (cf. Jn. 14:23; 2 Cor. 13:14).
 
El Espíritu Santo mora en nosotros, así como el Padre y el Hijo habitan en nosotros (cf. 1 Jn. 4:12; Gal. 2:20; Efes. 3:17).
 
Efesios 5:17,18 y Colosenses 3:16,17 deben estudiarse como pasajes complementarios. Pablo manda a los efesios a ser llenos del Espíritu, y mandó a los colosenses a que la palabra de Cristo morase abundantemente en ellos. A propósito, “llenos del Espíritu” (Ef. 5:18) es una metonimia que indica “el fruto del Espíritu” (Gal. 5:22,23).
 
Conclusión
 
La palabra de Dios es viva, activa y poderosa (Heb. 4:12). La palabra de Dios logra lo que dice (cf. Is. 55:10,11) y permanece para siempre (1 Ped. 1:25).
 
Que nunca invalidemos la suficiencia y el poder de la palabra del Espíritu escrita en la Biblia, sino que la dejemos inundar nuestra alma con la luz de la verdad cuando hace morada en nuestro corazón.