El mormonismo está cimentado sobre una “revelación”
que se proclama como “revelación de los últimos días”. La singularidad de la
afirmación mormona se sostiene sobre la suposición de una “revelación continua”
de Dios a través de profetas modernos, y estas “revelaciones” son la raíz de
todo el sistema mormón. Si este fundamento es destruido, todo el sistema de la
teología mormona se derrumba.
El nuevo convenio
El mormonismo afirma que el Libro de Mormón es
el nuevo convenio: “y permanecerán bajo esta condenación hasta que se
arrepientan y recuerden el nuevo convenio, a saber, el Libro de Mormón”
(Doctrina y Convenios, 84:57). “He aquí, os digo que he hecho abrogar todos los
convenios antiguos con respecto a esto; y este es un convenio nuevo y
sempiterno, el mismo que fue desde el principio… Porque es a causa de vuestras
obras muertas que yo he hecho que se establezcan para mí este último convenio y
esta iglesia, tal como en la antigüedad” (Doctrina y Convenios, 22:1,3). Esta doctrina del mormonismo es radicalmente falsa,
porque contradice lo que el Nuevo Testamento afirma sobre sí mismo. La Biblia
dice que el Nuevo Testamento es el nuevo pacto (Heb. 8:6-13). Cuando Jesucristo murió, el nuevo pacto fue
validado con su sangre (cf. Heb. 9:16-22; Mat. 26:28). Si el Libro de Mormón es
el nuevo pacto, y todos los antiguos pactos fueron abolidos, eso significa que
el Nuevo Testamento ha sido abolido. Pero, Hebreos 13:20 afirma que el nuevo
pacto es eterno. Por lo tanto, siendo el nuevo pacto eterno, no pudo ser
abolido. “Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo,
cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas. Porque
si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado
lugar para el segundo… Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y
lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer” (Heb. 8:6,7,13). Si el primer pacto “hubiera sido sin defecto”
no habría sido necesario un nuevo pacto. Luego, dado que el nuevo pacto es
eterno (Heb. 13:20), es un pacto perfecto. Siguiendo la lógica del escritor a
los hebreos, “Si el segundo pacto fuera sin defecto, no habría necesidad de un
tercer pacto”. La afirmación del mormonismo, que señala al Libro de Mormón como
un nuevo y eterno pacto, trata a la Biblia como imperfecta. “Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo,
cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas” (Heb. 8:6). Dado que el Nuevo Testamento se basa en mejores
promesas en contraste con el Antiguo Testamento, el Libro de Mormón se basaría
en mejores promesas en contraste con el Nuevo Testamento. Llegando a este punto
uno se pregunta, ¿qué mejores promesas hay que las que Jesucristo ha hecho
posible por su muerte, resurrección y glorificación? “Porque cambiado el sacerdocio, necesario es
que haya también cambio de ley” (Heb. 7:12). La ley no podía cambiarse sin un cambio correspondiente
en el sacerdocio, y viceversa. Por lo tanto, el sacerdocio levítico fue abolido
(Heb. 7:11). El nuevo sacerdocio de Cristo es inmutable (Heb. 7:24) y eterno
(Heb. 5:6). Sin embargo, el Libro de Mormón, y las demás revelaciones de los
últimos días, representan un cambio en la ley, según la afirmación del
mormonismo que señala al Libro de Mormón como el nuevo y sempiterno convenio. En
consideración de esto, otro cambio de ley haría necesario un cambio en el
sacerdocio, pero el sacerdocio de Cristo es inmutable y eterno. Los apóstoles de Cristo fueron ministros del
nuevo pacto (2 Cor. 3:6), el mejor pacto (Heb. 8:6). Los apóstoles no fueron
ministros del Libro de Mormón. Por lo tanto, el Libro de Mormón no es el nuevo
pacto. Jesucristo es el mediador del nuevo pacto, del cual los apóstoles fueron
ministros competentes, por lo tanto, Jesucristo no el mediador del Libro de
Mormón. La palabra de Dios, tanto del Antiguo como del
Nuevo Testamento, es inspirada por Dios (2 Tim. 3:16,17). El apóstol Pedro
afirmó que las escrituras del apóstol Pablo son escritura inspirada (2 Ped.
3:15,16). Si las sagradas Escrituras hacen al hombre “perfecto”, es decir, completo
o realizado, no hay necesidad del Libro de Mormón. ¿Cómo se puede mejorar la
perfección?
Las cosas de Dios
“Ahora han conocido que todas las cosas que me
has dado, proceden de ti” (Jn. 17:7). Todo lo que provenía del Padre fue entregado al
Hijo, y el Hijo entregó esta totalidad a los apóstoles (Jn. 17:8,14). Si el
Libro de Mormón no fue dado a los apóstoles, el Libro de Mormón no proviene del
Padre. Cuando los apóstoles recibieron todo (cf. Jn. 16:13), no necesitaron
algo más. “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien
el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará
todo lo que yo os he dicho… Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os
guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que
hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir” (Jn. 14:26; 16:13). Jesucristo prometió a los apóstoles que el
Espíritu Santo los guiaría a toda la verdad. Pero, el Espíritu Santo no guio a
los apóstoles al Libro de Mormón, por lo tanto, el Libro de Mormón no es del Espíritu
Santo ni es la verdad. “Como todas las cosas que pertenecen a la vida
y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento
de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia” (2 Ped. 1:3). Nos ha sido dado todo lo que pertenece a la
vida y a la piedad. Pero, Dios no dio a los cristianos el Libro de Mormón, sino
el Nuevo Testamento. Por lo tanto, el Libro de Mormón no es necesario para la
vida y la piedad. Si ya tenemos todas las cosas que pertenecen a la vida y a la
piedad, ¿qué podría tener el Libro de Mormón que sea necesario para los
cristianos? “Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os
anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema” (Gal. 1:8). Supuestamente, el ángel Moroni apareció a José
Smith y le indicó dónde encontrar el Libro de Mormón escrito en planchas de
oro, el cual contenía la verdad. No obstante, todo lo que sea esencial para la
salvación ya lo contiene el evangelio. El apóstol Pablo declaró que la
maldición de Dios recae sobre quien predica otro evangelio, y el Libro de
Mormón es “otro evangelio”. El evangelio del mormonismo no fue predicado por
los apóstoles, en consecuencia, quien predica el mormonismo está bajo
maldición.
¿Esencial para la salvación?
¿Qué cosa contiene el Libro de Mormón, o
cualquier otra literatura del mormonismo, que sea esencial para la salvación y
que no se encuentre en la Biblia? ¿Podríamos seguir el Nuevo Testamento,
obedeciendo sus mandamientos, e ir al cielo sin el Libro de Mormón? Si se afirma que el Libro de Mormón contiene
algo “esencial para la salvación”, el Libro de Mormón resulta ser “otro
evangelio”. Pero, otro evangelio no trae la gracia, sino la maldición. Por el
contrario, si el Libro de Mormón no contiene nada que sea esencial para la
salvación, el Libro de Mormón no necesario para los cristianos. “Porque la mujer casada está sujeta por la ley
al marido mientras éste vive; pero si el marido muere, ella queda libre de la
ley del marido. Así que, si en vida del marido se uniere a otro varón, será
llamada adúltera; pero si su marido muriere, es libre de esa ley, de tal manera
que si se uniere a otro marido, no será adúltera. Así también vosotros,
hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que
seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto
para Dios” (Rom.
7:2-4). Cuando Cristo validó el nuevo pacto con su
sangre, también abolió el antiguo pacto. Los cristianos no pueden vivir bajo
dos pactos, o leyes, sin cometer adulterio espiritual. El Nuevo Testamento es
el nuevo pacto. Sin embargo, el mormonismo afirma que el Libro de Mormón es el
nuevo y sempiterno pacto. Esto nos presenta un problema, porque no podemos
estar bajo dos pactos que afirman ser “el nuevo pacto”. “Amados, por el gran empeño que tenía en
escribiros acerca de nuestra común salvación, he sentido la necesidad de
escribiros exhortándoos a contender ardientemente por la fe que de una vez para
siempre fue entregada a los santos” (Jud. 3, LBLA). La “fe” se refiere al conjunto de doctrinas, o
sistema de creencia, que conforma lo que debemos creer y practicar. Esta “fe”
fue dada por Dios, no fue descubierta por algún hombre. Cuando Dios reveló la “fe”
(cf. Hech. 6:7; Gal. 3:22-26), la reveló “una vez para siempre”, es decir, “una
vez por todas” (Robertson). “Por esta voluntad hemos sido santificados
mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo ofrecida de una vez para siempre”
(Heb. 10:10, LBLA). Jesucristo fue crucificado “una vez para siempre”. Si la fe
dada a los santos “una vez para siempre” no fue definitiva ni completa,
entonces el sacrificio de Cristo tampoco lo fue. Ambas cosas fueron “una vez
para siempre”.
Conclusión
Todo el sistema de la teología mormona se desmorona
por completo al ser privado del concepto de la revelación de los últimos días. De
esta manera, las sagradas Escrituras asestan un golpe mortal al corazón mismo
del mormonismo. “Si vosotros permanecéis en mi palabra,
verdaderamente sois mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará
libres” (Jn.
8:31,32).