La mujer rencillosa



Por Josué I. Hernández

 
No son pocas las mujeres que han hecho de su belleza la fuente de su felicidad, estabilidad y paz. Se glorían en su aspecto físico, y creen que su apariencia las librará de las desventuras que padecen aquellas que no son tan agraciadas como ellas: “Con este cuerpo que tengo seré próspera y feliz”. Cometen la misma falta del fariseo que afirmaba “Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres” (Luc. 18:11), salvo que ellas se jactan de que no son “como las otras mujeres”, y se ven a sí mismas como el estándar (cf. 2 Cor. 10:12).
 
Sin embargo, las mujeres que se jactan de su hermosura suelen ser ineptas en el amor, y desdichadas en el matrimonio y la familia. Todo parece indicar que se requiere mucho más que belleza física para construir un hogar próspero. Piénselo detenidamente. Si la apariencia del cuerpo determina la felicidad familiar, ¿por qué tanta gente hermosa se divorcia y destruye su familia?  
 
En el libro Proverbios, Dios nos enseña que la belleza física de una mujer no es fuente de felicidad personal y familiar. Por ejemplo, una mujer hermosa, pero rencillosa, o pendenciera, es gotera continua que asegura el colapso de la familia (Prov. 19:13). Veamos algunos casos:
 
 
“Mejor es vivir en un rincón del terrado que con mujer rencillosa en casa espaciosa” (Prov. 21:9).
 
“Mejor es morar en tierra desierta que con la mujer rencillosa e iracunda” (Prov. 21:19).
 
“Gotera continua en tiempo de lluvia y la mujer rencillosa, son semejantes; pretender contenerla es como refrenar el viento, o sujetar el aceite en la mano derecha” (Prov. 27:15,16).
 
“Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; la mujer que teme a Jehová, ésa será alabada” (Prov. 31:30).
 
La mujer temerosa de Dios ha decidido enfocarse en su apariencia espiritual, “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová” (Prov. 1:7). Una mujer semejante, con tan hermoso espíritu, edifica su casa con sabiduría (Prov. 14:1) y recibe en esta vida su realización (cf. Prov. 31:28-31; Ecles. 12:13).
 
La hermosura espiritual que toda mujer debe procurar es descrita como “un espíritu tierno y sereno” (1 Ped. 3:4, LBLA), “manso y tranquilo” (NC), “afable y apacible” (RV1960). El apóstol Pedro nos dice que un espíritu así de hermoso, “es precioso delante de Dios” (LBLA).