¿Qué se requiere para ir a la vida eterna con
Dios? No son pocos los que afirman que “solamente se requiere fe personal en
Jesucristo”. Sin embargo, ¿qué dicen las sagradas Escrituras al respecto? Se requiere un don:“Porque la paga del pecado es muerte, mas
la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Rom. 6:23).
La vida eterna sería imposible sin que Dios entregara a su Hijo por nosotros (cf.
Rom. 4:25; 8:32). Si no fuera por el don de Dios no habría posibilidad de vida
eterna con él (cf. Jn. 3:16). Se requiere fe obediente:“y habiendo sido perfeccionado,
vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen” (Heb.
5:9). El verbo “creer” usado en pasajes tales como Juan 3:16 indica todo lo que
uno hace, desde oír y entender hasta obedecer lo requerido (cf. Mat. 7:21-27).
Por lo tanto, si alguno cree en Dios, pero no le obedece, no podrá ser salvo
(cf. 2 Tes. 1:8,9). Se requiere estar en Cristo:“Y este es el testimonio: que
Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo” (1 Jn. 5:11).
Cuando alguno obedece al evangelio tiene vida eterna, tanto en esperanza (Tito
1:2) como en promesa (1 Jn. 2:25). No obstante, los que están fuera de Cristo
no tienen ni la esperanza ni la promesa de la vida eterna. Entonces, ¿cómo
entramos en Cristo? La Biblia dice cómo sucede esto, “porque todos los que
habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos” (Gal. 3:27).
Dado que la vida eterna está en Cristo, y la única manera de entrar en Cristo
es siendo bautizados en él, entendemos que el bautismo bíblico es necesario
para tener vida eterna. Se requiere trabajar:“Trabajad, no por la comida que
perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del
Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre” (Jn. 6:27). Dios
premiará a los que se han ocupado de su salvación (Fil. 2:12) esforzándose a
entrar por la puerta estrecha y perseverando por el camino angosto (cf. Luc.
13:24; Mat. 7:13,14). Se requiere pelear:“Pelea la buena batalla de la fe, echa mano
de la vida eterna… atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que
echen mano de la vida eterna” (1 Tim. 6:12,19). El cristiano tiene que luchar
legítimamente (Ef. 6:11,12), y asirse de la vida eterna (cf. 2 Tim. 4:7,8; 1
Cor. 9:25). Se requiere dejarlo todo:“Respondió Jesús y dijo: De
cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas,
o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio,
que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas,
madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida
eterna” (Mar. 10:29,30). Los bienes materiales, y las relaciones familiares,
no pueden tener la prioridad frente a Cristo y su evangelio; tienen que ser
sacrificados en el servicio a Dios “con todo tu corazón, y con toda tu alma,
y con toda tu mente y con todas tus fuerzas” (Mar. 12:30).