No quiero ir al infierno



Por Josué I. Hernández

 
El castigo de los malvados en el infierno será tan terrible que Jesucristo dijo: “Si tu mano te fuere ocasión de caer, córtala; mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado, donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga” (Mar. 9:43,44).
 
La inmensa mayoría no cree en la existencia del infierno. Esta es la razón por la cual no están preocupados por solucionar sus problemas con Dios, y el arrepentimiento les resulta repulsivo. Esta es la razón por la cual ridiculizan la idea de un castigo eterno y bromean con la existencia del infierno. Esta es la razón por la cual usan el infierno en sus palabrotas y maldiciones, cuando hablan de ir a tal lugar, o dicen a otros que se vayan a ese lugar.
 
Jesucristo fue claro respecto a la existencia del infierno, y su palabra nos ha dado razones para no querer ir a ese lugar. Es más, no queremos que nadie vaya a ese lugar.
 
En el infierno estarán las peores personas. “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” (Apoc. 21:8). No querríamos estar encerrados en una habitación por todo un día con los inmorales, insolentes, irrespetuosos y violentos, sin embargo, el infierno será infinitamente peor que eso. El infierno es la experiencia continua de castigo con todos los impíos, incluidos el diablo y sus ángeles (Mat. 25:41). Si no queremos pasar la eternidad en semejante compañía y condiciones, ¿por qué querríamos ir al infierno?
 
El infierno será una experiencia de agonía. “Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mat. 13:41,42). Algunos bromean afirmando que en el infierno hará calor, que en el infierno estarán sus amigos, o que tendrán suficiente tiempo para divertirse. Sin embargo, Jesucristo lo describió como “las tinieblas de afuera” (Mat. 25:30). Si no queremos experimentar el sufrimiento descrito por Jesucristo, ¿por qué querríamos ir al infierno?  
 
El infierno será un castigo de duración eterna. “E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna” (Mat. 25:46). El infierno es descrito por el Señor Jesucristo como “fuego que no puede ser apagado” (Mar. 9:43). Una cosa pasar por una experiencia de miseria y tormento, y salir de ella. Otra cosa es experimentar la miseria y tormento eternos. Cuando uno se sienta en la silla del dentista, siempre tiene la esperanza de que el dolor y molestias pasarán, y que tolerando con paciencia saldremos de la clínica dental. No obstante, el tormento del infierno es peor que cualquier cosa que pueda experimentar una persona en la tierra, y dura la eternidad, es decir, sin descanso ni momentos de alivio (cf. Apoc. 14:11). Si no queremos experimentar el castigo eterno, ¿por qué querríamos ir al infierno?
 
Indicando a quienes habitarán el infierno, el apóstol Pablo escribe: “los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder” (2 Tes. 1:9).
 
Todos recibimos muchas bendiciones de Dios, porque “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Sant. 1:17). Pero, el infierno es la exclusión eterna de la presencia y la gloria del poder de Dios. Es decir, todo lo bueno, agradable, placentero, y útil, les será arrebatado por completo. Entonces, si no queremos pasar nuestra existencia eterna desprovisto de las bendiciones que proceden del Señor, ¿por qué querríamos ir al infierno?
 
Conclusión
 
Jesucristo dijo: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella” (Mat. 7:13).  
 
Jesucristo también dijo que no se trata de decir: “Señor, Señor”, sino obedecer a Dios (Mat. 7:21-27).
 
En el infierno habrá gente que casi llegó al cielo. Eran activos, sinceros, y con buenas intenciones (Mat. 7:22). Pero, se equivocaban en una cosa esencial, no hacían la voluntad del Padre que está en los cielos, porque eran hacedores de maldad (Mat. 7:21,23).
 
¿Puede imaginar el horror de aquellos que sean echados al infierno a pesar de ser tan sinceros? Si no queremos ir al infierno, debemos asegurarnos de estar obedeciendo la palabra de Cristo, él es autor de salvación eterna “para todos los que le obedecen” (cf. Mat. 7:24-27; Heb. 5:9).