La puntualidad



Por Josué I. Hernández
 

“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Col. 3:1,2).

 
Es menester de cada cristiano el permanecer centrado en los asuntos celestiales, buscando las cosas de Dios en la espera del Señor Jesucristo (cf. Fil. 3:20,21). Sin embargo, ¿cómo podríamos estar buscando las cosas de arriba si somos de los que llegan tarde a las reuniones de la iglesia? No nos referimos a quienes han llegado tarde alguna vez, sino a los impuntuales, a los que suelen llegar tarde.
 
Piénselo detenidamente. ¿Qué sucede al estudiante que suele llegar tarde a clases? La escuela toma medidas disciplinarias para castigar la impuntualidad, ¿me equivoco? ¿Qué sucede al que llega tarde a la cita médica, al cine, o al partido de futbol en el que participaría? ¿No pierde su turno o participación? ¿Qué sucede al empleado que suele retrasarse y llega tarde? ¿Qué opina usted del médico que llega tarde? ¿Qué opina del restaurante que se atrasa en atenderlo?  
 
¡Cuán fácilmente nos indignamos con los retrasos que nos afectan, sin incomodarnos con nuestras tardanzas y atrasos que afectan a los demás! La impuntualidad es la consecuencia del egoísmo. Es egoísta esperar que los demás se adapten a nuestra tardanza, como si nuestro tiempo fuese más valioso que el tiempo de ellos.
 
No hay consideración en la impuntualidad. No transmitimos algún mensaje espiritual con semejante conducta. No alentamos, ni edificamos, con tal proceder.
 
¿Le importará a Dios nuestra impuntualidad en la adoración? ¿Qué dice Mateo 6:33? El Señor Jesucristo dijo que debemos amar a Dios con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerzas (Mar. 12:30). ¿Se demuestra semejante amor en la impuntualidad?
 
Pablo escribió, “aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Ef. 5:16). Aprovechar, o redimir (gr. “exagorazo”), significa “comprar la oportunidad” (Vine). El apóstol Pablo no dice que recuperemos el tiempo, porque una vez que el tiempo se usa, no hay manera de recuperarlo. Sin embargo, aquí aprendemos que debemos pagar el precio necesario con esfuerzo y sacrificio para usar adecuadamente el tiempo, y las oportunidades. “Se trata de aprovechar al máximo cada oportunidad, procurando volver cada una de ellas para el máximo provecho, ya que ninguna puede volverse a aprovechar si se deja pasar” (Vine). “hacer un uso sabio y sagrado de cada oportunidad para hacer el bien, por lo que el celo y el bien hacer, son por así decirlo, el dinero de la compra por el cual hacemos el tiempo nuestro” (Thayer).
 
Cuando estamos redimiendo el tiempo, llegaremos puntualmente al lugar de adoración. ¿Hay algún mejor uso del tiempo? ¿Habrá alguna mejor oportunidad?
 
Siendo padre de cuatro hijas, entiendo que no es fácil tener todo listo para llegar a tiempo al edificio donde la iglesia se reúne. Se necesitan previsión, dedicación, y perseverancia; y lo podemos lograr si nos disponemos. Algunos consejos útiles podrían ser los siguientes:
 
Tenga un plan. Propóngase llegar unos 15 minutos antes del comienzo del servicio de adoración. Para ello considere la temporada del año, los días festivos, el recorrido del autobús o las mejores rutas para ir en carro, etc. Esté atento a los cambios que podrían ocurrir en la ciudad y que suelen desviar el tránsito vehicular.
 
Fíjese una meta. Estipule la mejor hora para salir de casa. Esfuércese para salir de casa a esa hora, incluso si alguno no ha logrado peinarse bien, o no ha podido atarse bien los zapatos, etc. Mantener este estándar acostumbrará a la familia y todos se adaptarán. Sea amoroso, sea firme, pero salga a tiempo de casa.
 
Organícese. Deje todo lo necesario listo, y en su lugar, y con antelación. Será más fácil si uno sabe donde están las Biblias e himnarios, y tenerlos accesibles a la hora de partir. El horario de comida, y la clase de comida, requieren atención especial. Prepare la ropa con antelación; en lo posible, el día anterior, para que cada cual tenga su atuendo listo. Organícense en el uso del baño, sobre todo si es una familia grande, y ayuden a la mamá con las muchas tareas que le tocan antes de que la familia salga de casa.
 
Nuestra puntualidad es una bendición para toda la iglesia, para todos los visitantes, y para toda nuestra familia. Sobre todas las cosas, ser puntual es grato a los ojos de Dios (cf. 1 Cor. 14:40; Col. 1:10; 2:5).