La sexualidad humana es un tema que debe ser
enseñado en casa, en las clases bíblicas y desde el púlpito. Tanto niños, como
jóvenes, y adultos, necesitan la información bíblica al respecto para comprender
el sexo tal como Dios lo diseñó y planificó. Sin embargo, algunos podrían sentirse
amenazados por esta afirmación tan “atrevida”, respecto a un tema tan “sensible”.
¿Cómo es posible que se enseñe sobre el sexo desde el púlpito? Esta reacción se
produce por una falta de comprensión de la naturaleza de la educación sexual
según las sagradas Escrituras. Demasiadas personas, cristianos incluidos,
tienen una visión limitada del sexo. En su mente piensan que el sexo es
simplemente el coito. Sin embargo, el sexo es mucho más que eso. La sexualidad
involucra actitudes, roles, conducta, y relaciones. El sexo es parte integral
de nuestro ser, impregna nuestra personalidad, e incluye nuestro comportamiento
desde la infancia. Por lo tanto, todo lo que la Biblia enseña sobre estas cosas
es “educación sexual”. Debido a que el sexo no se limita a la unión
física, o acto progenitor, la verdadera educación sexual no se limita a la educación
reproductiva. Dicho de otra manera, aprender sobre los órganos sexuales en la
clase de biología no significa haber sido integralmente educados en sexualidad.
Las ciencias naturales tienen su límite, pero Dios, con la revelación de su
voluntad, puede instruirnos integralmente, incluso, en sexualidad, “Toda la
Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para
corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea
perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Tim. 3:16,17). La educación sexual integral, es decir, que
comprende todos los elementos y aspectos del sexo, involucra aprender nuestro
lugar y rol, como hombre, mujer, esposo, esposa, padre, madre, e hijos. Luego,
también involucra la conducta, ya sea con personas del mismo sexo, como con
personas del sexo opuesto. En fin, la educación sexual bíblica enseña los
valores morales sobre nuestra sexualidad, y lo correcto e incorrecto del comportamiento
sexual. En consideración de lo anterior, podemos
observar que la educación sexual integral no se encontrará en el sistema
escolar. El mundo está mal equipado, y es totalmente incompetente, para
instruir sobre el sexo (cf. Ef. 2:1-3; 4:17-19). Es posible que alguna entidad
educacional imparta los mejores conocimientos biológicos, e incluso, enseñe
algunos buenos valores. Sin embargo, solamente usando la Biblia podemos
impartir la verdadera educación sexual. Todos los comportamientos sexuales malos, y todos
los vicios sexuales, se fundamentan en la ignorancia de la voluntad de Dios,
¿por qué? Porque todas las responsabilidades físicas y espirituales, la
verdadera gratificación, la felicidad, la plenitud, la dignidad, el respeto
propio, y la salvación final, dependen de la fe en la instrucción de Dios y la
obediencia a esa voluntad (cf. Jn. 14:23; Heb. 5:9). Cuando los hombres ignoran a Dios, se
desorientan, y se pierden. Buscando su propio camino, se alejan más y más de la
verdadera felicidad, y al hacerlo, aunque se crean muy sofisticados, se vuelven
miserablemente corruptos e infelices (cf. Rom. 1:21-32).
Conclusión
Necesitamos reconocer lo que Dios ha dicho
sobre el sexo, para glorificarle con nuestro comportamiento, y disfrutar de la
vida que él ha querido darnos, “a fin de que seamos para alabanza de su
gloria” (Ef. 1:12). No debemos huir de la responsabilidad de
instruir a niños, jóvenes, y adultos, sobre los roles y conducta apropiados. Que ninguno se sienta completo con los
conocimientos biológicos del cuerpo, pensando que ya no necesita la revelación
de Dios sobre el sexo. Dios nos creó con apetito por la comida, y cuando
experimentamos el deseo por comer buscaremos cómo satisfacerlo. Pero hay una
manera correcta, y muchas maneras incorrectas, para satisfacer ese deseo. La
manera correcta es trabajar para conseguir la comida necesaria. También debemos
reconocer y enseñar que, así como Dios nos creó para experimentar el deseo por
comida, también nos creó con apetitos sexuales, y que nos ha enseñado una
manera correcta para satisfacer estos apetitos, el matrimonio (cf. Gen.
2:18-25; Heb. 13:4).