Olvidar y recordar



Por Josué I. Hernández

 
Un conductor que viajaba por un sendero riesgoso de la montaña fue advertido claramente: “El camino es peligroso en esta temporada, y hay una curva muy cerrada más adelante, debes reducir la velocidad”. Minutos después, se olvidó completamente de la advertencia, y cuando llegó a la curva, no redujo la velocidad a tiempo, e intentó frenar, pero no lo logró. No le faltó la información, olvidó la información.
 
Muchas tragedias ocurren no por ignorancia, sino por olvido. El olvido puede ser silencioso, y sus consecuencias irreversibles. La Biblia enfatiza la importancia de recordar lo esencial y la tragedia de olvidarlo.
 
El peligro del olvido
 
Olvidar es dejar de retener en la mente, dejar de tomar en cuenta. Por ejemplo, “Y el jefe de los coperos no se acordó de José, sino que le olvidó” (Gen. 40:23).
 
Olvidar también conlleva el descuido o el rechazo de cierta información por alguna distracción. Por ejemplo, la prosperidad: “Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy; no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites, y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios…” (Deut. 8:11-14).
 
El tiempo suele facilitar el olvido (cf. Gen. 27:45), como también las circunstancias difíciles (cf. Heb. 12:5).
 
Israel debía recordar el pacto que Dios había hecho con ellos (Deut. 4:23,24), y la gran bondad de Dios que los sacó de la servidumbre (Deut. 6:12), y la palabra de Dios que les fue confiada (cf. Sal. 119:16; Hech. 7:53). Sin embargo, solían olvidar estas cosas esenciales (cf. Sal. 9:17; 50:22,23).
 
La Biblia contiene muchas exhortaciones que nos motivan a enfocar la mente para no olvidar lo esencial. Por ejemplo: “Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios” (Sal. 103:2). “Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud” (Ecles. 12:1).
 
Pablo instruyó a los efesios para “recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir” (Hech. 20:35). También escribió a Timoteo, “Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos conforme a mi evangelio” (2 Tim. 2:8).
 
Pedro escribió “para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles” (2 Ped. 3:1). Judas escribió: “tened memoria de las palabras que antes fueron dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo” (Jud. 17).
 
El olvido fue un peligro constante para el antiguo Israel, y es un peligro constante para nosotros. Dios no olvida a los pajarillos (Luc. 12:6), mucho menos nuestros esfuerzos por serle fieles (Heb. 6:10), pero nosotros podríamos olvidarnos de él si descuidamos nuestra atención (cf. Fil. 4:8).

Conclusión
 
No olvidemos orar constantemente. No olvidemos estudiar la Biblia diariamente. No olvidemos corregirnos. No olvidemos hacer el bien a todos y mayormente a la familia de la fe. No olvidemos adorar. No olvidemos a Jesucristo, “Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos conforme a mi evangelio”
(2 Tim. 1:8).