Una vida de fe



Por Josué I. Hernández

 
La vida cristiana es una vida de fe. Repasemos lo que es vivir por fe, es decir, lo que Dios prescribió como la esencia de esta vida.
 
La fe personal. Esta fe es subjetiva, es la certeza y convicción de uno (Heb. 11:1). Esta fe es la certeza y convicción en lo que afirma, manda y promete Dios (cf. Rom. 10:17; Heb. 4:2). “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Heb. 11:6). “porque por fe andamos, no por vista” (2 Cor. 5:7).
 
La fe del evangelio. Esta fe es objetiva, es la doctrina de Cristo, “la fe de Jesús” (Apoc. 14:12). Esta es “la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Jud. 3). Esta es la fe que debemos obedecer (Hech. 6:7), es la fe que une al pueblo de Dios (Ef. 4:5) y en la cual debemos permanecer firmes (Fil. 1:27).
 
Hijos de Dios por la fe. Llegamos a ser hijos de Dios “por la fe en Cristo Jesús” al ser bautizados en él (Gal. 3:26,27). Esta fe no es lo que alguno crea de Jesucristo, no es la fe personal. Esta es la fe del evangelio, el sistema de fe que fue revelado (Gal. 3:23), que justifica (v.24), y que vino (v.25) conforme a la promesa (v.29).
 
Familia de la fe. Los cristianos debemos hacer bien a todos, y mayormente a “la familia de la fe” (Gal. 6:10). La fe del evangelio, y la fe en el evangelio, unen a los cristianos en familia de fe (cf. 1 Tim. 3:15).
 
Firmes en la fe. La gloriosa vida eterna con el Señor allá en los cielos está condicionada, “si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio” (Col. 1:23; cf. Apoc. 2:10). Pablo escribió a los filipenses: “Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio” (Fil. 1:27).
 
Contender por la fe. Esto no se refiere a contender por lo que creemos, sino a contender por lo que Dios ha revelado, “la fe que de una vez para siempre fue entregada” (Jud. 3, LBLA). Debemos luchar por la fe, “Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna” (1 Tim. 6:12). 
 
Predicar la fe. De Pablo se decía: “Aquel que en otro tiempo nos perseguía, ahora predica la fe que en otro tiempo asolaba” (Gal. 1:23). Esta misma fe debemos predicar. Sin esta predicación no hay salvación (cf. 1 Cor. 1:21). Las almas perdidas necesitan esta enseñanza (cf. Mat. 28:19).
 
Fe para salvación eterna. El escritor a los hebreos afirmó que debemos estar entre aquellos que tienen fe para salvación del alma (Heb. 10:39). La fe personal en el evangelio involucra la obediencia, porque “la fe sin obras es muerta” (Sant. 2:17,20,26). Dios nos guarda, o protege, con su glorioso poder mediante nuestra fe (1 Ped. 1:5), y nosotros, con nuestra fe personal, guardamos la fe del evangelio (2 Tim. 4:7).
 
Conclusión
 
La vida en Cristo es una vida de fe, porque se arraiga o fundamenta en la fe. 
Podemos vivir con gozo y esperanza por la fe de Jesús.