Ataques contra Pablo



Por Josué I. Hernández

 
La vida del apóstol Pablo no estuvo exenta de críticas, por el contrario, dondequiera que predicaba, lo seguían la persecución y la aflicción. Pablo fue un hombre controvertido, usualmente en medio de conflictos. Por ejemplo, cuando estalló la controversia en cuanto a la circuncisión que algunos querían obligar sobre los gentiles, Pablo estaba en medio del conflicto (Hech. 15; Gal. 2). Cuando la iglesia de Corinto sufría por el desorden y la división, Pablo estuvo presente escribiendo cartas y haciendo visitas para corregir (1 y 2 Corintios). Cuando la ciudad de Éfeso se alborotó porque algunos comerciantes vieron peligrar su fuente de ingresos, Pablo fue mencionado como uno que apartaba a las gentes con persuasión: “no son dioses los que se hacen con las manos” (Hech. 19). Mientras apreciamos el buen trabajo de este hombre de Dios, reconocemos también que muchos en su tiempo le despreciaban y perseguían.
 
Críticas contra Pablo
 
El apóstol Pablo fundó la iglesia en Corinto y colaboró con ella durante dieciocho meses (Hech. 18:11). Cuando surgieron problemas, y Pablo permanecía en Éfeso, escribió 1 Corintios para abordar aquellos problemas. Luego, viajó a Corinto para ayudar a resolver esos problemas (cf. 2 Cor. 12:14; 13:1). Después del segundo viaje, algunos opositores comenzaron a trabajar para destruir la reputación de Pablo. La epístola que conocemos como 2 Corintios registra en gran manera ese conflicto. Algunas de las críticas que le hicieron a Pablo son las siguientes:
 
Es voluble. Esta acusación se implica en la declaración, “Así que, al proponerme esto, ¿usé quizá de ligereza? ¿O lo que pienso hacer, lo pienso según la carne, para que haya en mí Sí y No?” (2 Cor. 1:17). Debido a que Pablo cambió de planes sobre cuándo iría a Corinto, sus opositores le acusaban de inconstante, infiel, o desleal, impugnando sus motivaciones. Sin embargo, Pablo había cambiado de planes por indulgencia hacia ellos: “Mas yo invoco a Dios como testigo sobre mi alma, que por consideración a vosotros no he vuelto a Corinto” (2 Cor. 1:23, LBLA), evitando de este modo una visita dolorosa (2 Cor. 2:1-4).  
 
Su presencia física es débil. Mientras admiraban el carisma, la elocuencia, y la presencia imponente, Pablo no era así. Su carácter era “humilde” y su presencia física “poco impresionante” (2 Cor. 10:1,10, LBLA), “poca cosa” (NC).
 
Escribe cartas duras. Afirmaban que las cartas de Pablo eran atrevidas, o prepotentes (2 Cor. 10:1). Por lo tanto, lo acusaron de aterrorizar con cartas fuertes (2 Cor. 10:9), mientras que su presencia era vil a los ojos (2 Cor. 10:10).
 
No es un buen orador. Consideraban deficiente la predicación de Pablo. Su lenguaje les parecía “despreciable” (2 Cor. 10:10, JER, VM), y le juzgaban como “un pobre orador” (BLA).
 
No acepta apoyo financiero. Otra de las críticas contra Pablo se fundamentaba en no recibir salario de los corintios. Pablo no se oponía a que los predicadores recibieran apoyo del tesoro de la iglesia local (cf. 1 Cor. 9:1-15). Sin embargo, cuando estuvo en Corinto confeccionaba tiendas y recibió apoyo financiero de otras iglesias (cf. Hech. 18:3; 2 Cor. 11:8; Fil. 4:15,16). Pero, en lugar de apreciar el sacrificio de Pablo cuando predicaba el evangelio entre ellos, los corintios se oponían a él y lo condenaban (cf. 2 Cor. 11:7-9; 11:12-15).
 
Es un loco. Algunos implicaron que Pablo era un fanático, algún tipo de exagerado extremista, un intransigente con algún problema mental, un “loco” (cf. 2 Cor. 5:13; 11:16,17).
 
Es un engañador. Se le acusó de andar con astucia engañando (2 Cor. 6:8), de haber agraviado y corrompido (2 Cor. 7:2), y de andar conforme a la carne (2 Cor. 10:2).
 
La defensa de Pablo
 
Pablo no se regocijaba en andar defendiéndose, “Me he vuelto insensato; vosotros me obligasteis a ello. Pues yo debiera haber sido encomiado por vosotros, porque en ningún sentido fui inferior a los más eminentes apóstoles, aunque nada soy” (2 Cor. 12:11, LBLA). Ni procuraba impresionar publicando lo que había hecho (cf. 2 Cor. 11:16-23; 12:6,11).
 
Los corintios conocían a Pablo desde hace tanto tiempo que Pablo no necesitaba una carta de recomendación de ellos o para ellos (2 Cor. 3:1,2). No obstante, el apóstol se vio obligado a defenderse porque sus oponentes estaban socavando su influencia y obra en Corinto.  
 
¿Por qué atacaban a Pablo?
 
Las acusaciones contra Pablo eran mucho más que las acusaciones contra un inocente, estas acusaciones estaban motivadas por un rechazo del evangelio de Cristo para introducir otro evangelio.
 
Los oponentes de Pablo eran judaizantes (cf. 2 Cor. 11:22). La cuestión en juego era la discutida en Jerusalén, y registrada en Hechos 15 y en Gálatas 2. Esta es la misma cuestión en Romanos, Gálatas y Hebreos. ¿Qué decían los judaizantes? “Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos” (Hech. 15:1).
 
Entonces, atacaban a Pablo porque rechazaban el evangelio que Pablo predicaba. Como no creían que alguno fuese salvo por la obediencia al evangelio sin la circuncisión y la ley, atacaban al hombre que anunciaba en Jesucristo el perdón de los pecados. Debido a esto, Pablo los acusó de predicar a “otro Jesús”, “recibir otro espíritu”, y predicar “otro evangelio” (cf. 2 Cor. 11:4; Gal. 1:6,7). Eran “falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo” (2 Cor. 11:13). En fin, cualquier acusación que estos falsos maestros hicieran para socavar la influencia de Pablo, indicaba su odio al mensaje del evangelio que Pablo predicaba.
 
¿Por qué los falsos atacan a los fieles predicadores?
 
Los fieles predicadores siguen siendo objeto de la misma clase de ataques personales. Los maestros del error no son muy innovadores en esto. Satanás usa de las mismas maquinaciones, y de la misma clase de ministros para tratar de anular el poder del evangelio.  
 
¿Qué podemos hacer?
 
Debemos seguir el ejemplo de Pablo, quien estaba decidido a seguir predicando la verdad, independientemente de la difamación y el rechazo:
 
“antes bien, nos recomendamos en todo como ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias; en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos; en pureza, en ciencia, en longanimidad, en bondad, en el Espíritu Santo, en amor sincero, en palabra de verdad, en poder de Dios, con armas de justicia a diestra y a siniestra; por honra y por deshonra, por mala fama y por buena fama; como engañadores, pero veraces; como desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, mas he aquí vivimos; como castigados, mas no muertos; como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo” (2 Cor. 6:4-10).
 
Pablo estaba dispuesto a someter todo asunto al testimonio de dos o tres testigos competentes (cf. 2 Cor. 13:1), y los culpables de pecado no serían tolerados (2 Cor. 13:2).
 
Pablo no dijo que “la autonomía de una iglesia la excusa de practicar el error”. La autonomía sirve para obedecer a Cristo, no para desobedecerle. La estratagema de extender la comunión a quienes viven en pecado, solamente porque son miembros de otra iglesia autónoma, no funcionó en el primer siglo, y no funcionará ahora (cf. 2 Jn. 9-11).
 
Conclusión
 
No se distraiga por calumniadores maliciosos que intentan desviar la atención del evangelio atacando a los mensajeros de Dios. Aférrese al mensaje del evangelio, sea fiel a Jesucristo, y sea leal con los fieles predicadores de la verdad.