¿Qué se requiere para alcanzar la vida eterna?


 
Por Josué I. Hernández

 
¿Qué se requiere para ir a la vida eterna con Dios? No son pocos los que afirman que “solamente se requiere fe personal en Jesucristo”. Sin embargo, ¿qué dicen las sagradas Escrituras al respecto?
 
Se requiere un don: “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Rom. 6:23). La vida eterna sería imposible sin que Dios entregara a su Hijo por nosotros (cf. Rom. 4:25; 8:32). Si no fuera por el don de Dios no habría posibilidad de vida eterna con él (cf. Jn. 3:16).
 
Se requiere fe obediente: “y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen” (Heb. 5:9). El verbo “creer” usado en pasajes tales como Juan 3:16 indica todo lo que uno hace, desde oír y entender hasta obedecer lo requerido (cf. Mat. 7:21-27). Por lo tanto, si alguno cree en Dios, pero no le obedece, no podrá ser salvo (cf. 2 Tes. 1:8,9).
 
Se requiere estar en Cristo: “Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo” (1 Jn. 5:11). Cuando alguno obedece al evangelio tiene vida eterna, tanto en esperanza (Tito 1:2) como en promesa (1 Jn. 2:25). No obstante, los que están fuera de Cristo no tienen ni la esperanza ni la promesa de la vida eterna. Entonces, ¿cómo entramos en Cristo? La Biblia dice cómo sucede esto, “porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos” (Gal. 3:27). Dado que la vida eterna está en Cristo, y la única manera de entrar en Cristo es siendo bautizados en él, entendemos que el bautismo bíblico es necesario para tener vida eterna.  
 
Se requiere trabajar: “Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre” (Jn. 6:27). Dios premiará a los que se han ocupado de su salvación (Fil. 2:12) esforzándose a entrar por la puerta estrecha y perseverando por el camino angosto (cf. Luc. 13:24; Mat. 7:13,14).
 
Se requiere pelear: “Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna… atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna” (1 Tim. 6:12,19). El cristiano tiene que luchar legítimamente (Ef. 6:11,12), y asirse de la vida eterna (cf. 2 Tim. 4:7,8; 1 Cor. 9:25).
 
Se requiere dejarlo todo:
“Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna” (Mar. 10:29,30). Los bienes materiales, y las relaciones familiares, no pueden tener la prioridad frente a Cristo y su evangelio; tienen que ser sacrificados en el servicio a Dios “con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas” (Mar. 12:30).