“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad
las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la
mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Col. 3:1,2).
Es menester de cada cristiano el permanecer
centrado en los asuntos celestiales, buscando las cosas de Dios en la espera
del Señor Jesucristo (cf. Fil. 3:20,21). Sin embargo, ¿cómo podríamos estar
buscando las cosas de arriba si somos de los que llegan tarde a las reuniones
de la iglesia? No nos referimos a quienes han llegado tarde alguna vez, sino a
los impuntuales, a los que suelen llegar tarde. Piénselo detenidamente. ¿Qué sucede al estudiante
que suele llegar tarde a clases? La escuela toma medidas disciplinarias para
castigar la impuntualidad, ¿me equivoco? ¿Qué sucede al que llega tarde a la
cita médica, al cine, o al partido de futbol en el que participaría? ¿No pierde
su turno o participación? ¿Qué sucede al empleado que suele retrasarse y llega
tarde? ¿Qué opina usted del médico que llega tarde? ¿Qué opina del restaurante
que se atrasa en atenderlo? ¡Cuán fácilmente nos indignamos con los
retrasos que nos afectan, sin incomodarnos con nuestras tardanzas y atrasos que
afectan a los demás! La impuntualidad es la consecuencia del egoísmo. Es
egoísta esperar que los demás se adapten a nuestra tardanza, como si nuestro
tiempo fuese más valioso que el tiempo de ellos. No hay consideración en la impuntualidad. No
transmitimos algún mensaje espiritual con semejante conducta. No alentamos, ni
edificamos, con tal proceder. ¿Le importará a Dios nuestra impuntualidad en
la adoración? ¿Qué dice Mateo 6:33? El Señor Jesucristo dijo que debemos amar a
Dios con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerzas (Mar. 12:30). ¿Se
demuestra semejante amor en la impuntualidad? Pablo escribió, “aprovechando bien el
tiempo, porque los días son malos” (Ef. 5:16). Aprovechar, o redimir (gr. “exagorazo”),
significa “comprar la oportunidad” (Vine). El apóstol Pablo no dice que recuperemos
el tiempo, porque una vez que el tiempo se usa, no hay manera de recuperarlo.
Sin embargo, aquí aprendemos que debemos pagar el precio necesario con esfuerzo
y sacrificio para usar adecuadamente el tiempo, y las oportunidades. “Se trata
de aprovechar al máximo cada oportunidad, procurando volver cada una de ellas
para el máximo provecho, ya que ninguna puede volverse a aprovechar si se deja
pasar” (Vine). “hacer un uso sabio y sagrado de cada oportunidad para hacer el
bien, por lo que el celo y el bien hacer, son por así decirlo, el dinero de la
compra por el cual hacemos el tiempo nuestro” (Thayer). Cuando estamos redimiendo el tiempo, llegaremos
puntualmente al lugar de adoración. ¿Hay algún mejor uso del tiempo? ¿Habrá
alguna mejor oportunidad? Siendo padre de cuatro hijas, entiendo que no
es fácil tener todo listo para llegar a tiempo al edificio donde la iglesia se reúne.
Se necesitan previsión, dedicación, y perseverancia; y lo podemos lograr si nos
disponemos. Algunos consejos útiles podrían ser los siguientes: Tenga un plan. Propóngase llegar unos 15 minutos antes del
comienzo del servicio de adoración. Para ello considere la temporada del año, los
días festivos, el recorrido del autobús o las mejores rutas para ir en carro,
etc. Esté atento a los cambios que podrían ocurrir en la ciudad y que suelen
desviar el tránsito vehicular. Fíjese una meta. Estipule la mejor hora para salir de casa.
Esfuércese para salir de casa a esa hora, incluso si alguno no ha logrado
peinarse bien, o no ha podido atarse bien los zapatos, etc. Mantener este
estándar acostumbrará a la familia y todos se adaptarán. Sea amoroso, sea
firme, pero salga a tiempo de casa. Organícese. Deje todo lo necesario listo, y en su lugar, y
con antelación. Será más fácil si uno sabe donde están las Biblias e himnarios,
y tenerlos accesibles a la hora de partir. El horario de comida, y la clase de
comida, requieren atención especial. Prepare la ropa con antelación; en lo
posible, el día anterior, para que cada cual tenga su atuendo listo.
Organícense en el uso del baño, sobre todo si es una familia grande, y ayuden a
la mamá con las muchas tareas que le tocan antes de que la familia salga de
casa. Nuestra puntualidad es una bendición para toda
la iglesia, para todos los visitantes, y para toda nuestra familia. Sobre todas
las cosas, ser puntual es grato a los ojos de Dios (cf. 1 Cor. 14:40; Col. 1:10;
2:5).