Educación sexual



Por Josué I. Hernández

 
La sexualidad humana es un tema que debe ser enseñado en casa, en las clases bíblicas y desde el púlpito. Tanto niños, como jóvenes, y adultos, necesitan la información bíblica al respecto para comprender el sexo tal como Dios lo diseñó y planificó. Sin embargo, algunos podrían sentirse amenazados por esta afirmación tan “atrevida”, respecto a un tema tan “sensible”. ¿Cómo es posible que se enseñe sobre el sexo desde el púlpito? Esta reacción se produce por una falta de comprensión de la naturaleza de la educación sexual según las sagradas Escrituras.
 
Demasiadas personas, cristianos incluidos, tienen una visión limitada del sexo. En su mente piensan que el sexo es simplemente el coito. Sin embargo, el sexo es mucho más que eso. La sexualidad involucra actitudes, roles, conducta, y relaciones. El sexo es parte integral de nuestro ser, impregna nuestra personalidad, e incluye nuestro comportamiento desde la infancia. Por lo tanto, todo lo que la Biblia enseña sobre estas cosas es “educación sexual”.
 
Debido a que el sexo no se limita a la unión física, o acto progenitor, la verdadera educación sexual no se limita a la educación reproductiva. Dicho de otra manera, aprender sobre los órganos sexuales en la clase de biología no significa haber sido integralmente educados en sexualidad. Las ciencias naturales tienen su límite, pero Dios, con la revelación de su voluntad, puede instruirnos integralmente, incluso, en sexualidad, “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Tim. 3:16,17).
 
La educación sexual integral, es decir, que comprende todos los elementos y aspectos del sexo, involucra aprender nuestro lugar y rol, como hombre, mujer, esposo, esposa, padre, madre, e hijos. Luego, también involucra la conducta, ya sea con personas del mismo sexo, como con personas del sexo opuesto. En fin, la educación sexual bíblica enseña los valores morales sobre nuestra sexualidad, y lo correcto e incorrecto del comportamiento sexual.
 
En consideración de lo anterior, podemos observar que la educación sexual integral no se encontrará en el sistema escolar. El mundo está mal equipado, y es totalmente incompetente, para instruir sobre el sexo (cf. Ef. 2:1-3; 4:17-19). Es posible que alguna entidad educacional imparta los mejores conocimientos biológicos, e incluso, enseñe algunos buenos valores. Sin embargo, solamente usando la Biblia podemos impartir la verdadera educación sexual.
 
Todos los comportamientos sexuales malos, y todos los vicios sexuales, se fundamentan en la ignorancia de la voluntad de Dios, ¿por qué? Porque todas las responsabilidades físicas y espirituales, la verdadera gratificación, la felicidad, la plenitud, la dignidad, el respeto propio, y la salvación final, dependen de la fe en la instrucción de Dios y la obediencia a esa voluntad (cf. Jn. 14:23; Heb. 5:9).
 
Cuando los hombres ignoran a Dios, se desorientan, y se pierden. Buscando su propio camino, se alejan más y más de la verdadera felicidad, y al hacerlo, aunque se crean muy sofisticados, se vuelven miserablemente corruptos e infelices (cf. Rom. 1:21-32).
 
Conclusión
 
Necesitamos reconocer lo que Dios ha dicho sobre el sexo, para glorificarle con nuestro comportamiento, y disfrutar de la vida que él ha querido darnos, “a fin de que seamos para alabanza de su gloria” (Ef. 1:12).
 
No debemos huir de la responsabilidad de instruir a niños, jóvenes, y adultos, sobre los roles y conducta apropiados.
 
Que ninguno se sienta completo con los conocimientos biológicos del cuerpo, pensando que ya no necesita la revelación de Dios sobre el sexo.
 
Dios nos creó con apetito por la comida, y cuando experimentamos el deseo por comer buscaremos cómo satisfacerlo. Pero hay una manera correcta, y muchas maneras incorrectas, para satisfacer ese deseo. La manera correcta es trabajar para conseguir la comida necesaria. También debemos reconocer y enseñar que, así como Dios nos creó para experimentar el deseo por comida, también nos creó con apetitos sexuales, y que nos ha enseñado una manera correcta para satisfacer estos apetitos, el matrimonio (cf. Gen. 2:18-25; Heb. 13:4).