La solución a este problema está en sujetarnos
a la autoridad del Señor Jesucristo (Mat. 28:18; Ef. 1:22; 1 Ped. 3:22). Su
palabra nos juzgará (Jn. 12:48). La obediencia a él garantiza la salvación
eterna (Heb, 5:9). Por lo tanto, debemos tener un “así dice el Señor” para todo
lo que digamos y hagamos (cf. Mat. 7:21-23; Col. 3:17). Necesitamos un “escrito
está” que autorice nuestras actividades. Debemos hablar conforme a las palabras
de Dios, sin ir más allá de lo que está escrito (cf. 1 Ped. 4:11; 1 Cor. 4:6).
En fin, la palabra de Cristo es esencial (Col. 3:16), y en consideración de todo
esto, ¿aprueba el Señor Jesucristo que los cristianos que adoran consuman
alimentos cuando la iglesia se reúne? El Señor Jesucristo dijo que “los verdaderos
adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad” (Jn. 4:23). Por lo
tanto, necesitamos desarrollar el mejor entendimiento posible sobre la
naturaleza de la adoración prescrita por Jesucristo, es decir, ¿Qué es la
adoración? ¿Cómo deben adorar los cristianos? La adoración aceptable no proviene de la
ignorancia (cf. Jn. 4:22; Hech. 17:23), ni de nuestras preferencias, es decir, del
“culto voluntario” (Col. 2:23). Hay adoración vana que debemos evitar (Mat.
15:9). ¿Quién es el centro de la adoración, Dios o el
hombre? Adorar no es algo para nosotros, es un homenaje para Dios, porque él es
digno. Adorar no es algo que recibimos, sino algo que tributamos a Dios. Pero,
comer y beber para satisfacer el apetito no es adorar (cf. 1 Cor. 11:22,34). Si
alguno tiene tanta hambre, ¿por qué no come en su casa? ¿No puede controlar su
apetito? ¿No quiere agradar al Señor? La reunión de la iglesia no es un espectáculo
que apreciar con palomitas y gaseosa, sándwich y café (cf. Hech. 20:7,8). Todos
los reunidos deben participar de la adoración, “unánimes” (Hech. 2:46), “cada
uno… para edificación” (1 Cor. 14:26), reunidos “para lo mejor” (1 Cor.
11:17), para que “la iglesia reciba edificación” y “todos aprendan, y
todos sean exhortados” (1 Cor. 14:5,31) porque “Dios está entre vosotros”
(1 Cor. 14:25). Cada cosa tiene su lugar. Cuando la iglesia se
reúne no lo hace para satisfacer los apetitos que tenga el cuerpo. La iglesia
no se congrega para comer y beber, ni para dormir. Por lo tanto, los que se
reúnen para adorar a Dios no llevan alimentos para consumir durante la reunión
de la iglesia, no llevan un balón para jugar futbol, ni llevan una almohada
para tomar una siesta. En el Nuevo Testamento nunca se usa la palabra “iglesia”
para designar una reunión social de comida y recreación. Sí, celebramos los cumpleaños, comemos tacos,
pizza, tomamos café, etc., pero tales actividades no son culto a Dios, y no
deben estar presentes cuando la iglesia se reúne para adorar y edificarse. La
comida social tiene su espacio, “las casas” (Hech. 2:46, 1 Cor. 11:22,34). Aunque el lugar donde la iglesia se reúne no es
“templo”, la actividad que se realiza es sagrada, lo cual puede ser discernido por
un “incrédulo o indocto” (1 Cor. 14:23-25). La iglesia es el “templo de Dios” (1 Cor. 3:16), y cuando se reúne no lo hace para satisfacer apetitos
físicos como dormir o comer. Hemos señalado con vehemencia el error de los
hermanos que comen en sus edificios, y usan para sus actividades sociales los
recursos de la iglesia. Pero, es igual de grave que coman unos pocos o que
coman todos, cuando la iglesia se ha reunido. Si algunos están comiendo,
siempre hay indecencia y desorden. Pero, Dios no es glorificado ni en la
indecencia ni en el desorden (1 Cor. 14:40).