Invalidando lo revelado


 
Por Josué I. Hernández

 
El martes de la última semana del ministerio terrenal del Señor Jesucristo, los saduceos llegaron a él con una historia, una historia sensacional con la cual invalidaban lo revelado por Dios, una historia fundamentada en su incredulidad materialista:
 
“Hubo siete hermanos; el primero tomó esposa, y murió sin dejar descendencia. Y el segundo se casó con ella, y murió, y tampoco dejó descendencia; y el tercero, de la misma manera. Y así los siete, y no dejaron descendencia; y después de todos murió también la mujer. En la resurrección, pues, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será ella mujer, ya que los siete la tuvieron por mujer?” (Mar. 12:20-23).
 
Esta historia no era una ilustración para apreciar mejor un principio bíblico, la narración de “los siete hermanos” estaba diseñada para quitarle poder a la revelación de Dios. Los saduceos no podían aceptar la doctrina de la resurrección por el prejuicio de su materialismo, “dicen que no hay resurrección” (Mar. 12:18; cf. Hech. 23:8), y con una apariencia de piedad, porque su historia parecía fundamentarse en las sagradas Escrituras, expusieron un caso hipotético (cf. Mar. 12:19).
 
El Señor Jesús señaló cómo su prejuicio los había dejado en la ignorancia. A pesar de su erudición no tenían “hambre y sed de justicia” (Mat. 5:6). Sencillamente, ellos ignoraban las Escrituras y el poder de Dios (Mar. 12:24). Su propia historia evidenciaba su ignorancia. No tenían un “escrito está”, solo tenían un cuento, una narración ficticia. Dios creo el matrimonio para la existencia terrenal (Mar. 12:25), y nos ha dado espíritu que sobrevive la muerte física (Mar. 12:26,27), “¡Qué! ¿Se juzga entre vosotros cosa increíble que Dios resucite a los muertos?” (Hech. 26:8; cf. Jn. 5:28,29; 6:39,40,54; 11:24).
 
Dios nos ha hablado en Cristo (Heb. 1:1,2), y necesitamos ser llenos de la palabra de Cristo (Col. 3:16; cf. Ef. 4:20,21; Mat. 28:20) para reconocer la levadura de los saduceos modernos (Mat. 16:12).