Centralización



Por Josué I. Hernández

 
En consideración de la evidencia del Nuevo Testamento, entendemos que la iglesia universal es una relación espiritual (cf. Hech. 2:41,47; Heb. 12:23), el conjunto de los llamados por el evangelio (cf. Mat. 16:18; Heb. 3:13), un organismo espiritual que tiene a Cristo como cabeza (cf. Col. 1:18) y que recibe vida e instrucciones de él (cf. Mat. 28:18). Pero, la iglesia universal no fue diseñada por el Señor como una organización con gobierno terrenal para hacer alguna obra colectiva.  
 
Luego, entendemos que agrupar y organizar a las iglesias de Cristo es denominacionalismo, el pecado de enlazar a las iglesias para hacer una obra común, una corporación religiosa. Sencillamente, las iglesias no deben estructurarse en un proyecto común, porque tal cosa es pecado, transgrede el patrón de las sanas palabras (2 Tim. 1:13; cf. 1 Cor. 4:6,17). En consecuencia, las iglesias de Cristo no necesitan llegar a algún acuerdo, ni enlazarse para realizar alguna obra conjunta.
 
Del Nuevo Testamento aprendemos que algunas iglesias enviaron dinero a otras iglesias necesitadas, para socorrerlas en su necesidad (cf. Rom. 15:25,26; 1 Cor. 16:1-4). Pero, esto no autoriza a una iglesia que no está necesitada a recibir dinero de varias otras iglesias para algún proyecto a nivel de hermandad.
 
El Nuevo Testamento encarga a los ancianos a proteger, proveer, y dirigir, al rebaño local, es decir, a la iglesia local de la cual son miembros (cf. 1 Ped. 5:2; Hech. 20:28). Sin embargo, no hay autorización bíblica para que los ancianos asuman la responsabilidad de muchos otros rebaños.
 
La iglesia local es un organismo espiritual compuesto por varios miembros que deben reunirse (cf. 1 Cor. 11:18; 14:23,26; Heb. 10:25), pero las iglesias de Cristo no están autorizadas para reunirse, ni diseñadas para ello, no hay reuniones de iglesias de Cristo en el Nuevo Testamento.  
 
Cuando hermanos abogan por una organización más grande que la iglesia local, es decir, por una organización, o alianza, de las iglesias de Cristo, demuestran su disconformidad con el plan del Señor, y rechazan su sabiduría.