Por Josué I. Hernández
Indicando a quienes habitarán el infierno, el apóstol Pablo escribe: “los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder” (2 Tes. 1:9).
Todos recibimos muchas bendiciones de Dios, porque “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Sant. 1:17). Pero, el infierno es la exclusión eterna de la presencia y la gloria del poder de Dios. Es decir, todo lo bueno, agradable, placentero, y útil, les será arrebatado por completo. Entonces, si no queremos pasar nuestra existencia eterna desprovisto de las bendiciones que proceden del Señor, ¿por qué querríamos ir al infierno?
Conclusión
