Por Josué I. Hernández
La Biblia dice: “Las casadas estén sujetas a
sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así
como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.
Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén
a sus maridos en todo” (Ef. 5:22-24).
No hay mayor expresión de amor que el amor de
Cristo por su iglesia. Su muerte sacrificial en la cruz es el modelo de cómo
los esposos deben amar a sus mujeres, “así como Cristo amó a la iglesia, y
se entregó a sí mismo por ella” (Ef. 5:25). Al mismo tiempo, la devoción y
sumisión amorosa de la iglesia al Señor es el modelo de la esposa sometiéndose
al liderazgo de su marido “Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo,
así también las casadas lo estén a sus maridos en todo” (Ef. 5:24).
El rol de la iglesia no es guiar a Cristo, sino
seguirlo. Se requiere orden en el matrimonio, y el orden presupone un buen
liderazgo. Dios le ha dado ese rol al esposo. Por lo tanto, las esposas deben
someterse al liderazgo de sus maridos, tal como la iglesia lo hace con Cristo.
Los matrimonios prosperan cuando los esposos
son líderes-siervos, como Cristo. Así también, los matrimonios florecen cuando
las esposas son ayudantes devotas que respetan a sus maridos sometiéndose a su
liderazgo, “Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a
sí mismo; y la mujer respete a su marido” (Ef. 5:33).
“Pues este es el amor a Dios, que
guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos” (1 Jn. 5:3).
