La morada del Espíritu Santo



Por Josué I. Hernández

 
Sabemos que el Espíritu Santo mora en los cristianos, pero ¿cómo sucede esto? ¿Cuál es la naturaleza de esta morada? ¿Es literal o simbólica? ¿Resulta en manifestaciones milagrosas externas, como afirman los grupos carismáticos? ¿Mora por medio de su palabra o aparte de ella?
 
El concepto de “morada” es común. Las casas pueden varias de tamaño, forma, construcción, materiales, etc. Sin embargo, por muy humildes que sean nuestras casas, no hay nada como el hogar: “Hogar dulce hogar”.
 
Morar o habitar
 
La Biblia nos enseña varios casos en los cuales hay morada o habitación. Por ejemplo, Abraham moró en tiendas (cf. Heb. 11:19), y otros habitaron en casas artesonadas (Hag. 1:3,4). Pedro moró en casa de Simón el curtidor (Hech. 10:32), y nuestro Señor Jesucristo habitó en Nazaret (Mat. 2:23). En el día de Pentecostés, los que moraban en Jerusalén oyeron la palabra (Hech. 2:5,14), y los santos que habitaban en Judea fueron socorridos (Hech. 11:29).
 
La Biblia igualmente enseña que demonios moraron en algunos (ej. Mat. 8:28-34; Luc. 11:24-26; Hech. 16:16-18), y el diablo llenó, o colmó, el corazón de Ananías (Hech. 5:1-3). Satanás moraba en el mismo lugar donde moraba una iglesia de Cristo, en Pérgamo (Apoc. 2:12,13). También leemos que el pecado mora en sus esclavos (Rom. 7:14-20).  
 
Dios moró en el tabernáculo de reunión (cf. Ex. 25:8; 29:44-46), y posteriormente moró en el templo (1 Rey. 6:11-13). Sin embargo, esta morada no era física y literal (cf. 1 Rey. 8:27; Hech. 7:46-50). Ahora, Dios mora en la iglesia (cf. Ef. 1:22,23; 3:20,21; 1 Ped. 2:4,5), ¿inmediata, física y literalmente?
 
El Padre mora en el Hijo (Jn. 14:10; 17:22,23) y en su pueblo santo (cf. 2 Cor. 6:16-18; Ef. 2:22; 4:6; 1 Jn. 4:16). Así también, el Hijo mora en el Padre (Jn. 14:10,11) y en sus discípulos (cf. Jn. 14:23; 15:4,5; 2 Cor. 13:5; Gal. 2:20; Ef. 3:17; Col. 1:27), mientras que la plenitud de la deidad mora en Cristo (Col. 1:19; 2:9).
 
El Espíritu Santo mora en los discípulos devotos (cf. Rom. 8:9-11; 1 Cor. 3:16; 6:19; 2 Tim. 1:14; Sant. 4:4,5), así también, la palabra de Dios mora en quienes confían y obedecen (Jn. 15:7; Col. 3:16; 1 Jn. 2:14,24; 3 Jn. 3).
 
Conclusión
 
No es correcto que al leer en la Biblia sobre alguna “morada” pensemos inmediatamente en milagros o experiencias místicas o mágicas.
 
Cuando la Biblia nos habla de alguna morada, indica una determinada habitación, una relación entre el habitante y la habitación, una experiencia de influencia, participación, gobierno, o control.