En consideración de la evidencia del Nuevo
Testamento, entendemos que la iglesia universal es una relación espiritual (cf.
Hech. 2:41,47; Heb. 12:23), el conjunto de los llamados por el evangelio (cf. Mat. 16:18; Heb.
3:13), un organismo espiritual que tiene a Cristo como cabeza (cf. Col. 1:18) y
que recibe vida e instrucciones de él (cf. Mat. 28:18). Pero, la iglesia
universal no fue diseñada por el Señor como una organización con gobierno
terrenal para hacer alguna obra colectiva. Luego, entendemos que agrupar y organizar a las
iglesias de Cristo es denominacionalismo, el pecado de enlazar a las iglesias
para hacer una obra común, una corporación religiosa. Sencillamente, las
iglesias no deben estructurarse en un proyecto común, porque tal cosa es pecado,
transgrede el patrón de las sanas palabras (2 Tim. 1:13; cf. 1 Cor. 4:6,17). En
consecuencia, las iglesias de Cristo no necesitan llegar a algún acuerdo, ni enlazarse
para realizar alguna obra conjunta. Del Nuevo Testamento aprendemos que algunas iglesias
enviaron dinero a otras iglesias necesitadas, para socorrerlas en su
necesidad (cf. Rom. 15:25,26; 1 Cor. 16:1-4). Pero, esto no autoriza a una
iglesia que no está necesitada a recibir dinero de varias otras iglesias para
algún proyecto a nivel de hermandad. El Nuevo Testamento encarga a los ancianos a
proteger, proveer, y dirigir, al rebaño local, es decir, a la iglesia local de
la cual son miembros (cf. 1 Ped. 5:2; Hech. 20:28). Sin embargo, no hay
autorización bíblica para que los ancianos asuman la responsabilidad de muchos
otros rebaños. La iglesia local es un organismo espiritual compuesto
por varios miembros que deben reunirse (cf. 1 Cor. 11:18; 14:23,26; Heb. 10:25),
pero las iglesias de Cristo no están autorizadas para reunirse, ni diseñadas
para ello, no hay reuniones de iglesias de Cristo en el Nuevo Testamento. Cuando hermanos abogan por una organización más
grande que la iglesia local, es decir, por una organización, o alianza, de las
iglesias de Cristo, demuestran su disconformidad con el plan del Señor, y rechazan
su sabiduría.