Jesucristo, mediador



Por Josué I. Hernández
 

“Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Tim. 2:5).

 
Un mediador se sitúa entre dos partes, sirviendo como intermediario, ya sea entre hombres que requieren su mediación o entre la humanidad y Dios.
 
En 1 Timoteo 2:5 Pablo describe la cualificación del Señor Jesucristo para ejercer eficazmente su rol como mediador. Él se hizo hombre siendo divino, y puede comprender las exigencias de Dios mientras simpatiza con el hombre que debe cumplirlas. No hay otro como él.
 
Nuestro Señor Jesucristo es el mediador del nuevo pacto debido a su obra sacerdotal, estableciendo la paz entre Dios y el hombre por los medios y condiciones del nuevo pacto (Heb. 8:6; 9:15; 12:24).
 
Toda la obra de Jesucristo, que está relacionada con la redención humana, es su obra mediadora, porque la consumó como mediador divino-humano con miras a nuestra redención.
 
El apóstol Pablo nos recuerda el papel de Cristo como mediador en la redención, mencionando el más profundo anhelo de Dios, de que todos los hombres sean salvos (1 Tim. 2:4) y el rescate de Cristo por todos (v.6).
 
Es interesante notar que hay un solo Dios, un solo mediador, y un solo rescate, para la humanidad (1 Tim. 2:4-6). Entonces, no hay otro nombre por el cual podamos ser salvos (Hech. 4:12), Jesucristo es único, el único con la capacidad en su rol como mediador.
 
Mientras reconocemos la obra de varones como Abraham y Moisés, quienes actuaron como mediadores al interponerse entre dos partes para resolver un problema, la obra de ellos fue limitada, ninguno pudo acercarse a la obra de Cristo para la redención humana. De la misma manera, podemos observar personajes de la historia bíblica que actuaron como libertadores, sin embargo, su obra no logró el alcance de la obra de Cristo. Solo Cristo puede ofrecernos libertad espiritual de nuestros pecados como nuestro Salvador y Señor.
 
Me gusta reconocer que los mediadores y salvadores del Antiguo Testamento sirvieron como figuras o tipos de Cristo, quien proveería para todas nuestras necesidades espirituales cumpliendo la tipología de la profecía del Antiguo Testamento (cf. Mat. 5:17; Luc. 24:25,44; Hech. 3:24).