“Cuando todos hablen bien de vosotros”



Por Josué I. Hernández

 
Mientras reconocemos que el buen nombre vale más que las muchas riquezas (Prov. 22:1), debemos reconocer también que la alabanza y simpatía de los hombres no pueden preferirse por sobre la lealtad a Cristo.
 
Si nuestras vidas al servicio del Señor Jesucristo no traen algún reproche, no pueden ser rectas a los ojos de Dios. Sencillamente, cuando enseñamos el evangelio en toda su pureza y vivimos según sus elevados principios, Satanás se encargará de levantar oposición: “Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución” (2 Tim. 3:12).
 
Cuando alguno se comporta de tal manera que todos los hombres hablan bien de él, se ha ubicado en la compañía de los falsos profetas, y acarrea para sí mismo la desaprobación de aquel cuyo favor vale más que todas las alabanzas de los hombres: “¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! porque así hacían sus padres con los falsos profetas” (Luc. 6:26).  
 
Es imposible agradar a todos los hombres y ser un fiel siervo de Cristo al mismo tiempo (Gal. 1:10). Sin embargo, hay bienaventuranza, y buena compañía, al padecer persecución por causa de la justicia (Mat. 5:10-12).
 
Nuestro Señor Jesucristo vino con una misión sumamente benévola, “vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Luc. 19:10), y “anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hech. 10:38). Jesucristo agradó a su Padre en todo (cf. Mat. 3:17; 17:5, Jn. 8:29), sin embargo, desagradó a muchos. Fue acusado de estar endemoniado, o loco (Jn. 7:20; 10:20). ¿Por qué alguno odiaría a un carácter tan puro, servicial y compasivo? Cristo dijo, “No puede el mundo aborreceros a vosotros; mas a mí me aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras son malas” (Jn. 7:7).  
 
No basta con que el discípulo de Cristo rehúse la comunión con las obras infructuosas de las tinieblas, tiene la responsabilidad de exponerlas y reprenderlas (Ef. 5:11). Cuando uno cumple con esta responsabilidad, el mundo suele contraatacar con hechos y con palabras.