La boca



Por Josué I. Hernández

 
La boca es un miembro importante en nuestro cuerpo, y será útil y de bendición si la usamos correctamente. La Biblia tiene mucho que decir sobre la boca. Veamos algunas cosas que la Biblia enseña sobre el uso de la boca.
 
Los profetas fueron la boca de Dios. Se ha discutido sobre la etimología y el significado de la palabra hebrea “profeta”. Sin embargo, podemos estar seguros de su sentido al observar el uso de este sustantivo. Sencillamente, el profeta funcionaba como la boca de Jehová. Cuando Moisés intento excusarse de hacer la obra de Dios, porque afirmaba no ser elocuente, Dios le dijo: “¿Quién dio la boca al hombre?... ¿No soy yo Jehová?” (Ex. 4:11). Entonces Dios permitió que Aarón se convirtiera en la boca de Moisés, y Dios dijo: “Y él hablará por ti al pueblo; él te será a ti en lugar de boca, y tú serás para él en lugar de Dios” (Ex. 4:16). Aarón se volvió el profeta de Moisés porque Moisés lo usó como su “boca”. Entonces leemos: “Jehová dijo a Moisés: Mira, yo te he constituido dios para Faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta” (Ex. 7:1). Siempre que un profeta hablaba, actuaba como la boca de Dios, transmitiendo un mensaje divino (cf. Is. 6:5-7; 30:2; Jer. 1:7,9). El apóstol Pedro escribió: “los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Ped. 1:21).
 
La boca anuncia lo que hay en el corazón. Si queremos saber lo que hay en el corazón de una persona, solo debes prestar atención a lo que dice: “Porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Mat. 12:34). Lo que uno piensa resulta en palabras y acciones: “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él” (Prov. 23:7). Por esta razón, Pablo escribió a los filipenses: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Fil. 4:8). El apóstol sabía que los hermanos hablarían y vivirían conforme a lo que pensaban. El control de la boca está en el corazón (cf. Mar. 7:20).  
 
La boca de un sabio es fuente de bendición. Por esta razón, “Aguas profundas son las palabras de la boca del hombre; y arroyo que rebosa, la fuente de la sabiduría” (Prov. 18:4). Los libros de sabiduría tienen mucho que enseñarnos sobre el buen uso de la boca. “El corazón del sabio hace prudente su boca, y añade gracia a sus labios” (Prov. 16:23). “Las palabras de la boca del sabio son llenas de gracia, mas los labios del necio causan su propia ruina” (Ecles. 10:12). Es imprescindible que pensemos bien antes de hablar, y que nuestra intención sea edificar (cf. Ef. 4:29; Col. 4:6).
 
La boca de un necio es fuente de maldición. Por esta razón: “La boca del necio es quebrantamiento para sí, y sus labios son lazos para su alma” (Prov. 18:7). La boca podría ser tan agresiva que sea usada para morder y comer personas. Por esta razón Pablo escribió: “Pero si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis unos a otros” (Gal. 5:15). El mal uso de la boca, o de la lengua, como escribe Santiago, ha sido habitual en la historia humana (Sant. 3:7,8). “Su boca está llena de maldición y de amargura” (Rom. 3:14).
 
Abrir la boca. Es necesario decir lo que se debe decir, y decirlo en el momento apropiado y de la manera apropiada. El apóstol Pablo quería usar bien su boca en la proclamación del evangelio: “a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio” (Ef. 6:19). Si uno se propone predicar, debe hablar con franqueza el consejo de Dios (cf. 2 Tim. 4:2; Hech. 20:27). Cuando Felipe predicó el evangelio al eunuco, el texto dice: “Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús” (Hech. 8:35). Debemos abrir la boca para ofrecer a Dios “sacrificio de alabanza” (Heb. 13:15). 
 
Tapar la boca. Así como es necesario que se abran bocas, también es necesario que se cierren otras. Pablo escribió: “Porque hay aún muchos contumaces, habladores de vanidades y engañadores, mayormente los de la circuncisión, a los cuales es preciso tapar la boca” (Tito 1:10,11). Esta es una razón poderosa por la cual los ancianos deben ser conocedores de la palabra de Dios (Tito 1:9).
 

Debemos revisarnos la boca. ¿La estamos usando bien?