Un conductor que viajaba por un
sendero riesgoso de la montaña fue advertido claramente: “El camino es
peligroso en esta temporada, y hay una curva muy cerrada más adelante, debes reducir
la velocidad”. Minutos después, se olvidó completamente de la advertencia, y cuando
llegó a la curva, no redujo la velocidad a tiempo, e intentó frenar, pero no lo
logró. No le faltó la información, olvidó la información. Muchas tragedias ocurren no por
ignorancia, sino por olvido. El olvido puede ser silencioso, y sus
consecuencias irreversibles. La Biblia enfatiza la importancia de recordar lo
esencial y la tragedia de olvidarlo.
El peligro del olvido
Olvidar es dejar de retener en la mente, dejar
de tomar en cuenta. Por ejemplo, “Y el jefe de los coperos no
se acordó de José, sino que le olvidó” (Gen.
40:23). Olvidar también conlleva el descuido o el
rechazo de cierta información por alguna distracción. Por ejemplo, la
prosperidad: “Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para
cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy; no
suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites, y tus
vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo
lo que tuvieres se aumente; y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de
Jehová tu Dios…” (Deut. 8:11-14). El tiempo suele facilitar el olvido (cf. Gen.
27:45), como también las circunstancias difíciles (cf. Heb. 12:5). Israel debía recordar el pacto que Dios había
hecho con ellos (Deut. 4:23,24), y la gran bondad de Dios que los sacó de la
servidumbre (Deut. 6:12), y la palabra de Dios que les fue confiada (cf. Sal.
119:16; Hech. 7:53). Sin embargo, solían olvidar estas cosas esenciales (cf.
Sal. 9:17; 50:22,23). La Biblia contiene muchas exhortaciones que nos
motivan a enfocar la mente para no olvidar lo esencial. Por ejemplo: “Bendice,
alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios” (Sal. 103:2). “Acuérdate
de tu Creador en los días de tu juventud” (Ecles. 12:1). Pablo instruyó a los efesios para “recordar
las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir”
(Hech. 20:35). También escribió a Timoteo, “Acuérdate de Jesucristo, del
linaje de David, resucitado de los muertos conforme a mi evangelio” (2 Tim.
2:8). Pedro escribió “para que tengáis memoria de
las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del
mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles” (2 Ped. 3:1).
Judas escribió: “tened memoria de las palabras que antes fueron dichas por
los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo” (Jud. 17). El olvido fue un peligro constante para el antiguo
Israel, y es un peligro constante para nosotros. Dios no olvida a los pajarillos (Luc. 12:6), mucho menos nuestros
esfuerzos por serle fieles (Heb. 6:10), pero nosotros podríamos olvidarnos de
él si descuidamos nuestra atención (cf. Fil. 4:8).
Conclusión
No olvidemos orar constantemente. No olvidemos
estudiar la Biblia diariamente. No olvidemos corregirnos. No olvidemos hacer el
bien a todos y mayormente a la familia de la fe. No olvidemos adorar. No
olvidemos a Jesucristo, “Acuérdate de Jesucristo, del linaje
de David, resucitado de los muertos conforme a mi evangelio” (2 Tim. 1:8).