Solemos buscar lo que creemos “mejor para la
familia”, y no queremos conformarnos con lo que nos parece menor o común: “Nuestra
familia se merece lo mejor”. No queremos lo “poco”, porque pensamos que “lo
mejor” se encuentra en la abundancia, en lo “mucho”. Sin embargo, las mejores cosas
las podemos disfrutar a pesar de lo poco. Lo mejor está al alcance de todos. En el libro Proverbios, Dios señala varios
contrastes entre lo poco y lo mucho, lo escaso y lo abundante. En cada uno de
estos contrastes uno se queda preguntando, ¿de qué sirve lo mucho si no tenemos
lo mejor? Estos pasajes no condenan la abundancia, solamente señalan su
limitación, y abren nuestros ojos a las mejores cosas que el dinero no puede
comprar. Veamos algunos ejemplos: El temor de Jehová. “Mejor es lo poco con el temor de Jehová, que
el gran tesoro donde hay turbación” (Prov. 15:16). El amor. “Mejor es la comida de legumbres donde hay
amor, que de buey engordado donde hay odio” (Prov. 15:17). La justicia. “Mejor es lo poco con justicia que la
muchedumbre de frutos sin derecho” (Prov. 16:8). El dominio propio. “Mejor es el que tarda en airarse que el
fuerte; y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad”
(Prov. 16:32). La paz. “Mejor es un bocado seco, y en paz, que casa de
contiendas llena de provisiones” (Prov. 17:1). Que estos ejemplos nos motiven a buscar las
mejores cosas, a luchar por ellas, y a fomentarlas en el hogar. Cada integrante
de la familia debe enfocarse por la fe en lo más básico, “El principio de la
sabiduría es el temor de Jehová” (Prov. 1:7).