Sabemos que el Espíritu Santo
mora en los cristianos, pero ¿cómo sucede esto? ¿Cuál es la naturaleza de esta
morada? ¿Es literal o simbólica? ¿Resulta en manifestaciones milagrosas
externas, como afirman los grupos carismáticos? ¿Mora por medio de su palabra o
aparte de ella? El concepto de “morada” es común.
Las casas pueden varias de tamaño, forma, construcción, materiales, etc. Sin embargo,
por muy humildes que sean nuestras casas, no hay nada como el hogar: “Hogar dulce
hogar”.
Morar o habitar
La Biblia nos enseña varios casos
en los cuales hay morada o habitación. Por ejemplo, Abraham moró en tiendas
(cf. Heb. 11:19), y otros habitaron en casas artesonadas (Hag. 1:3,4). Pedro
moró en casa de Simón el curtidor (Hech. 10:32), y nuestro Señor Jesucristo
habitó en Nazaret (Mat. 2:23). En el día de Pentecostés, los que moraban en
Jerusalén oyeron la palabra (Hech. 2:5,14), y los santos que habitaban en Judea
fueron socorridos (Hech. 11:29). La Biblia igualmente enseña que demonios moraron en algunos (ej.
Mat. 8:28-34; Luc. 11:24-26; Hech. 16:16-18), y el diablo llenó, o colmó, el
corazón de Ananías (Hech. 5:1-3). Satanás moraba en el mismo lugar donde moraba
una iglesia de Cristo, en Pérgamo (Apoc. 2:12,13). También leemos que el pecado
mora en sus esclavos (Rom. 7:14-20). Dios moró en el tabernáculo de
reunión (cf. Ex. 25:8; 29:44-46), y posteriormente moró en el templo (1 Rey.
6:11-13). Sin embargo, esta morada no era física y literal (cf. 1 Rey. 8:27; Hech.
7:46-50). Ahora, Dios mora en la iglesia (cf. Ef. 1:22,23; 3:20,21; 1 Ped.
2:4,5), ¿inmediata, física y literalmente? El Padre mora en el Hijo (Jn.
14:10; 17:22,23) y en su pueblo santo (cf. 2 Cor. 6:16-18; Ef. 2:22; 4:6; 1 Jn.
4:16). Así también, el Hijo mora en el Padre (Jn. 14:10,11) y en sus discípulos (cf. Jn. 14:23; 15:4,5; 2
Cor. 13:5; Gal. 2:20; Ef. 3:17; Col. 1:27), mientras que la plenitud de la deidad
mora en Cristo (Col. 1:19; 2:9). El Espíritu Santo mora en los
discípulos devotos (cf. Rom. 8:9-11; 1 Cor. 3:16; 6:19; 2 Tim. 1:14; Sant.
4:4,5), así también, la palabra de Dios mora en quienes confían y obedecen (Jn.
15:7; Col. 3:16; 1 Jn. 2:14,24; 3 Jn. 3).
Conclusión
No es correcto que al leer en la
Biblia sobre alguna “morada” pensemos inmediatamente en milagros o experiencias
místicas o mágicas. Cuando la Biblia nos habla de
alguna morada, indica una determinada habitación, una relación entre el
habitante y la habitación, una experiencia de influencia, participación, gobierno,
o control.