¿Job tuvo una nueva esposa?



Por Josué I. Hernández

 
El libro Job finaliza declarando cómo el Señor bendijo los últimos días del patriarca, no solo con riqueza material, sino también con diez nuevos hijos (cf. Job 42:10-17). Algunos suponen que Job tuvo una nueva esposa, porque había repudiado a la primera (cf. Job 2:9,10).
 
Hay cosas que no sabemos
 
La Biblia es una revelación completa y suficiente de la mente de Dios al hombre, centrándose en la redención de la humanidad emprendida por Jesucristo (2 Tim. 3:16,17). Sin embargo, el Señor no nos ha revelado todo lo que quisiéramos saber, sino lo que necesitamos saber. “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos…” (Deut. 29:29). Debemos ajustar nuestra mente a lo que está escrito (1 Cor. 4:6) y hablar conforme a ello (1 Ped. 4:11).
 
No sabemos exactamente cuándo vivió Job, ni cuánto tiempo duraron sus aflicciones. Uno puede entender que Job vivió después del diluvio y antes de Moisés, en la época patriarcal, en la misma época en que vivió Abraham. Pero, la Biblia no indica mayores detalles.
 
Job vivió lo suficiente como para casarse y convertirse en el más destacado varón entre todos los orientales (Job 1:3), llegando a tener diez hijos (Job 1:2), y llegando sus hijos a completar una edad suficiente para tener sus propios hogares (Job 1:4,13). Después de su trágica pérdida, Job vivió lo suficiente para engendrar diez hijos más y acumular mayores riquezas (Job 42:10-13). La Biblia dice que Job vivió 140 años más, logrando ver a sus hijos y nietos hasta la cuarta generación (Job 42:16,17). Entendiendo que en la época patriarcal los hombres fácilmente vivían varios siglos, no sería extraño que Job viviera unos doscientos años o más. Sin embargo, la Biblia guarda silencio sobre cuántos años vivió Job.
 
Hay cosas que no podemos inferir
 
Comúnmente, las conclusiones o deducciones que muchos extraen de las sagradas Escrituras son totalmente inadecuadas, son inferencias innecesarias.
 
Las inferencias, o deducciones, pueden ser necesarias o innecesarias. Las inferencias necesarias se justifican sobre la base de la información bíblica disponible. En cambio, las inferencias innecesarias dependen de alguna suposición previa, sin fundamentarse en la información bíblica misma. Las inferencias innecesarias, por lo tanto, son suposiciones fundamentadas sobre otras suposiciones.  
 
La Biblia no proporciona alguna información para inferir necesariamente que Job repudió a su esposa para casarse con otra. Sabemos que su esposa fue todo menos una ayuda idónea para él cuando le sobrevinieron las tribulaciones (Job 2:9). Sabemos que Job la reprendió por su insensatez, y que en esto Job no pecó (Job 2:10). No obstante, la Biblia no implica algún divorcio.
 
Algunos comentaristas creen que Job necesariamente se habría casado nuevamente porque su esposa ya le había dado diez hijos (Job 1:2) y no habría tenido la fuerza y la vitalidad para tener otros diez (Job 42:13). Sin embargo, esto no es una inferencia necesaria. Es solamente una especulación.
 
Se ha argumentado que la esposa de Job había apostatado de la fe (Job 2:9), y que Job la habría despedido (cf. Job 2:10) buscando luego una esposa joven con la cual tuvo diez hijos más. Nuevamente, todo esto es solamente especulación.
 
La Biblia no afirma, ni implica, que Job repudiara a su primera esposa. En cambio, el registro sagrado nos informa que Dios trajo bendiciones especiales a Job. En base a esto, ¿no podría Dios haber bendecido a la esposa de Job con fuerza y vitalidad para concebir otros diez hijos? Aunque no estoy afirmando que Dios hizo precisamente esto, creo que no sabemos lo suficiente para inferir o concluir que otra mujer entró en la vida de Job. Sencillamente, no hay evidencia bíblica para asumir esto último.
 
Quedándome con los datos bíblicos disponibles, creo que la esposa de Job, su única esposa mencionada, fue la madre de todos sus hijos. Por supuesto, ella era mayor, pero eso no sería un obstáculo cuando Dios tenía la intención de bendecir a Job. A falta de evidencia bíblica, suponer lo contrario sería sacar una inferencia innecesaria.